Viaje onírico

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Con una inspiración profunda, se inunda de aire y de algo de magia. Imprime en su cabeza las baldosas del techo, con un ligero impulso imaginario es un océano de baldosas lo que observa. Cierra los ojos lentamente, no hay prisa cuando el tiempo ya no está. Sonríe para sus adentros porque sabe que se va de viaje, un viaje sin maletas. "Esta marea me lleva hacia atrás", fue lo que pensaba a medida que se hundía en un denso fango, que con frecuencia solía llamar recuerdos.

Ya sumergido muchas capas, el presente está borroso y el pasado también. Está en tierra de nadie, vagamente humano es lo que resta y se hace evidente lo frágil de su psique. Son unas finas cadenas de plata, sujetan algo apenas sólido, incoloro, su forma más pura es la ausencia de ella. Así es que bucea por tan inciertos parajes mientras nota la tensión de sus ataduras, que amenazan con romperse y abandonarlo, con dejarlo solo en el más profundo de los pozos. 

Es una historia de vacío y violencia el valle que contempla. Una sucesión de tapices unidos por un orden a duras penas claro. Entre gritos, juegos infantiles y miradas sin destino puede encontrarse. No le gusta, quema y se acurruca, pues no está hecho el tierno ojo para una visión tan cruda.

Sale cojeando de su peculiar viaje, un par de cicatrices, nada más. Le quita el brillo a sus ojos y la melancolía a su rostro, pues no quiere ver lágrimas rodando por él. El viajero vuelve a casa.

Espira.

Líneas manchadasStories to obsess over. Discover now