Me llevan por los inmensos pasillos con las cadenas que sujetan mis manos y piernas, los vigorosos gritos de las demás hacen eco en mis tímpanos y no sé si son para la oficial que me ha sacado de esa celda o se estremecen al verme pasar. Es difícil caminar con esto en las piernas, pero me las ingenio a paso lento y constante, con tal de no llevarme una reprimenda de la persona vestida de gris a mi derecha. Las inmensas puertas de seguridad se abren solo con una señal de autorización de mi guardia.
El pasillo se vuelve más angosto conforme vamos avanzando, ¿A dónde me llevan? aún no lo sé. A veces solo creo que es para propiciar me las golpizas matutinas a las que ya me he acostumbrado o simplemente para atormentar me con la atrocidad que me trajo a este áspero lugar. Me abre una pequeña puerta de metal y al ver a dentro esta un hombre.
Él es alto y cabello castaño, su edad a oscilar entre los cuarenta o cincuenta, trae un traje azul muy acorde a su aspecto pulcro, el rostro sin rastro de bello y unos dientes aperlados que se desplazan por sus labios al verme entrar.
-Podría quitarle eso a mi cliente- espeta con tono autoritario.
La oficial sin objeción alguna pero con mirada sebera saca las llaves y libera de esa opresión a mis muñecas y tobillos, dejándome una sensación de soltura.
-Ya puede retirarse oficial- ella sigue con la mirada profunda, que puede doblegar a cualquiera.
Pero a él no, a él no lo hace retroceder y regresa la vista a mí. La oficial se marcha con cólera, ira y frustración, por que la persona frente a mí no sede, no se deja influenciar.
-Toma asiento Isabel- hago lo que me pide.
Arrastro la silla y me poso en ella, él solo me ve, sus ojos verde esmeralda me invaden y conmueven. Estoy enmudecida y a la vez sorda, veo que mueve los labios y que probablemente palabras salen de su boca, pero de todo lo que dijo solo escucho esa palabra que he soñado tanto tiempo.
-… por lo que hoy ya eres una mujer libre- libre, soy libre, mis ojos se abren tanto ante la impresión no lo puedo creer, soy libre, puedo irme, puedo salir de estos muros abovedados y fríos, alejarme de esos que se la pasaron maltratando mi cuerpo, el cual se marchitaban con los trabajos extenuantes e inhumanos que nos hacen realizar.
Me levanto de la silla metálica, provocando un rechinido estruendoso y cae, haciendo eco en las paredes de la pequeña habitación. Me paso la mano por la frente recorriendo mi cabello, no me creo lo que este hombre con traje me ha dicho.
-Isabel- me dice y está frente a mí, mirando con estupefacción e intriga ante mi reacción.
Me abalanzo a sus brazos, lo estrecho con fuerza y el solo me regresa el afectuoso laso, lleno de gratitud, jovialidad y júbilo. Lágrimas de dicha se deslizan por mi rostro y no puedo soltar a este hombre que ha dado todo por este momento, que ha hecho lo imposible posible y que ha demostrado entrega.
-Isabel, sales hoy- me aleja y contemplando mi semblante- saliendo de este cuarto te llevaran a recoger tus pertenencias, yo te veré afuera, de acuerdo- asiento efusivamente y no puedo ocultar la sonrisa de mi rostro- te veo afuera- da un golpe a la puerta y entra con precipitación mi oficial, quien saca las cadenas nuevamente.
-¿Es necesario? - Le espeta al ver mi reacción.
-Sí, hasta que salga por la puerta principal- dice de forma áspera y arrogante.
Coloca nuevamente los grilletes en mis cuatro extremidades, yo contemplo y accedo, no me mintió, no creo que lo hiciera, no sabiendo lo que esas palabras provocaron en mi pecho. Me lleva a tirones por otro de los pasillos, donde me fichan y establecen las condiciones de mi liberación; estoy bajo custodia del estado, no puedo salir del mismo o del país, si incumplo con las normas establecidas a mi liberación regresare, y no quiero regresar.
-¿Quedo claro?- espeta fuertemente
-Si- digo en un susurro
La directora del reclusorio solo me observa, creo que no comprende como pude salir, no después de lo que hice; pero lo hice por mí, mi libertar, mi vida y el precio fue muy alto. Salgo de la oficina y me encaminan aun con cadenas sobre mí, a otro modulo donde otra mujer vestida de gris saca una caja con mi nombre en ella.
-Identificación, pasaporte, cartera, llevas, pantalón de mezclilla, playera, zapatillas deportivas, calcetines y una cadena con dije de infinito- mis ojos se abren al ver el pequeño colgante en sus manos- ¿Es todo?- solo asiento.
Me extienda la caja y la oficial de resguardo me quita las cadenas sin delicadeza alguna, los apretó tanto que la circulación fue bloqueada.
-Puedes cambiarte en esa habitación- me señala la mujer tras el mostrador.
Me encamino al pequeño cuarto y veo mis cosas, retiro el overol naranja que he cargado estos últimos años, mi cuerpo moreteado por los golpes y caídas, delgado por la mala alimentación del lugar. Me coloco las prendas contenidas en la caja, cubren las partes que no quiero que vean, los peores golpes o cicatrices dejadas por las riñas y las oficiales a nuestro cuidado. Me coloco la pequeña cadena y la admiro, sin poder ocultar la felicidad de volver a tenerla rodeando mi cuello, la sensación es gratificante. Salgo del pequeño cuarto y dejo la caja, a la que le quitan mi nombre y me hace firmar un documento con información de lo que contenía y lo que se me entrego. Me dirijo a la enorme puerta que da al exterior, solo una vez vi esa puerta fue cuando entre a este lugar.
Mi nombre es Isabel Miller, tengo veintitrés años y llevo tres años recluida en esta prisión, pero hoy por fin soy libre de vivir de nuevo.
BẠN ĐANG ĐỌC
LIBERTAD: INICIO DE UNA NUEVA VIDA
Teen FictionCada historia es diferente y su final depende de cómo escribamos el caminó. Isabel Miller, una joven de veintitrés años prisionera de su pasado y sus pecados, nunca conoció la LIBERTAD. Siempre cargando las cadenas de su tormentoso mundo. Alfred Rob...
