Un día que no estaba haciendo nada

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¿Has sentido que alguna ves tus sueños se ve frustrados por tus capacidades?
He escuchado a cientos de gurús empresariales, grandes innovadores y muchos nuevos millonarios diciendo en resumidas cuentas que el factor clave de su éxito no fue otra cosa que disciplina y perseverancia. Estos genios no tienen límites. La vida se les queda corta. Al final del día, parecen extraterrestres sacados de una novela de super héroes. Su fórmula es: éxito = soñar en grande + trabajar eficientemente por tu sueño. He leído sobre científicos que luego de un arduo trabajo e investigación ganan un premio nobel, es decir, su trabajo contribuye en gran medida al desarrollo futuro del conocimiento humano. Pero estos líderes siguen estando por fuera del estándar. Es como si fuesen dotados de una magia especial que los baña y bautiza desde el espermatozoide hasta el lecho de su muerte. Son exitosos en prácticamente todo lo que hacen.
Al parecer esa filosofía de vida los convierte en los justos líderes que llevarán a la humanidad al siguiente paso. Nadie más puede sublevarse ni imponer su voluntad, en primer lugar, por que ya están condicionados por las variables económicas, culturales y sociales en las que viven, o perdón, vivimos. Son pocos los que pueden escalar. La vida se vuelve una continua lotería para cada nueva generación. Pero precisamente por esa baja probabilidad, es que ellos son unos genios únicos e irrepetibles. A esto lo llamo, evolución de la mente.
Venga Darwin y su evolución biológica de las especies en donde sobrevive el más apto dada las condiciones del medio.
El psiquis y su desarrollo, es equivalente a la macro evolución de un organismo biológico dado el entorno en el que vive. El cerebro y su sistema de pensamiento. El neocortes y su respuesta rápida a los problemas y situaciones que se le presentan. Y precisamente aquí está el limitante.
Si, tu cerebro puede ser tu gran aliado o tu gran enemigo. ¿Sabían que el cerebro es un adicto pedazo de músculo que se adapta a los actos repetitivos? ¡El maldito es silencioso, como ladrón en la noche! Cuando menos piensas, el ya se ha metido a tu casa y abre la nevera y la vacía sin poner un centavo para volver a llenarla. Te condiciona a una situación y te obliga a repetirla. El corazón no se enamora, se enamora el cerebro.
No me las doy de psicólogo. En realidad no sé nada sobre esa rama del conocimiento. De hecho no sé nada. Soy tan idiota, que si alguien hábil en lectura y escritura leyese este escrito, descubriría aquí una gran cantidad de errores ortográficos y de redacción. Mis capacidades al final me condicionan.
Quiero seriamente dejar de llenar de basura mi cerebro. Todos los días la consumo. Se que lo estoy haciendo, lo estoy llevando a cabo en este momento, no cuando escribo, sino cuando dejó de hacerlo por contestar el maldito chat... Supieran cuanto me látigo todos los días. Supieran las lágrimas de cocodrilo que todos los días vierto para olvidarme al otro instante que me he prometido no volver hacerlo.
Antes era de los que profesaba que yo era el futuro de la humanidad. Si, yo como joven, pensaba que los actos y solemnes discursos de esta generación transformarían la conciencia humana. Una sociedad de sabiduría. ¡Se imaginan! Ser de esa generación que inició el verdadero camino de la transcendencia. El camino en donde nuestra conciencia se extralimita del plano económico, por uno social; donde las diferencias son aceptadas; donde al fin nos podemos sentar y hablar de una verdadera transformación de conciencia. Una sociedad donde al fin podamos trabajar en equipo. Ese era mi sueño. La utopía que soñé cuando emprendí mi camino académico. Lo es aún, o eso es lo que aveces pienso.
Las palabras vienen y van, de todas formas, somos un mar de contradicciones. Hoy estamos a favor, mañana en contra dependiendo de que tanto nos afecte. Siempre habrá una posición política, aunque te consideres apolítico, en la que te identificarás y calaras casi perfectamente.
¿Que es lo que pienso de mi exactamente? Está bipolaridad, o tripolaridad o polipolaridad es una cosa jodidamente extraña. Ni siquiera la percibes. Simplemente las cosas que ayer querías, las cosas que te gustaban se van como agua entre las manos y la vuelves a tomar del suelo para convertirla en una mezcla de matices que ahora tienen color y sabor. Algo diferente nos cambia. Pienso que soy un inmaduro ser humano. Creo que también me decepcionó a mi mismo. Me ahogo en mi propia basura. Ni siquiera soy capaz de desechar y espantar mis propios demonios. He flaqueado ante mi moralidad. Mi sentido de lo que es bueno y lo que es malo, ha sido cambiado por un par de beneficios próximos que me dejan igual de vacío y a la vez traicionado; mientras la conciencia diariamente te recuerda lo frágil y débil que eres. Que al parecer te venderías como un transable pedazo de mercancía cuya única utilidad es la de ser algo, una cosa sin voluntad, sin conciencia de su ser, que va de aquí para allá, con un bajo amor propio. Yo hice mi propio cielo y mi propio infierno. No hay que sufrir pero basta con hacer miserable tu propia vida. Una vida apagada, frustrada y fracasada. Si supieran desde el lugar que estoy escribiendo en este preciso instante, verían que no tengo remedio. Parece estoy siendo una basura más. ¡Salvemos el planeta! Saben, ahora entiendo a los suicidas. No soy uno, pero mierda, aveces uno siente que debería ser desechado, que la energía invertida en la transformación celular del gameto en la fecundación de óvulo por el espermatozoide fue pura estupidez. Algo así como que llegar primero no siempre es ganar.
Al final del día, disfruto también la vida. No sé porque estoy en ella pero no soy capaz de dejarla. Mi cerebro se acostumbró a ella. Por más que me sienta como un desperdicio creo que a alguien hago sonreír y eso es más que suficiente. Si puedo cambiar el mundo ojalá que sea sacando sonrisas. No sé si mi postura sería y mi aura aveces petulante ayuden un poco, se que ni siquiera soy alguien gracioso, pero cuando lo logro, creo que el que más ríe soy yo. Este breve ensayo carente de recursos y argumentos es una simple demostración de que mis cortas  capacidades me limitan. Al final esa es mi reducida capacidad. No voy a seguir quejándome de ella y aunque el medio me condicione voy hacer mi propia y feliz morada la mejor oportunidad de vida que en cualquier tiempo y espacio se me pudo conceder.
Siempre me trae recuerdos el mar. Fui una sola ves pero tuve una memorable experiencia. Creo que conocí la verdadera paz. No hubo nada más cercano a eso. Un hermoso paisaje que ver, ningún problema cercano, la compañía de un buen libro y una cerveza, una silla con vista al ocaso del Sol... De verdad que quiero despertarme nuevamente en ese paisaje donde el tiempo no hacía su efecto unidireccional. Espero volver a tener esa sensación. Es como hacer el amor y llorar de la felicidad.

