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Llegóse un día a la ciudad un hombre de extrañas palabras, vestido de ostentosa ropa de calidad, con ojos saltones y el pelo envuelto en una melena.
Llevaba por nombre nada más y nada menos Domínico y con el traía un maletín muy negro, tan negro como el endruno corazón de un hombre malvado.
Dirigiose con estropitoso caminar por las calles y alamedas de la ciudad, viendo a la gente que disimulaba su pasar.
Encontrándose al poco tiempo en su camino un gran Pedregal.
Veía solo piedra, roca, hombres y hombres picando la piedra y rocas despellejando almas.
Con mucha curiosidad acercose a mirar el duro trabajo que hacían aquellos mountros a pleno sol.
Ya muy cerca escucho a los hombre hablar.
  - yo quería ser abogado- decía, mientras uno que acababa de descansar respondía.
  - yo hubiera sido un magnífico actor- y más tanto el tercero simplificaba.
  - yo solo quería estudiar-.
  De esa manera con sus ilusiones en el corazón, siguieron con su rutina diaria de picar las piedras, mientras aquel hombre se alejaba pensando en lo que había oído, diciéndose a si mismo.
<<Supongo que no se puede ser, lo que se pudo ser, pero se puede ser, lo que se quiera ser>>
Y siguió su recorrido con dos piedritas en la mano que las botaba hacia el cielo y cuando caía, tiraba la siguiente.

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⏰ Last updated: Oct 31, 2017 ⏰

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