CAPÍTULO 1

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La señorita Smitch, una mujer alta con pelo muy corto rizado y moreno, y de piel negra, estaba terminando de dar su clase de historia, y en ese momento estaba explicando cómo orientarse en un lugar donde no ves si es de día o si es de noche, pero unos adolescentes de diecisiete y dieciocho años no estaban prestando atención.

             - Chicos, esta noche mi madre me ha dicho que podéis venir a mi casa a cenar para ver unas películas de miedo. – Susurró Dilan a sus amigos. Era un chico con pelo corto negro, tez blanca, ojos marrones claro y que no solía hablar mucho.

             - Yo creo que puedo, bueno, seguro, este viernes no tengo nada. – Le respondió su amigo Carlos, que era todo lo contrario a su amigo Dilan, ya que Carlos era de complexión baja, fuerte, moreno, con melena larga y del mismo color que sus ojos, castaña. Carlos, sin embargo, era mucho más extrovertido que Dilan.

             - Y tu Kira, ¿crees que podrás? – Le preguntó Dilan a Kira, una chica de abuelos ingleses, con pelo largo y sedoso de color amarillo oscuro, ojos marrones y de estatura normal, pero, sin embargo, era la más exagerada de sus amigos, ya que en cualquier situación era a Kira a la que siempre se la oía.

             - Pues no lo sé, al salir de clase se lo pregunto a mi madre. – Dijo Kira antes de que la señorita Smitch la interrumpiera.

             - ¡Kira, deje de hablar ahora mismo! A ver, ¿que acabo de preguntar? – Le preguntó con una cara muy seria.

Kira, como no tenía ni un pelo de tonta, le dijo que estaba resolviendo una pregunta a su compañero Dilan, que le había preguntado qué si te podías orientar gracias a la luz, y yo le he respondido que, si es del sol sí, pero que, si es artificial, el fuego incluido, no.

- Ya, pero usted no me ha respondido a la pregunta formulada. – Le repuso la señorita Smitch.

- No sé lo que me ha preguntado, perdóneme señorita Smitch. – Le dijo Kira.

- Muy bien, disculpas aceptadas, pero la agenda me la va a dar usted.

La señorita Smitch se quedó enfrente del pupitre de Kira con el brazo extendido esperando a recibir la agenda de Kira, y Kira no tuvo más opción que dársela.

Ya habían terminado las clases y, Dilan, Carlos y Kira estaban en la puerta de Castelló, la entrada principal del colegio, hablando.

- No se puede ser más mala persona, me hace darle la agenda y me dice que al final de la clase hablamos y, ¿sabéis lo que me ha dicho?, ¡me ha dicho que desea que me encuentre en una situación de riesgo para que no me pueda orientar y me acuerde de ella! Yo me habría puesto a la defensiva, pero me he acordado de ti, Carlos, y de tu forma de hacer que se desenfaden, por lo que le he empezado a decir lo que quería oír: que tienes razón, que me acordaré de ti, que eres una muy buena profesora... Y gracias a estas cosas que le he dicho, me ha perdonado la amonestación. – Dijo Kira, al principio con una expresión de enfado, pero que después se fue convirtiendo en una sonrisa de satisfacción.

- Tienes una suerte... – Añadió Dilan.

- Si no hubiese sido por mí, no te habrías controlado. – Dijo Carlos.

- Es broma. – Indicó Carlos al ver la cara de enfado de Kira.

- Bueno vámonos a comer, así podremos hablar de los planes para esta noche. – Señaló Dilan.

- A, por cierto, antes le he enviado un mensaje a mi madre preguntándole que si me deja ir a tu casa y, me acaba de responder que sí, que por supuesto. – Exclamó Kira.

SabotajeHikayelerin yaşadığı yer. Şimdi keşfedin