El londres de finales del siglo XlX es una ciudad... Peculiar, puede que sea cuna de la mayor revolución de la historia de la humanidad. Podría ser la capital del imperio más grande que ha habido en la faz de la tierra. Pero lo que de verdad la hace única es la gente que habita sus barrios y calles, los trabajadores de sus fábricas y miembros de la realeza, y uno de éstos últimos especialmente es fuera de lo común...
Michaela- Perdón. Lo haré de nuevo.
Maestra- Jovencita, concéntrese más. Sólo quedan 3 días para el discurso. Hágalo de nuevo, con voz firme, recta y sin mostrar nervios.
Michaela- Pueblo de Inglaterra, yo Michaela Belcourt, heredera al trono de nuestro glorioso imperio, les hablo esta hermosa tarde para informarles de un suceso que nos duele profundamente a todos nosotros. Mi hermana, Charlotte Belcourt ha muerto. Todos nosotros lamentamos su pérdida y le mandamos un cordial saludo a su nuevo lugar junto a nuestro señor.
Maestra- Ensayelo hasta que le duela la garganta. Tiene que salir perfecto.
Michaela-No me importa que salga perfecto, acaba de morir mi hermana.
Maestra-Charlotte era una verdadera Belcourt. Ella no habría sido tan malcriada. Si no lo hace por su imágen y prestigio hágalo por la memoria de su hermana.
Michaela-No escucharé más a una señora de la 3ra edad diciéndome como tengo que lidiar con la muerte de Charlotte. Hasta mañana.
Simplemente me fuí de la habitación. A veces simplemente no puedo creer lo hipócritas que son todos en este maldito palacio. Todos tan falsos y doble cara. Mi hermana murió. Se suicidó cortándose las venas con un cuchillo y todos actúan como si nada. Mi madre no ha dicho una palabra y mi padre como siempre no sale de su oficina. Creo que a "su majestad el emperador" le importó un comino. ¿Y yo? Yo soy la que tiene que lidiar con todo esto de tener la "sangre azul". A veces simplemente quisiera salir y no volver a este palacio infernal. Comprendo porque Charlotte hizo lo que hizo.
Sirvienta- Su alteza, su alteza, ¿me está escuchando?
Michaela-Lo lamento, ¿qué me decías?
Sirvienta-La llama su madre, majestad.
Michaela-Te lo agradezco enormemente. Voy a encontrarme con ella en cuanto pueda.
No puedo creer que tenga que hablar así siempre con todo mundo. Ah, pero los ciudadanos pueden usar el vocabulario que se les de la gana. El único lugar en el que puedo hablar como yo quiero es en mi cabeza. Eso debería ser considerado abuso.
Entro al despacho de mi madre y ella está con un hombre, alto, muy elegante,con bigote, pelo castaño, cubriendo su cabeza un sombrero de copa y una cara de arrogancia que ni el mismísimo emperador tiene.
Victoria- Michaela, hasta que te dignas a aparecer, toma asiento por favor.
Michaela-Madre, ¿puedo preguntar quién es nuestro invitado?
Victoria-Este es el duque William, miembro de la real sociedad y uno de los hombres más ricos del imperio. Aparte de una gran persona.
El hombre toma mi mano y la besa
William-El gusto es mío.
Michaela-Pero por supuesto que es mío.
Victoria-Me alegra enormemente que se lleven bien.
Bien lo que se dice bien no nos llevamos especialmente. He conocido infinidad de hombres como él, todos iguales. Pero hay algo que no puedo dejar de pensar.
Michaela-¿para que me requerías madre?
Victoria-¿necesito una razón para ver a la única hija que me queda?
