I - Simmon

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Aquello fue lo primero que Simmon pudo escuchar. No a través de sus oídos, inútiles de nacimiento, sin embargo. Lo escuchó en un sueño lejano, un eco onírico que lo despertó de golpe. Fue un "Lo siento", cargado de tristeza y pesar, como si a aquella perfecta y maternal voz le hubiesen arrancado las palabras, como si le hubiesen apretado la garganta hasta hacerlas brotar. No venía de su madre. De alguna manera lo sabía. Algo le hacía sentir que esa voz venía del cosmos, sólo para él, sólo para su sueño. Y la idea lo aterró y con ello vinieron lágrimas silenciosas de madrugada, acompañadas del sentir cálido y olor agrío de la orina sobre la tela de la cama. Peor aún, aquello era lo único que Simmon había escuchado durante toda su vida. Hasta que llegó el día.

—¿Estás listo? —Pese a la sordez de su hijo, Viriana se esforzaba en aplicar un tono dulce a su voz, aún sin resignarse a que su calidez no le llegase al niño. Tuvo que tocarle un hombro se gírase hacia ella. Repitió la frase y Simmon le leyó los labios. Estaban sólo los dos en la habitación del infante.

—Ay —Salió de su boca, pequeña y ligeramente rosada, como el graznido de un feo ganso. Viriana, su madre, tuvo que esforzarse por no torcer la boca. —¿A? — Graznó otra vez, y señaló la puerta con la cabeza, esbozando la sonrisa angelical que todo niño posee a los ocho años. Su madre soltó un suspiro y asintió tomándolo de la mano.

El pequeño y delgado peliblanco llevaba un traje especialmente confeccionado por su madre para aquel día. Constaba de una camisa negra, y unos pantalones blancos, con el tipo de corte de moda en la capital según la hermana de Viriana. La tela no era ni por asomo de calidad de nobleza, pero él se sentía cómodo y guapo y éso era lo que importaba. La agudeza de sus orbes azules le ayudaron a retroceder de golpe cuando un cuerpo igual de delgado que el suyo se propulsó por todo el corredor e intentó tomarlo desde la cintura en un agarre con dos extremidades.

—¡No me esquives! —Gritó Pauline, entre enojada y divertida. La pequeña estaba sentada en el suelo de madera del pasillo, pues había caído en el trasero tras ser evitada por su hermano. Se puso de pie y se sacudió el vestido blanco, se peinó las coletas y Viriana la miró un momento, y sólo ése momento le bastó para que la niña agachara un poco la cabeza. —Perdón mami. —Al tiempo que se disculpaba, su hermano lanzó un breve grito de victoria. Viriana no pudo evitar torcer la boca, y que su ya clásico tic le atacase en el párpado izquierdo.

—Al comedor. Rápido. —Dijo entredientes, y luego tiró un poco de la mano de Simmon para que le soltase y siguiese a su hermana. La mujer se giró con indignación, ondeando un poco su falda verde, y luego cruzo el corredor hacia su habitación. Pauline le mantuvo la mirada hasta que desapareció tras la puerta, temerosa a que se girase y recibiese otro regaño. Entonces se giró hacia su hermano y rió, le tomó la mano y juntos se deslizaron hasta el comedor. Parecían novios en miniatura. La niña disfrutó la corta caminata con la dulzura que sólo una hermana menor pequeña puede tener. Simmon no opuso resistencia, pero tampoco se veía animado por corresponderle el gesto.

—¿Los regañó? —Indagó Bell, desde su puesto en la cocina. Pese a trabajar constantemente en el campo, haciendo de carpintero, artesano, y a veces herrero, también tenía que ser cocinero, y si la cosa se ponía fea, alquimista. Les hizo un gesto para que tomasen asiento, con amabilidad amorosa que poco tenía que ver con la actitud de su mujer. El hombre, largirucho como su hijo, se deslizó con la agilidad y prisa que ya lo caracterizaba y dejó dos tazones de estofado frente a los niños, ya acomodados y juntitos en la mesa. —Cómanse todo, o vendrá mamá y se los comerá. —Pauline no se atrevió a reírse. Simmon lo habría ignorado de haberlo podido escuchar.

—¿Por qué es tan importante hoy? —Pauline le dio un sorbo al estofado y luego hundió su trozo de pan en él. Mientras miraba su tazón, seguía hablando —Ya lo han llevado muchas veces, pero nunca nos habían vestido como a la Tía, ¿Por qué tenemos que vestirnos como ella?, y además, ¿Por qué...— Mientras comía, seguía haciendo preguntas, aún a sabiendas de que los únicos dos presentes en la sala no le responderían.

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⏰ Last updated: Nov 26, 2017 ⏰

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