Últimamente parece que a las personas no les interesa salir de su área. Y por "área", no simplemente me refiero a la cuadra de tu casa, a tus vecinos, al barrendero que saludas cada mañana de buena gana o al gato callejero que siempre te implora con sus grandes y siempre joviales ojos un poco de las sobras de ayer. No. No pienso limitarme a algo tan tangible, sino que quiero expandir la definición del término un poco más. ¿Cuándo fue la última vez que te animaste a escuchar una canción nueva?, ¿a buscar una pintura que te remeciera el interior y te sacudiera las telarañas y el polvo de tu alma adormecida? O, lo que es aún más temerario, a hablarle a un desconocido conocido; claro, a la primera pueden creer que estoy hablando simplemente irreverencias, pero déjenme decirles que no pueden estar más equivocados, pues estos seres están más presentes en su día a día de lo que ustedes creen.
-¿Sabes de qué está hablando la profe, Simón? -Primera movida. Primer acercamiento a mi primer desconocido conocido de la semana.
Simón me mira extrañado, luego mueve la cabeza de lado a lado, como sin poder creer que yo, su compañera de curso por más de ¿9? años, cuya madre había compartido centenares de tazas de té y montañas de empolvados con la de él, le estuviera dirigiendo la palabra. Está bien, casi nunca lo hacía. Está bien, quizás lo marginé un poquito hace unos 3 años por su adicción a mascar chicle, -en serio, 3 paquetes por día no eran algo muy saludable o digno de imitar- pero ¿y qué? Muchos retos imbéciles -pero pasajeros-, tendencias de todo tipo y cantantes muertos habían pasado desde aquel entonces.
-¿Me estás hablando a mí? -Su expresión perpleja era impagable. En serio. Si fuera menos tímida, le habría sacado una foto ahí mismo, en medio de química.
-Obvio que a ti. Soy algo ciega, pero no tanto como para desviar tanto la vista. ¿Sabes de qué está hablando la profe, o no?
-Bueno, ya. Eh... Algo estaba explicando sobre unos descubrimientos que se habían hecho recién sobre el Uronio...
-Uranio... -le corrijo. Mala idea. Completamente.
-Uranio, Uronio... Ya qué, no es como que me importe tanto tampoco; y, si tanto sabes, no me estarías preguntando. Déjame tranquilo, ¿estamos?
-Ay, pero Simón...
-Flores. Valdivia. ¿Me harían un favorcito? Salgan de la sala y diríjanse a inspectoría. Hay gente aquí que sí quiere aprender, y ustedes los están pasando a llevar conversando tanto. Y a mí también. -Miss Hortensia. ¿Por qué no me sorprende su prepotencia? ¿Tendrá que ver quizás con que su hija volvió con el tipo que le hacía la vida imposible?, ¿o con que volvieron a bajarle el sueldo a todo el cuerpo docente? No lo sé, en realidad. No hay manera posible de que yo pueda acceder a ese tipo de información tan clasificada.
Simón y yo salimos de la sala coordinados y sin apuro; él, con la mano en el bolsillo ya dispuesto a sacar un Orbit de menta y hacerlo víctima de su mandíbula desesperada por tener algo con qué entretenerse; yo, con la mente ya dispuesta a sacarle conversación un buen rato, todo con tal de satisfacer la necesidad que les describía previamente: hablarle a un desconocido conocido, quien el día de hoy toma la forma de Simón Valdivia. Pensando de forma optimista, incluso quizás convertirlo en un desconocido conocido.
-¿Me das uno? -le pregunto. Quizás mi intromisión anterior en su mundo de cómics y lápices en donde se hallaba abstraído fue muy, por decir lo menos, inoportuna. Ahora voy paso a paso, sigilosa, tanteando las paredes del laberinto de mi presa.
Suspira, mirándome con cara de: "No me voy a sacar a este parásito de encima de ninguna forma, ¿cierto?", y dice:
-Sí, obvio, toma. -Me lo pasa en la mano, y mientras lo desenvuelvo no puedo evitar en jeringas, papelillos, o lo que sea que usa la gente más avezada para hacer que su mente se pierda en los túneles de la psicodelia, o, en palabras más coloquiales, drogarse.
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Emilia y los desconocidos conocidos
General FictionUna sinopsis tan minimalista como la portada: No conoces a nadie y nunca terminarás de hacerlo. Pero, al menos, Emilia Flores hace el valiente intento.
