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-Tengo que reconocer que esto no se me da bien, Lizbeth- dije mirando a través de la ventana mientras me sentaba en el sofá. 

-Quizá con un trago sea más fácil.- dijo mientras servía dos vasos de aquel licor que tanto me gustaba- Espero que no te demores demasiado porque no tengo mucho tiempo. Cuéntame de qué se trata.

-He matado a una persona y no te voy a mentir, me siento orgulloso de ello.-dijo mientras me levantaba a por la bebida.

- Emerick...-susurró mientras se le cayó el vaso, quebrantándose en mil pedazos- Espero que estés bromeando.

-Liz, si te lo estoy diciendo así es porque no estoy bromeando.-dije acercándome a ella. La cogí del brazo y me quedé mirando a esos hermosos ojos verdes que siempre me gustaron.

-Y supongo que ahora me dirás a quién has matado, ¿no?

-No te lo vas a creer...

-¿Quieres decírmelo ya? Me estás empezando a preocupar.-dijo mientras se alejaba dándome la espalda.

- A tu padre.

Acto siguiente se dio la vuelta, con los ojos cristalizados, caminando hacia mí con decisión y me dio una bofetada que hizo que recordase que lo que hice fue por y para ella. Jamás me comprenderá. Y por supuesto, jamás sabrá por qué lo hice.

-No pretendo que me entiendas y ni mucho menos te voy a dar las explicaciones que quieres. Solo quiero que sepas que lo que he hecho, lo he hecho por ti y por tu bien. Para que estés a salvo. Y porque te quiero.

-¿Que me quieres? ¿Cómo te atreves a decirme eso? Si de verdad me quisieras tan solo un poco no habrías matado a mi propio padre.

Empezó a recoger todas sus cosas nerviosa y sin querer verme. La escuchaba llorar y eso me rompía. Por mucho que quisiera frenarla sabía que no podía. Para ella soy un traidor que nunca ha pensado en nadie salvo en sí mismo. Pero se equivoca. Escuché  cómo sus pasos se acercaban al salón y me levanté.

-No te voy a pedir que te quedes, eres libre de hacer lo que quieras. Solo quiero que te pienses bien lo que haces. Pero si decides marcharte y dejarme, cuando entiendas por qué he hecho esto, no intentes venir y hacer como si nada ha pasado y pedirme disculpas, porque ya será demasiado tarde, Lizbeth.

- ¿Encima intentas persuadirme para quedarme contigo después de matar a mi padre? Tú no estás bien de la cabeza.

-Solo te digo que algún día me darás las gracias y te darás cuenta del tiempo perdido.

Me miró resignada y con lágrimas cayendo de sus ojos. Nunca la había visto así. Cogió sus maletas y fue hasta la puerta con tristeza y al mismo tiempo decidida.

-Adiós, Emerick.

Esas fueron las dos últimas palabras que escuché de Lizbeth. Unas palabras que nunca pensé que me dolerían tanto. Tal vez nunca se me habían dado bien las despedidas y cuando una persona que de verdad te importa se va por algo que has hecho por ella y no lo sabe ver... duele más.


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