Y así sigue la vida, con buenos y calurosos días, la mía no, mejor dicho, hoy no es ni día. Siempre buscaré aquello que justifique el porque estoy aquí. Alguien diría que quisiera renacer y nacer en el seno de una familia rica, otro quizás quisiera tener la misma vida y corregir aquellos errores que la inexperiencia, la sozobra, el ego y el orgullo, no le dejaron disernir a tiempo. Pero eso es, lo lindo de vivir; ese es el desafío. La supervivencia del más acto, pero el ser humano tiene un premio al cuál apunta siempre, vivir bien. Yo quiero vivir bien. Por más invesil que llegue a ser, quiero llegar a viejo, y tener una linda esposa, unos ejemplares hijos y una casa grande con una pensión o entrada económica por la cual no me preocupe por otra cosa, que por vivir. Es tan difícil ahora. Aveces dan ganas de llorar; el llegar a casa y ver la nevera vacía, con más hambre que tú; ver a tu madre y cómo le pasan los años y que ella desea con anhelo descansar, pero sigue dando la lucha sin parar aunque el cuerpo la haga llorar, con la cara cabizbaja y tú, lo más deprimente, sin una respuesta. Sentirse impotente, es duro, la identidad moral, es dura. En quien creó, en que creo, que hacer. Cuando irán bien las cosas. Tal vez nunca. Cómo dijo un viejo una vez, la felicidad es un momento que dura segundos y se recuerda toda la vida. Quiero tener muchos segundos de esos, que se vuelcan minutos, horas y días.
Y

que decir del amor. Siempre ha sido esquivo para mí. No soy alguien agraciado. Casi siempre estoy desaliñado, no me preocupa mi aspecto físico y me da igual si me ven o no. Ni tengo tacto, ni paciencia y considero una buena relación aquella donde me conquistan y puedo conquistar. Detesto el plano machista donde es el hombre quien propone y la mujer quien dispone, empezando porque se me hace difícil acercarme a una mujer. Soy un cobarde en efecto, y tal vez por eso me excuse en un hecho tan simple como la igualdad de condiciones. La verdad es que adoro el amor a la antigua, los versos a la ventana, los chocolates y flores, las visitas en la sala y las cartas escritas con el corazón en la mano. Pero también adoro el lujurioso don que existe en el fondo del amor. Las ganas de revolcarse como puercos en el lodo y hacer gemir y hacer gritar el amor, sin restricciones. Me parece lo más honesto y deshonesto que existe en el amor, tener que ocultar las ganas de hacerlo. Pero el amor no se me da, ni con quién quiero, ni como me gusta. Simplemente paso desapercibido como un cero a la izquierda. Ya me han rechazado cuántas veces, que me he acostumbrado a esperar que me boten. No sufro por eso, pero cuántas veces me he ilusionado con unos labios carmín sabor a miel y unos ojos que enternecen cuando los veo y me miran. Espero tener algún día ese esquivo sentimiento, reflejado en los ojos de la mujer que amo, acostada al lado mío luego de hacer el amor como puercos que se revuelcan en el lodo.
Y así sigo quejándome, con el anhelo de tenerlo todo algún día, de lograrlo todo, aunque hoy no espere nada.
En fin, después de esto vuelvo y me contradigo. Otra vez mi posición no es clara. Pero algo si es seguro, esta ves termine amando la vida.

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⏰ Ostatnio Aktualizowane: Sep 13, 2018 ⏰

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Un Día En El Que No Hice NadaOpowiadania do pokochania. Odkryj je teraz