Efectivamente estaba enamorada. Toda una vida con él, es lo que tiene. Dieciséis años y aún compañeros de clase. Decidí declararme entre lágrimas y una rosa. Me aceptó, afirmó que también me amaba. Yo creí. Comenzó a pedirme mi moto -Si tú eres mia, tu moto también cariño~- Sus tiernos besos en mi frente me obligaban a asentir. Un día me cabreé -Es MÍ moto, si quiero salir y llevármela tengo todo el derecho- Me asusté de ese tono impropio en mi. Sentí el contacto con el frío suelo. Me empujó. Tampoco le culpé, es un buen chico.
