Capítulo 1.

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Era la tarde de un jueves nublado, como de costumbre Jeremías salía a las seis del colegio y tomaba el autobús que lo llevaba a su humilde hogar, ubicado a casi cuarenta minutos hacía el sur oeste.

Estaban ocupados todos los asientos. Al pasar cinco minutos el bus hizo una parada y se subió un chico muy apuesto de clase alta; por su vestimenta, y con la mayoría de gustos de Jeremías.

Pasaban los minutos, Jeremías sólo lo miraba de reojo.

Llegó la estación de Jeremías y por suerte esa era también la estación del chico apuesto que tanto había llamado su atención.

Mientras Jeremías caminaba a tomar la moto para ir a su casa, él iba casi que a su lado, puesto que, vivía cerca.

Jeremías anhelaba hablar con él o al menos conocer su voz.

No se le ocurría nada para iniciar un tema de conversación, luego pensó y dijo arriesgándolo todo.

– ¿Tienes la hora? Me la dices, por favor...

–Son las 7:15 –responde muy amablemente y con voz gruesa.

–Muchas gracias.

Entonces Jeremías vio que sonrió al dar las gracias y pudo notar una dentadura hermosa, dientes blancos, también una linda barba que resaltaba su sonrisa perfecta.

Jeremías vio que el tema iba a morir y sólo dijo lo primero que se le ocurrió. Jeremías es un chico que a sus quince años siempre se ha caracterizado por ser muy extrovertido y ocurrente. Cuando Jeremías pidió la hora miró que el celular de ése apuesto chico traía unas pizzas de fondo de pantalla. Entonces Jeremías muy convincente dijo:
– ¿Te gusta la pizza? –lo miró a los ojos, mientras él solo sonrió y respondió–

–Me encanta, ¿y a ti? –Jeremías muy alegre porque ya tenía tema de conversación dice­:

–Yo, amarla mucho, pero ella engordarme mucho, –Jeremías golpeó su cabeza–

–No estás gordo, ojalá yo estuviese como tú. –En sentido de burla golpeó su barriga, mientras seguían caminando.

Jeremías muy alegre porque notaba cierta confianza entre los dos.

– ¿Por qué no vas al gimnasio? –Pregunta Jeremías–

–No me da tiempo, los estudios y el trabajo me tienen muy ocupado...

– ¿De qué trabajas?, ¿qué estudias?

–Eh, trabajo enseñando inglés; soy de Beverly Hills, California... solo vine a Colombia hace tres meses a terminar mis estudios, estudio Psiquiatría.

Alrededor pasaban miles de motos, pero a Jeremías solo le importaba hablar con él.

– ¡Qué genial! –dice Jeremías esperando que al menos ése galán dijera algo.

– ¿Y tú? ¿Estudias? Por lo que veo eres un chavo y no creo que trabajes. ¿Qué edad tienes?

–Sí. Si Dios permite me graduó éste año, y no trabajo, pero si práctico voleibol. ¿Tú prácticas algún deporte? Ah, tengo quince años, ¿y tú?

Ambos iban a merced de las calles de Malambo hablando a paso lento, casi que dos morocollas en las calles muy poco pobladas.

– ¿Qué piensas estudiar? Los fines de semana juego fútbol con mis amigos, tengo diecinueve.

–Me gusta mucho la medicina, pero como verás es muy cara..., creo que estudiaré algo más económico, puede ser música; me encanta cantar.

–Me gustó mucho hablar contigo, pero hasta aquí llego yo.

Jeremías no se había percatado que estaba frente a una lujosa casa, ni siquiera sabía dónde estaba de lo embobado que se encontraba escuchándolo y viéndolo como un niño frente a un juguete que sabe que no se lo comprarán.

–Oh, ¡Dulces sueños! fue un placer... –Levantó su mano derecha y se despidió.

–Espera... –Jeremías voltea– Al menos dame tu Facebook para hablar.

Jeremías sintió una tremenda explosión de alegría cargada de juegos artificiales con esperanzas; esperanzas de encontrar ese chico ideal para él. Esa pieza que le hace falta a su rompecabezas.

–Jeremías José Monsalvo de la Hoz, espero tu mensaje, hasta luego, pero espera, nunca me dijiste tu nombre...

–Tienes toda la razón que falta de educación, Amadeo Sallow Relish, mucho gusto.

–El gusto es mío.

Ambos sonrieron y se dieron media vuelta, Jeremías tomó la primera moto que pasó ansioso de llegar a casa a esperar el mensaje de Amadeo.

Cuando llegó a casa lo primero que hizo fue encender su computador e ingresar a su red social, vio el panel de solicitudes y la segunda era de Amadeo Sallow, de inmediato la aceptó, pero no quería sonar intenso, espero su mensaje... Amadeo no estaba en línea, entonces fue a ponerse su pijama de rallas y a cenar.

Al pasar aproximadamente cuarenta minutos Jeremías escuchó una nueva notificación desde su cama.

Corriendo se acercó y vio que Amadeo le daba me encanta a todas sus fotos, Jeremías hizo lo mismo con sus fotos. Cuando Jeremías había visto como tres fotos llega un mensaje.

–Hola, ¿habéis llegado bien?

–Hola Amadeo, gracias a Dios sí, ¿y tú?

–Me alegro, pues me dejaste casi que en mi casa, hahaha.

–Gracias, cierto jaja, ¿qué haces? –Jeremías no quería que el tema muriera.

–Veo televisión. Me agradaste, de hecho, hasta me pareces muy simpático. –Jeremías sonrió al leer el mensaje.

Jeremías se sentía tan feliz, a tal manera que solo le importaba hablar con él, ignoraba las demás conversaciones.

Al pasar los días los mensajes iban cambiando, al igual que las cosas. Amadeo muy sutilmente le pidió hablar en persona a Jeremías, invitándolo a cine o adonde quisiera ir.

Jeremías aceptó y no lo pensó dos veces.

El domingo de la misma semana se encontraron en un centro comercial en Barranquilla, la tarde se pasó en un segundo, entraron a cine, Amadeo canceló todo.

Jeremías no estaba tan feliz, puesto que, él imaginaba al menos un beso en medio de la película.

Transcurrió la semana y Jeremías solo esperaba la noche para hablar con él. Sólo se divirtieron como dos mejores amigos.

Un sábado sin planes Amadeo le pidió a Jeremías que llegara a su casa para ver el partido del Junior vs Nacional, dichos equipos jugaban en Barranquilla.

Jeremías se puso su mejor jeans, su camisa ajustada del junior, zapatos negros y se hecho algo de polvo para tapar imperfecciones.

Al pasar dos horas aproximadamente se encontraba Jeremías en la lujosa casa de Amadeo tocando el timbre. Después de un minuto una chica muy apuesta, ojos miel, flaca y con una gran cabellera.

–Hola, tú debes ser Jeremías.

–Eh, hola sí, soy yo.

–Adelante ven, mucho gusto, soy Antonieta García.

–Muchas gracias, con permiso, Jeremías Monsalvo, mucho gusto.

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⏰ Última actualización: Nov 26, 2017 ⏰

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