Habían pasado unos cuántos meses cuando mafioso y tigre se unieron para derrotar al lider de la organización Panamericana "The Guild", quién quería atacar Yokohama. Ambos bandos de la ciudad volvieron a su rutina diaria, los cuáles decidieron hacer una tregua permanente entre sí. Sin embargo, no a todos les agradó ésa idea, y aún conservaban su más mutuo odio.
Era la mañana de un lunes de otoño, Kunikida parecía haberse levantado de mal humor ése día, ya que comenzó a gritarles a todos los presentes a penas entrar a la base. Ranpo pensó en darle una barra de chocolate para tranquilizarlo, pero cuando abrió su cajón dónde guardaba sus tantos dulces, estaba vacío.
—¡¿Mis dulces?!—. Gritó con desesperación.
—Te los comiste todos ayer, y sin compartir—. Dijo Yosano.
El detective se llevó una mano a su mentón recordando. —Claro—.
—Al parecer que alguien se levantó con el pié izquierdo, ¿Verdad, Kunikida-San?—. Y ahí está Dazai, como siempre molestando al rubio más de lo que ya está. Él lo miró fulminante. —¡Ay!—. Suspiró con sus manos por detrás de su cabeza. —Iré a tomar un poco de aire—.
—¡Dazai, Dazai!—. Ranpo lo detuvo antes de que abra la puerta para salir. —No te olvides de mis dulces—.
—Claro. ¡Atsushi-Kun!—. El mencionado casi se cae de la silla al escuchar su nombre. —¡Acompañame!—.
Atsushi dudó un poco en accerder a lo pedido, pero para evitar que realice algún tipo de intento suicida, lo siguió a la salida sin quejarse.
Ambos se dirigieron a la tienda más cercana, pero cuando se toparon con una, el castaño decidió seguir caminando a quién sabe dónde.
—Eh, ¿Dazai-San?—. Él volteó a ver a su compañero, quién se detuvo al frente del lugar. —Aquí hay una tienda—.
—Tengo ganas de dar un paseo—. Contestó. —Vamos, habrá alguna otra tienda más adelante—.
El albino rodó los ojos, y largando un suspiro dijo: —Espero que no estés planeando ninguna forma suicidarte, ¿Verdad?—.
—¡Me conoces bien, Atsushi-Kun!—.
El resto de su caminata fué silenciosa, a excepción de algún que otro tarareo por parte del mayor. De pronto, una corriente eléctrica recorrió la espina dorsal de Atsushi, dando un mal presentimiento; se detuvo frente un gran y oscuro callejón, en dónde a penas se veía el fondo.
—¡Vamos, se nos hará tarde!—. Anunció Dazai, pero al notar que le hizo caso en vano, se volteó sobre sus talones para mirarlo con confusión. —¿Sucede algo?—.
—Eh, n-na...—. El pobre joven no pudo terminar su contestación, ya que se escucharon lentos pasos resonar por el estrecho lugar. Sus amarillos ojos se abrieron de par en par cuando ésa persona, dueña de aquéllos ruidos, se dejó ver frente a él. —Akutagawa—.
—Chico trigre—. El poder del pelinegro, el Rashomon, apareció tras él para poder atacar de forma imprevista a su enemigo, quién actuó rápido esquivándolo.
—¡Holaaa, Ryunosuke-Kun!—. Saludó el castaño con su característica alegría. —Qué bueno encontrarte aquí—.
—No es momento, Dazai—.
—¿Tú también estás de mal humor?—.
El claxon de un camión aproximándose a toda velocidad, llamó la atención de los tres. Akutagawa usó el Rashomon para poder atrapar al albino quién se encontraba en el medio de la calle sin haberse dado cuenta justo antes de ser atropellado. Dazai fué espectador de aquéllo, y una sonrisa en sus labios se formó.
—Gracias. Pensé que me querías ver muerto, Akutagawa-San—. Agradeció Atsushi estando frente a frente del pelinegro, en una corta distancia que lo hizo sonrojar tanto a él como a su contrario.
—Tsk—. Chasqueó la lengua, cobriendo su propia boca con una mano, como habitualmente lo hacía. —Sólo por hoy te tendré piedad, ya que estoy de buen humor—. Dió media vuelta y comenzó a caminar. —No creas que será así siempre—.
Nakajima elevó las comisuras de sus labios formando una pequeña sonrisa al verlo alejarse, cosa que sí pudo notar su compañero de la agencia.
—¿Te pasa algo con él, Atsushi-Kun?—. Preguntó con picardía, y él sólo se tensó.
—¿Qué? ¡No, p-para nada!—. Movió sus manos nervioso, y largó un suspiro para tranquilizarse. —Se-será mejor ir por los dulces de Edogawa-San, ya se está haciendo algo tarde, ¿No crees?—.
La escena de hace unos minutos, se repetía una y otra vez en la cabeza del castaño. ¿Desde cuándo vió sonrojar a su ex-compañero de la Mafia? Y de cómo se miraban los dos era de una manera única, una manera que no se podía ver todos los días. [...]
—Ha estado muy raro estas últimas semanas—. Le comentó el pelirrojo, dando un sorbo de su copa de vino. —¡Ni se puede concentrar en su trabajo siquiera!—.
Osamu se quedó unos segundos pensativo, mirando la infinidad de la mesa como si de la cosa más interesante se tratara, hasta llegar a una conclusión. —¡Ya sé!—. Exclamó felíz con una gran y amplia sonrisa.
—¿Eh?—.
—¡Ya sé qué pasa entre ésos dos!—.
—Am... ¿A quiénes te refieres, Dazai?—. Chuuya se llevó una mano a su sombrero confundido.
—Ya no soy más Dazai, ¡Ahora seré el nuevo Cupido!—. El suicida observó como su contrario escupió la bebida y se echó a reír muy fuertemente a carcajadas.
Continuará...
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Nota de la autora: ¡Hola!^^ ésta es mi primera historia Yaoi basada en un anime, asique espero que esté bien(?
Sé que me quedé corta con éste "capítulo", pero es sólo una "Presentación" de como es la trama de la historia ;v
¡Espero les guste!^^
¡Chau! ;u;)/
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Cupidazai [AkuAtsu/Shin Soukoku]
FanfictionSabe que se aman, sabe que el odio con el que se miran es sólo para camuflar sus verdaderos sentimientos, sabe que el destino los hizo el uno para el otro. Osamu Dazai no era un experto en éso del "amor"; necesitaba más de cuatro manos para contar...
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