Lana estaba de nuevo allí, sentada en el cementerio, como siempre lo hacía. Leía un poco o solo pasaba el rato. No es que prefiriera estar allí, en lugar que con sus amigas. Se sentía bien allí. Tampoco tan a gusto porque estar entre los muertos no es de lo más agradable para las personas vivas, pero sentía una cierta calma que solo ese lugar le proporcionaba. ¡Ah! Respiraba y suspiraba con el ambiente que se sentía. Cerraba los ojos y hasta imaginaba una vida nueva. Era lo que hacía ahí. Reflexionar, pensar y hasta dormir un poco.
Escuchó algo. Tuve que salirse de entre sus ensoñaciones. Se incorporó un poco sobre sí misma y giró su cabeza sobre sus hombros. No vio nada. Mmm. Se recostó de nuevo. En un segundo estaba sola y al siguiente había alguien a unos cuantos metros de ella. Se levantó en seguida. Estaba segura de que no había nadie hace un segundo. Tomó su mochila y se la llevó al hombro. Se sujetó de ella como si su vida dependiera de eso. Hace mucho tiempo que no se asustaba en el cementerio.
-Hola- dijo un poco tímida y casi en tono de pregunta.
-Mmm- fue lo que logró escuchar. Parecía una voz masculina.
-Ehh, hola- volvió a repetir, alzando la voz. Dio un paso para acercarse.
-Oh, perdón Lana, no quería asustarte- un joven alto y apuesto salió de entre las sombras.
-¿Cómo sabes mi nombre?- fue lo único que pudo pronunciar ella.
-Yo, ehh, vi uno de tus cuadernos- se podía ver su rostro completo. No está nada mal, pensó. Vio sus ojos verdes.
-Está bien- trató de sonreír.
-Soy Zac- sonrió mostrando sus perfectos dientes- ¿quieres dar un paseo?- ¿Cómo decirle que no? Era la persona más encantadora que había conocido hasta ahora. O eso era lo que aparentaba.
-Claro- respondió.
De inmediato, Zac se le acercó y ofreció su brazo de gancho. ¡Qué caballero! Pensó Lana, eso ya no se veía. Se juntó con él y empezaron a caminar.
-Y tú, ¿qué estabas haciendo por aquí?- preguntó Lana después de unos minutos.
-Estaba visitando a alguien- la vio rápidamente.
-¿Puedo saber a quién?- la curiosidad la consumía.
-A mis padres- la miró fijamente- ellos... murieron hace mucho.
-Yo, lo lamento mucho- sus ojos mostraron tristeza.
-No te preocupes. Ya me acostumbré, fue hace tanto que parecen 100 años- Zac giró de nuevo la vista al frente. Eso solo confundió más a Lana, pero no le dio importancia, siguió caminando a su lado. - ¿Qué hay de ti?- preguntó.
-No lo sé. Simplemente me gusta pasar el tiempo aquí. Es tranquilo y...
-Solo- dijeron los dos al tiempo. Sonrieron.
-Entiendo lo que dices, en realidad pasó mucho tiempo a zonas pensando en que hacer el resto de mis días.
-Ya veo- contestó ella dudosa.
Siguieron caminando por un largo rato, hablando de cosas varias. Es interesante, como nadie más, pensaba Lana. Le gustaba hablar con él. Era muy guapo, su sonrisa y ¡ay! sus ojos. Qué hermosos ojos tenía.
-Emm, yo, Lana- se detuvo en seco para verla a los ojos- tú eres preciosa. La chica más hermosa que he visto en mucho tiempo- Zac sonrió muestras recogía un mechón de su cabello detrás de la oreja de Lana. Se quedó callada, no pudo hacer más que sonrojarse. - Ahora yo me tengo que ir- dijo.
-Entiendo- agachó la cabeza- ¿cuál es tu apellido?- pidió antes de que se fuera. Él se acercó más y se abalanzó a sus labios.
-O'Brian, Zac O'Brian- rozó su boca y después besó la esquina de ella dulcemente. Se alejó y desapareció entre los árboles.
Finalmente, Lana soltó el suspiro que estaba guardando, sonrió y al girarse se tropezó con algo, una lápida. Leyó lo que decía:
Zac O'Brian
1899-1919
