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Esta historia comienza aquí, que lugar y tiempo tan precisos para empezar con algo que joderia mi vida, no hace falta que te diga donde empezó, lo importante es el lugar donde terminará.

25 de abril.

Eran las 02:30 am, un estruendo en la calle hizó que los vecinos prendieran las luces de sus habitaciones y asomaran un ojo después de echar a un lado sus gruesas cortinas color verde esperando que nada malo hubiera ocurrido en su vecindario, al ver de quien se trataba miraron con exasperación la casa que estaba al fondo. Era sorprendente que después de haber pasado ya cinco años aún no se hubieran acostumbrado al joven loco que vivía ahí, solo y alejado del mundo.

Todas las noches el joven artista de ojos color avellana se despertaba a largas horas de la noche para dibujar cualquier cosa que le hubiera pasado en sueños, esa noche no fue la excepción; había despertado hace más de media hora con la que aseguraría él sería la maravilla que joderia su vida a más no poder, lamentablemente para él, al tomar el lápiz el rostro de su 'musa' perdió forma, sólo recordaba la forma de sus ojos y a cada trazo fallido perdía la cordura cada vez más.

Un vecino le gritó que se durmiera o dejara de hacer ruido y dejara que la casa pareciera lo que es, una casa abandonada. Era cierto, esa casa sólo cobraba vida en las noches y era casi imposible darse cuenta.

Cada noche que despertaba, el chico prendía una diminuta vela y se colocaba en un rincón de la habitación del segundo piso para poder dibujar, su meta de siempre era haber culminando su obra antes de que la vela se acabara, curiosamente siempre lo conseguía.

Esa noche todos debieron advertir que algo diferente pasaría, sus vecinos que no volvieron a escuchar sonido alguno, el gato de la vecina que siempre le hacia compañía por las noches y que él odiaba con su vida, el universo o incluso él mismo debió haber supuesto que algo andaba mal; el chico apagó la vela por su propia cuenta, tomo su abrigo negro y salió de su casa sin dejar nada más que el trazo de unos grandes ojos que mostraban la vulnerabilidad de su dueño, sin embargo era lo único que había ahí.

El chico caminaba perdido a pasos presurosos, movía los dedos con ansiedad, sabía que no debió dejar su obra así pero de no hacerlo se habría vuelto loco, era un día frío, cada vez que resoplaba y de su boca salía humo anhelaba estar fumando un porro en el sofá de su sala, al tener esta imagen en su subconsciente la velocidad de sus pasos disminuyó hasta el punto de parecer que solamente los arrastraba como si dar un solo paso más le costara la vida.

Se detuvó fuera de una tienda de discos, no tenía ninguno, pero tenía un tocadiscos, algo irónico, anhelaba con su vida comprar alguno pero se negaba a hacer más ricos a artistas que si bien no hacían lo mismo que él habían triunfado y hecho más de lo que él haría en su jodida vida.

En toda tu jodida vida, , de haber sabido que estarías de pie ahí me hubiera ido por la ruta larga. No, no me mires así, ambos sabemos que no lo habría hecho, de haber sabido que estarías ahí no habría cambiado de camino, de haber sabido que estarías ahí y como terminaría esto ni siquiera habría salido de mi casa ese día, pero no lo supe y la tragedia ocurrió.

La chica miró con los ojos llorosos a su ex prometido, no podía creer que en cierto punto de su vida había aceptado casarse con él, por suerte aún podía deshacer el compromiso. No era la primera vez que él intentaba abusar de ella, pero esta vez fue lejos, para suerte de la chica ese día un oficial estaba dando su recorrido por esa zona de la ciudad y pudo impedir que algo conllevara a una violación en la que nadie habría defendido a la chica.

El oficial se ofreció para llevar a la joven a su casa, ella negó, se suponía que iba a salir con su prometido toda la noche. Ella no lo amaba, sólo había sido un acuerdo entre ella y su tía para aumentar su fortuna. Sus padres la dejaron a merced de su tía cuando apenas era una niña de cuatro años, no volvieron nunca por ella ni se comunicaron con la familia, años después en los periódicos locales pudieron enterarse que su padre sufría esquizofrenia y había matado a su esposa.

La menor fue la que menos se vió afectada por la noticia, creció como toda niña normal, no obstante se había cerrado completamente a tener cualquier tipo de relación amistosa o amorosa, sin embargo eso cambió, cuando cumplió quince años su tía le había sacado provecho a la belleza de la chica haciendo que se relacionara con los hombres más adinerados llenándolas de lujos, algo gracioso de esto era que mientras ella mantenía relaciones amorosas con hombres disfrutaba de saciarse con las mujeres más lindas del pueblo. Cuando esto se supo su tía no dudo en comprometerla con Paul Walker, el riquillo calentón y carita del lugar, lo que se decía de la chica quedó olvidado mientras todos estaban felices organizando las cosas menos ella, era un acuerdo que sólo beneficiaba a su tía, eran tiempos modernos pero parecía que estaba atrapada en una mala película de la edad media.

Esa noche ella tomó el camino largo para regresar a su casa y por primera vez pensó en como sería su vida si alguna vez hubiera comenzado una relación por amor, si sus padres no la hubieran abandonado con una mujer que solo pensaba en cuantas cifras tenía su cuenta bancaria. Se metió en una calle muy transcurrida en la madrugada quitando la peineta en forma de corazón que sostenía su cabello, por primera vez sólo deseaba tener una relación donde hubiera amor y fuera recíproco.

Bajó el ritmo de sus pasos y subió la mirada encontrándose con unos ojos color avellana, se quedó plantada en el suelo y soltó un suspiro cuando él entre abrió sus labios, sólo había un metro de distancia entre ellos.

Él sabía que era ella.

Ella sabía que él seria quien pondría su mundo al revés.

La joven se acercó a paso lento hasta llegar frente a él.

—Hola, soy Gabriel.

Y el universo entero deseo no haber desatado tal caos.

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