Necesito manejar rápido, los cauchos de mi viejo Volkswagen se deslizan por la mojada y peligrosa carretera. Tengo temor, pero a la vez una gran tristeza, viajo solo, a 100 km por hora para que nadie vea mi triste rostro.
Miro por el retrovisor, se acerca un auto negro, me saluda tocando fuertemente la corneta. No devuelvo el saludo, simplemente me limito a ver mi camino.
Casi no veo la peligrosa curva donde te perdí, pero domino ágilmente el volante y tomo el control. Veo caer enormes y gruesas gotas, las que logran entrar por la ventana del auto se confunden con mis lágrimas, pronto llegaré a tu casa y aunque por ahora no pueda entrar me conformo con decirte, desde afuera de tu nuevo y perpetuo hogar, que siempre te amaré.
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Lágrimas del camino
Short StoryCuando perdemos a un ser querido sentimos una brasa ardiente que nos consume poco a poco y parte de nosotros parte con esa persona. Nuestro único deseo es volverlo a ver...
