Quizá se debía al cansancio y a que en esa última temporada no comía como debía. Tampoco dormía las horas recomendadas para un hombre de su edad, y poco se preocupaba realmente de ello. Se pasaba día sí, día también, encerrado en su apartamento, de cuclillas en el suelo y la espalda apoyada en la pared mientras sus dedos se deslizaban de arriba a abajo y viceversa por los trastes de su guitarra; componiendo, estrujándose los sesos para que cada acorde combinara a la perfección con el anterior.
Le encantaba su trabajo. Nunca dudaría en afirmar aquello a cualquiera que se lo preguntase. Le encantaba tocar la guitarra. Había sido su gran pasión desde adolescente, cuando tras mucho ahorrar sus pagas de cada mes, pudo comprarse aquello que sonaba tan mágico entonces: su primera guitarra. Ya tenía leves nociones de cómo tocarla y le gustaba inventarse ritmos nuevos; ritmos que ahora que era un profesional, no le parecían tan espectaculares como en antaño. Claramente, después de tantos años, había perfeccionado y hacía verdaderas maravillas. Creaba melodías que le habrían hecho admirarse a sí mismo si tuviera 15 o 16 años, cuando lo que mejor se le daba era imitar sus canciones favoritas simplemente. Y a la par que su talento crecía, su auto-exigencia guiaba a éste de la mano y crecieron juntos, casi inseparables. No era suficiente con ser "bueno". Kei quería quedar realmente satisfecho, quería darlo todo y hasta sorprenderse de sus propios méritos.
Quizá se debía al cansancio, pero últimamente tenía la mente en otro sitio y divagaba durante horas, sin escribir nada en sus partituras, tan sólo tocando notas al azar o afinando la guitarra tardes enteras. Quizá por eso no le diese tiempo a acabar a tiempo su parte, y eso no le gustaba. Se había impuesto un horario firme que cumplía al dedillo, según el cual sólo tenía cabida en su día desayunar, correr a la sala de ensayos; y al volver a casa, cenar e intentar componer. Y lo seguía, no tenía tiempo libre. Llevaba tanto tiempo sin usar su reproductor de DVD que incluso llegó a pensar que no sabría volver a encenderlo de nuevo. Apenas entraba en Twitter, y en las largas temporadas en las que eso ocurría solía colgar alguna foto, o darle favorito a algún tuit de sus compañeros de banda. No quería que sus fans le diesen por muerto, aunque poco le faltara para estarlo. Le hacía gracia llegar a ese tipo de conclusiones. Estaba claro que necesitaba descansar, o tal vez, un poco de inspiración; pero su mente estaba nublada por otras cuestiones. Se replanteaba muchas cosas, muchas situaciones a las cuales, claro que les ponía música, pero no servían. Esos acordes no servían, no pegaban, no eran del estilo de la banda. Eran demasiado ñoños, por el amor de Dios.
Según dicen, la mente de los artistas se inspiran y crean según sus vivencias, y puestos a recordar que no tenía ninguna; que no podía crear una canción llamada: "¿Debería limpiar esa mancha del suelo o cenar?" y que no era capaz de dar más de sí, sentía terribles ganas de llorar. No era la primera vez que le pasaba todo aquello. Ya había tenido faltas de inspiración antes, ya se había quedado en blanco en infinidad de ocasiones. Pero esta vez era diferente, porque esta vez sí que creaba. Sus dedos sólo se deslizaban para hacer suaves notas, dulces incluso... Sólo para que la voz del cantante destacara de forma armoniosa y se alzara dejando mostrar todo su esplendor. Y tener una balada en el CD está muy bien. O incluso dos o tres, pero no podía crear sólo baladas. Y casi se muere de vergüenza una vez que Tatsuya, el batería del grupo, leyó sus partituras y le preguntó con una amplia sonrisa: "¿Estás saliendo con alguien, Kei?"
Frunció el ceño con molestia al recordar aquello y bajó de sus pensamientos de un salto. Una disonancia le advirtió y cuando miró al bajista mirarle con una ceja alzada, esperando una disculpa por su parte por haber interrumpido su ensayo por segunda vez aquella mañana, resopló. El castaño suspiró a su vez, estirando las piernas.
—Lo siento —se apresuró a decir el de cabellos rosados, mientras llevaba sus dedos pulgar e índice a apretar el puente de su nariz. Shoya estaría molesto de sus constantes despistes durante aquella temporada que se le hacía eterna, pero al que más le molestaban, sin duda, eran a él mismo.
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DIAURA
Fanfiction"-Gracias por estar conmigo -murmuró Kei, en voz baja. Y volvieron a abrazarse durante unos segundos, cada uno sonriendo y sintiendo aquella felicidad embriagarles. Ya no tendrían miedo. Todo aquello, era sólo el principio. DIAURA acababa de comenz...
