Capitulo 1

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—Alis, ¿puedes encargarte de esa mesa?

Miré a Jessica un segundo, comprobando la mesa a la que se refería tras señalarme el fondo, tras el mostrador con una expresión suplicante mientras terminaba de apuntar un pedido en la libreta, arrancaba la hoja y la dejaba con un golpe en la barra frente a Joh.

—Vale.

No era necesario preguntar. Las mesas abarrotadas, el bullicio al punto de la locura y la necesidad de gritar mas alto que el resto para hacerse oír. Iba a ser una noche movidita y los ánimos ya estaban lo suficientemente calentitos para asegurar que saldría del trabajo bastante harta.

Suspiré dramáticamente y agarré una de las libretas antes de ir a por el delantal y ensayé un momento mi perfecta sonrisa profesional, borrándose de golpe en el instante que me acerqué a la mesa y reconocí a Brent. Era sorprendente el autocontrol que podía tener para no girar sobre mis talones y alejarme de aquella mesa.

—¿Qué vais a pedir?

—Alisson.

Los dientes me rechinaron. Apreté con fuerza los labios y miré con la mandíbula rígida a los ojos azules de aquel tipo que había adoptado una enfermiza —al menos a mí me ponía enferma cada vez que lo hacía— costumbre de pronunciar mi nombre cada vez que me veía.

—Alisson.

Y encima lo repetía varias veces al punto de lo chirriante.

—Alisson.

—¿Vais a pedir algo o vuelvo más tarde?

—Tengo libre este sábado —soltó Brent con una de sus perfectas sonrisas blancas—, después del partido —añadió con un tono de consideración, mirando a sus amigos que cabecearon sonrientes —unas sonrisas que hacía un mes había dejado de intentar buscarles un significado—, sin dejar de mirarme, como si verme con una expresión de enfado —o de aburrimiento, o lo que fuera que mostrara cada vez que los veía sentados en una de las mesas del bar— fuera de lo más interesante—, puedo hacerte un hueco para quedar contigo.

Si hubiera tenido cualquier otra cosa en la mano posiblemente lo hubiera dejado caer, pero me limité a atravesar varias hojas de la libreta con la punta del bolígrafo y fulminé la hoja rota para evitar levantar la mirada y abalanzarme sobre alguien.

No podía creerlo. Todo había comenzado una noche cuando había tenido que atenderlo a él y a su manada de simios y por un malentendido él había creído que estaba interesada en él.

Admitía que era guapo, capitán del equipo de béisbol y tenía unos ojos impresionantes, pero era un completo cretino y la manera que actuaba, como si aceptase salir conmigo —algo increíble ya que yo no recordaba haber querido salir nunca con él— por compasión, sólo conseguía crisparme los nervios en vez de hacer caso a los ánimos de mis amigas para darle una oportunidad. Eran esos momentos en los que echaba de menos seguir siendo invisible, algo de lo que había dejado de serlo gracias al malentendido con Brent.

Finalmente arranqué el bolígrafo de las hojas y levanté la mirada hacia Brent con un intento de sonrisa.

—¡Ay! ¡Imposible! Ese día trabajo.

—Puedo venirte a buscarte.

Posiblemente mi mirada no fue muy agradable, pero Brent tenía otra peculiaridad que había descubierto en ese tiempo en el que había hecho algo regular sus visitas al bar: tenía una capacidad increíble para no darse cuenta de nada, al menos no de aquello que no quería o ver o que simplemente no entraba dentro de su realidad. ¿Qué no quería salir con él? Para él eso era algo simplemente imposible. Posiblemente para Brent y para el resto de su manada, yo tenía que estar derritiéndome en ese momento, dando saltitos de felicidad y pensando ya en el vestido que me pondría para la ocasión... Suspiré ruidosamente y resistí las ganas de apuñalar la libreta de nuevo.

SHADES (silence 3)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora