Prólogo

204 3 0
                                        

He caminado solo durante siglos en esta tierra. He vivido alrededor de mil vidas distintas, siempre escapando al final para seguir con otra. No ha sido fácil, mi corazón ha muerto millones de veces a lo largo de los años, cada vez se siente como la primera vez.

Aunque siempre sé cuál va ser el final, mi corazón nunca pone atención a mi cerebro cuando le dice que es lo que ocurrirá. Es el que tiene casi todo el control pero mi corazón tiende a desobedecer sus órdenes.

He tenido muchas familias, he tenido muchos amigos, al principio.

Pero cuando llegaba la hora de despedirse era algo que provocaba una destrucción masiva a mi cuerpo y mente. Recuerdo todos sus nombres, de los más importantes.

Mi primera madre. Quien cuido de mí mientras mis heridas curaban, sin saber quién era me protegió hasta poder estar bien y consciente. Se llamaba Beth, ella era de aspecto joven, fuerte, valiente.

Ella me dijo que me encontró en un estado deplorable, solo con una túnica blanca que envolvía mi cuerpo que estaba con moretones y heridas, las más graves estaban en mi espalda, que formaban una v invertida. Todo mi cuerpo se demoró al menos una semana en recuperarse.

Era un milagro, según ella, porque apenas reaccionaba. Sabía que estaba vivo por mi corazón y respiración.

Cuando me mejoré, estaba desorientado no sabía dónde me encontraba. No reconocía lo que me rodeaba, todo era muy distinto, incluso el idioma. Apenas recordaba algo de mí. Solo lo necesario, que lamentablemente no era mi nombre.

Después de que recupere la conciencia, aprendí su idioma, su pronunciación, sus formas de expresarse. Hebreo, el antiguo hebreo. Cuando aprendí su idioma ella me relató cómo llegó a encontrarme. Me dice que un día sintió un fuerte estruendo y todo el piso se movió logrando un caos total, los animales estuvieron vueltos locos, la tierra se estremeció durante 5 minutos y su casa se destruyó completamente.

Aunque ella sobrevivió sus hijos no tuvieron la misma suerte. Ella esperaba a su tercer hijo, el único que le quedaba.

Construyó su casa otra vez con la ayuda de su esposo Urías. Al cabo de dos semanas luego de esa catástrofe fue en busca de algunos animales y agua, es ahí donde me encontró, cerca del pozo.

Estaba en el centro de un gran agujero, todo demacrado. Sola, me arrastró hasta su hogar, me limpió y cuido hasta que estuve recuperado.

Desde ahí a empezado mi sufrimiento.

Yo era como un hijo para ella, y también para su esposo.

Mientras ella envejecía yo no lo hacía, en cambio me hacía mucho más fuerte.

La vi morir con mis propios ojos, sujetándole la mano para poder darle fuerzas. Ella era una anciana, su cuerpo no era como la conocí. Yo seguía igual.

En el momento que me dice que agradece haberme encontrado, es cuando su último aliento de vida se va y no responde a mis súplicas para que se quede.

Esa fue la primera vez que mi corazón se rompió en mil pedazos, también fue la primera vez que me intente suicidar.

Aun con toda la rabia y tristeza, no conseguí mi objetivo, siempre que lo intentaba me curaba rápidamente, las heridas ni siquiera duraban un segundo en curarse.

El dolor físico provocaba que me olvidara de mis problemas, era lo único que tenía aun si las marcas no se encontraban en mi piel. Pero luego de un tiempo incluso el dolor físico no me ayudó a poder a olvidar.

Nunca he estado de la forma como me encontró Beth. Cualquier dolor es mínimo comparado a lo que ocurrió en ese instante.

Tengo cicatrices, que son las de mi espalda. Han sido las únicas heridas que han estado constantes en mi cuerpo, son de un color anormal como marcas de quemaduras y también mi único punto débil. 

Después de eso busque información de mi pasado, sin lograr muchos hallazgos, sólo encontré a un hombre que pudo decirme lo que era. No recuerdo mi pasado. Solo una voz que dice: "Castigado serán por sus actos, sufrirán mil veces por lo que han hecho, pero aun así tendrán una única oportunidad para dejar atrás su sufrimiento. Siete almas perdidas se estarán buscando, durante siglos rondaran terrenos desconocidos y al encontrarse su sentencia será la salvación, pero cuidado, que para obtenerla tendrás que encontrar el verdadero amor."

Eso es lo único que recuerdo, ni más ni menos. Aun no entiendo lo que significa, he buscado algún significado por muchos lugares pero sin éxito.

Tras el paso del tiempo mis heridas internas poco a poco sanaron pero solo para ser rotas de nuevo. Siempre encontraba nuevas familias, siempre me decía que tenía que largarme pero nunca lo hacía. Era peor.

Descubrí con aquel hombre que yo era una especie, como lo decían algunos sabios, de persona inmortal, siempre joven. Sin morir.

Es una maldición. Ver como amigos que se convertían en tu familia morían por enfermedades o por vejez.

Ahora me he obligado a seguir solo. Sin ninguna amistad, al menos eso es lo que siempre me repito. 

Vago por estas tierras, como un lobo solitario buscando encontrar alguna solución. 

Algún día espero encontrar la paz que tanto he anhelado. Tengo esperanzas. Mínimas pero las tengo. Cada maldición tiene un escape, aun si es una frase estúpida que no he logrado comprender.

Mi aspecto es de un joven alrededor de veinticinco años, aunque claramente puedo parecer de dieciocho como también de treinta y cinco.

Mi nombre es Tobías como Beth me nombro ya que ni eso recuerdo, y como lo han llegado a descubrir ya, no soy un humano aunque tenga aspecto como tal, más bien soy como algunos libros antiguos llaman ángel caído.

Y esta es mi historia.

Crónicas de un ángel caídoStories to obsess over. Discover now