El burdel Escarlata era uno de los burdeles mas famosos no solo del tercer nivel de Meliora, sino de toda la ciudad. No soy la clase de tipo que le gusta ir a esta clase de lugares. Si en algo estoy de acuerdo, es que es mejor llevarte a la mujer a tu casa y pasar un buen rato. Tan solo verlas bailar o pasar un efímero momento con ellas se me hacía una estupidez.
Pero yo no iba a divertirme. No, estaba ahí por algo más. Algo que me llevó a aquel maldito lugar en uno de los rincones más inhóspitos de nuestra maldita ciudad. Realmente yo no encontraba diversión en el sexo, ni en ningún tipo de actividad apasionada. Pero lo que en ese momento me llevaba ahí, me excitaba de cierta manera hasta mis límites.
Avancé con decisión hacia la puerta protegida por el gorila. Ese día (y como casi todos los días) vestía mi atuendo característico: camisa blanca y una corbata roja, rematado con un saco negro y un pantalón también negro. Vestía mi infaltable sombrero de copa y portaba mi infaltable bastón. Como amaba ese bastón, con su punta de calavera de alguna criatura extraña.
Las mujeres siempre me habían encontrado atractivo ¿sabes? A pesar de que caminaba con cierta dificultad o pese a la cicatriz enorme que atravesaba toda mi cara, las mujeres me encontraban. Ellas decían que era por mi estilo. Yo no lo creo, además, cuando se enteraban de otras cosas que decían sobre mí... Bueno, algunos secretos es mejor guardárselos.
Y es que cuando eres detective, tienes muchos que guardar. Si, soy detective. Y mi nombre es Harry Elves.
El gorila (literalmente, un gorila) se me quedó viendo con firmeza cuando me acerqué mucho a la puerta, una llamativa puerta acolchonada de color rojo. Encima de él, estaba el anuncio de neón que decía Escarlata con letras cursivas y a su lado, la figura de una sensual mujer. El gorila rápidamente me cerró el paso.
-A esta hora solo pasan miembros, el pase para los invitados cerró hace dos horas- me dijo enojado
Observé detenidamente al gorilón sin decir una palabra. Era una bestia enorme, de un poco más de dos metros. Su pelaje era negro y vestía un elegante traje blanco, además de tres collares dorados que rodeaban su cuello. Pude notar que sus manos eran plateadas. Implantes cibernéticos. Últimamente se estaban volviendo tendencia en los barrios bajos.
Consulté mi reloj. Era pasada la medianoche.
-Pensaba pasar un buen rato de lo que resta de la noche ¿sabe?- le dije -Me gustaría que me dejara pasar-
-Ordenes de dentro- negó con la cabeza -A menos que seas miembro, no te puedo dejar pasar-
-Venga hombre. Un invitado más, un invitado menos. Nadie lo va a notar-
-Lo siento, no puedo. Ahora, sal de aquí antes de que te arranque la cabeza-
Y no lo dudo. Una bestia con tal magnitud de seguro podría arrancármela de un golpe. Pero no me intimidaría. No había llegado tan lejos como para perderlo todo ahora. Lo encaré.
-Mire, señor gorila, yo vengo desde el segundo nivel, esperando que una de sus chicas calmara mis ansias. Verá, soy un hombre ocupado, necesito que alguien libere toda mi tensión-
-¿Me viste cara de tu terapeuta?- su tono se irritaba más y más. Me tenía que dejar de juegos -Lárgate de aquí, ya te dije mis condiciones-
-Demonios. No me gusta hacer esto, pero supongo que tendré que hacerlo-
La frase tuvo su resultado. Pude percibir como cambió la expresión del gorila y como disimuladamente se preparó para una pelea. Pero yo no era así. Trataba de evitar la violencia a toda costa, aunque esa noche, era muy probable que hubiera mucha violencia. Saqué una pequeña bolsita de dentro de mi saco. Estaba llena de créditos. Saqué tres tarjetas purpuras.
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Harry Elves: El detective mágico
FantasyHarry Elves no es un detective cualquiera. Es un detective extraordinario que ayuda a las criaturas mágicas en la caótica y violenta ciudad de Meliora. Pero esconde un secreto: es un elfo, y los elfos no son muy bien vistos en un mundo puramente hu...
