Conflictos

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La campana suena, comienza un nuevo día de instituto. Los alumnos andan por los pasillos junto con sus amigos, charlando y riendo, otros guardan y sacan sus pertenencias de los casilleros, y otros simplemente se divertían gastando bromas a sus compañeros.

-¡DE PUTA MADRE! Le pasaré la foto a un amigo mio para que te vea. Ah oye, que se me olvida, que esta noche va haber fiestón en casa de un colega, pásate, será la hostia.

-Joder tío, pues lo llevo chungo porque mis padres me han prohibido salir por hacer pellas aquel día.

-Y qué coño importa, escápate de tu casa a la noche.

-Venga ya, no flipes. Si me pillan me matan.

-No te pillaran, vente joder, que yo y unos colegas queremos verte.

-Bueno...

De repente se oyen pasos que se acercaban al baño.

-Tío que me tengo que ir, viene alguien, y vale, iré a la fiesta.

-¡COJONUDO! Nos vemos esta noche guapa.

Naima silenció el móvil y se lo guardó en el bolsillo de su pantalón, seguidamente se miró al espejo y se colocó el sujetador y la camiseta de tirantes que llevaba, entonces entró un profesor a revisar los baños y vio que ella se encontraba ahí cuando debería de haber entrado a clase hace unos minutos. 

-¿Qué haces aquí? - Le preguntó el profesor con una expresión en su rostro algo cabreada.

-¿Tenía la regla, vale? - Respondió Naima de mala manera.

-Ve a clase ahora mismo. - Le ordenó el profesor cruzando los brazos y dejándola paso para salir del baño.

-Piérdete. - Susurró Naima para sí misma, pero por el silencio se oyó un poco lo que dijo y el profesor lo notó, aún así, no hizo nada, y solo suspiró conteniendo la paciencia mientras la chica se dirigía a clase.

Llegó la hora del recreo, y la mayoría de estudiantes iban a la cafetería a tomar sus almuerzos, excepto Alice.

Alice, o como su familia la llama, Ali, era una chica la cual no le gusta socializar, o eso hacía ver. Siempre se la pasaba sola en algún banco del patio sentada con el móvil, viendo en Instagram fotos de sus compañeras de clase. Todas ellas eran muy populares, guapas y con buenos cuerpos, y a veces Ali lo envidiaba e intentaba ser como ellas. Nunca hablaba con nadie, solo observaba lo que pasaba a su alrededor y quería mantenerse al margen de todo lo que sucediera. En ese momento la tranquilidad fue rota por una pelea que se provocó en la pista de fútbol que estaba enfrente de ella. Toda la gente se acercaba a mirar y gritaban: ¡PELEA! ¡PELEA! ¡PELEA! Ali se mantuvo distanciada de todo el panorama, pero observó.

Repentinamente vinieron dos profesores a parar a quienes estaban peleándose. En ese escenario había un chico de constitución musculosa y alta que gritaba furiosamente a la otra persona, la cual estaba tirada en el suelo sangrando por el labio, la nariz y con un ojo morado. Los profesores pararon la pelea, agarrando al chico que estaba intentando agredir a la otra persona, mientras ésta se levantaba del suelo con dificultad. Un profesor se llevó al herido a la enfermería, sin embargo el otro profesor se quedó calmando al chico.

-¡¿Por qué has agredido a tu compañero, Robert?! - Preguntó con inquietud el profesor. 

-¡¡¡¡DÉJAME PEDAZO DE MIERDA QUE LE REVIENTO LA CARA!!! - Gritó Robert.

-¡Cálmate! ¿Alguien de aquí sabe lo que ha pasado? - Preguntó el profesor dirigiéndose hacia las personas que estaban alrededor.

-No lo sé, yo estaba jugando al fútbol con ellos y no me enteré muy bien qué pasó exactamente, pero oí algo que le decía el chico a Robert sobre su hermano, y él empezó a pegarle sin control. - Respondió una persona entre la multitud de gente.

-Bueno, Robert, te vienes conmigo al despacho del director. - Dijo el profesor agarrándole del brazo.

-Como pille a ese hijo de puta otra vez le reviento... - Susurró Robert, conteniendo su ira y frotando los dientes.

El profesor se lo llevó al despacho del director, y las personas que estaban por el patio miraban a Robert con miedo mientras murmuraban entre ellos.

Robert era un chico popular en el instituto al que todos le tenían respeto, ya que se había metido en muchos problemas, consumía drogas, las intercambiaba con sus amigos a la salida del instituto o se saltaba las clases cuando a él le apetecía. En los 2 meses que llevaban de instituto, Robert fue el estudiante que más amonestaciones y partes ha tenido, por no contar las veces que ha sido expulsado. Por otro lado, también era muy popular entre las chicas, principalmente por su físico: medía 1.80, era musculoso, deportista, ojos azules, pelo corto y puntiagudo, rebelde... Eso era lo que a las chicas les gustaba, y él se aprovechaba de eso. Solo las quería para un rato, una noche o un día, y luego las dejaba, aunque a ellas tampoco les importaba y seguían detrás de él. 

-Robert, este comportamiento es intolerable, si no te controlas y no actúas de mejor forma, vamos a tener que tomar otras medidas. - Dijo el director del instituto mirando seriamente al joven. 

-Que me suda la polla lo que hagáis, como si me queréis expulsar. - Dijo Robert de mala manera.

Seguidamente el director se puso las gafas tranquilamente y cogió de un cajón de la mesa unos cuantos papeles, los cuales los estuvo mirando uno por uno.

-Bueeeeno, ¿me puedo ir ya o qué? - Preguntó Robert impaciente.

-Según tus informes, eres el estudiante más desastroso que hemos tenido en mucho tiempo, tu número de amonestaciones son demasiadas, y de expulsiones aún más. - Dijo el director mientras seguía mirando los informes.

-Qué bien, me alegro mucho por ti, ¿me puedo ir? - Dijo el chico levantándose de la silla.

-Sí, te vas a ir, pero no del instituto, sino a orientación. Creo que te vendrá muy bien una charla con la psicóloga del centro. - Respondió el director señalando la puerta. 

-¿Cómo dices? - Preguntó Robert dirigiéndose al director fulminándolo con la mirada .

-Lo que has oído, venga. - Dijo el director volviendo a su trabajo pensando que el chico ya se iría de allí.

Robert se acercó a él y le agarró de la camisa:

-Mira pimpinela, no me dice ni mi madre lo que tengo que hacer, ¿me lo vas a decir tú?.

-Alto ahí muchacho, no permito que me pongas la mano encima, como adulto y director debes respetarme. Yo soy el que da aquí las órdenes, y los estudiantes como tú las cumplen, te guste o no, ¿de acuerdo? - Dijo el director retirándose del chico. 

Robert dió un golpe a la mesa y se dirigió a la puerta, pero el director lo detuvo un momento.

-Qué cojones quieres. - Preguntó sin girarse hacia el director.

-Toma, una amonestación. - Dijo el director ofreciéndole el papel.

Robert suspiró lleno de rabia, se dió media vuelta, cogió el papel de forma brusca y salió del despacho, dirigiéndose a orientación. 










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