Un comienzo

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¿cómo surgieron los Dioses?

a ver...

Todo tiene un comienzo, pero en este caso el comienzo se dio con un fin.

Con la destrucción de los letorets ocasionada por una estrella llamada Schicksal o Diosa del destino surgió un nuevo comienzo para aquel lugar, ella fue como la esperanza perdida de ese planeta aún sin nombre.

Siglos después los dinosaurios habitaron ese lugar sin derechos, Schicksal había comenzado a denominar Dioses para que cumplieran un trabajo por la eternidad, pero pronto se dio cuenta que ellos se levantarían en su contra llevándola a su destrucción.

Como solución mando una estrella a ese lugar para que destruyera todo, incluso a los Dioses rebeldes o a casi todos.

Los sobrevivientes se ocultaron por siglos hasta que Schicksal creó una nueva raza a la cual llamo "humanos", estos nuevos habitantes tenían un corto periodo de vida lo cual beneficiaba a la diosa, ya nada podía retarla.

Desde que la raza humana desarrollo el conocimiento produjo que la tolerancia entre ellos fuera poca, Schicksal vio que su nueva creación era un dolor de cabeza y pronto acabaría en destrucción, en busca de alguna solución la Diosa encontró que seres de su creación ya extinta habían logrado tener descendencia esto sería una clara solución.

Ares Dios de la guerra era el que ocasionaba dicho complot entre los humanos ganándose una reputación en si misma terrorífica una cualidad demasiado placentera para él.

Mediante los siglos avanzaban los humanos eran menos tolerantes entre ellos mismos volviéndolos más violentos.

Schicksa abandonó todo plan en ese lugar y los dejó a merced, Zeus Dios del rayo tomó poder de ese lugar imponiendo un orden en su totalidad sano, pero como ya se sabía que todo no era duradero se había encontrado un nuevo tropiezo.

Las guerras eran constantes entre los humanos, había llegado a un grado de barbaridad que los Dioses empezaron a intervenir imponiendo el orden y la paz entre los bandos enemigos.

Este es nuestro origen, esto es nuestra verdad, pero mi historia no tiene que ver con el origen de los Dioses, mi historia se dio de una forma diferente.

Por error me sedujo el poder, por error la sangre era mi motor a seguir, por error termine en una trampa que me dio una condena que aún estoy pagando.

Terminé encerrada en un mundo lleno de espejismos, totalmente solo, a la intemperie de algún lugar en alguna lejanía llena de espejos y peligros.

Como cualquier recluso tengo una marca, esta es un tallo de rosas de cualquier color en mi brazo izquierdo a lo largo de el, cada una significa algo y en el dorso de mi mano hay una flor marchita una que al momento de mi libertad tendrá vida.

Lo cual jamás será.

Me conocen como Amenet Semi-Diosa de la alquimia.

Estoy atrapada en un mundo llamado Saria "Eternidad"

En fin...

No soy Diosa

No soy humana

Solo soy el punto medio entre ambas incapaz de elegir un bando al cual pertenecer

Solo soy un final para algún propósito sin descripción basado en un principio aún no conocido

Soy Amenet de Saria, nacida en una noche catastrófica dónde no tuve la oportunidad de conocer a mis padres, seguida de más desgracias a donde fuera, vigilada por miedo a que mi don fuera capaz de causar más problemas

Desde que tengo memoria me ha costado adaptarme a los nuevos lugares, a la sociedad

Todo había cambiado desde que lo conocí

Sus ojos del color de la sangre, su cuerpo lleno de cicatrices y fuertes brazos

Su sed de sangre era tan adictiva

Lo emocionante del momento me motivaba a seguirlo a todos los lugares, dispuestos a formar un desastre a donde fuéramos

Con el tiempo él fue amado y venerado por todos, levantaron templos en su honor, rezaban en su propio nombre por fuerza o ganar alguna batalla

Yo... Yo en cambio era cada vez más odiada, temían a mi nombre, les aterrorizaba mi forma de luchar junto a él

Era considerada lo peor de lo peor, y la verdad, eso me encantaba, escuchar esas historias llenaba todo mi ser incitándome a continuar con mi peligroso camino dando pie a la mejor de mis batallas pasadas, exactamente diez mil años

Estaba tan agotada después de dos días sin descanso de lucha, una dónde la sangre de mis ¨compañeros¨ de batalla y la de mis enemigos era una sola en mi ropa, dónde tenía heridas profundas en mi cuerpo, incluso, había perdido tanta sangre que mis sentidos eran confusos y torpes. Eso era solo el inicio de ella, ya que en medio día de camino los enemigos venían con sed de sangre y venganza, eso, eso me encantaba de una forma jamás descrita; sentir el cosquilleo en mis manos me ponía ansiosa de más sangre.

El momento llegó después de una larga espera, él y yo ya estábamos preparados para una aplastante victoria por nuestra mano, nuestros enemigos fueron tan expresivos en el momento en que vieron mi rostro con una sed de sangre como nunca había, siendo hombres de palabra no podían devolverse a la seguridad de sus hogares, una lástima que solo duráramos con ellos un día.

Después de eso no supe que era estar emocionado a tal punto de querer acabar con todo de una forma tan lenta para disfrutarlo por más que un momento fugaz pero eterno en la memoria eterna del tiempo y borrada por el mismo, así como yo en estos momentos, después de tanto fui olvidada, mi don fue desapareciendo poco a poco, mis heridas cada vez eran más evidentes, con el tiempo mi cabello fue perdiendo su color y mis manos fueron más delgadas con el tiempo, mi sangre ya no tenía su color tornasol con destellos dorados, cada vez era más roja, yo era cada vez más mortal, tenía que hacer algo o moriría en el intento, algo que jamás iba a aceptar hasta completar mi venganza

Juré derramar la sangre que una vez protegí, la que una vez seguí

Juré acabar con los Dioses de una vez por todas, y nada iba a detenerme

Lo juro por mi orgullo

Lo juro con mi vida

Lo juro por todo lo que destruí

Lo juro como la Semi-Diosa de la alquimia

Lo juro como Amenet, Reina de Saria









*Elizamath

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