Capítulo 33

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Parpadeé repetidas veces al recobrar la conciencia, la luz me molestaba y la cabeza me retumbaba, seguramente me había llevado un fuerte golpe en la cabeza.

Al acostumbrarme a la tenue luz del lugar busqué a Ana con la mirada, temía que se la hubieran llevado. Respiré un poco aliviada al encontrarla tirada en el suelo y me acerqué para comprobar si estaba viva, por suerte respiraba, aunque con dificultad.

Me recompuse y aprecié que estábamos solas, rodeadas por dos colchones azotados en el suelo, un armario de madera medio roto y un cubículo donde seguramente había un minúsculo váter.

Corrí como pude hacia Ana al escuchar unos ruidos, aún me sentía un poco débil por lo sucedido.

La abracé con fuerza al notar la silueta de un hombre iluminada por la fuerte luz que se emitía desde fuera, parecía que aquí no había lámparas, solo una minúscula ventana a lo alto que apenas iluminaba la habitación.

—¿Quién eres? —pregunté con dificultad al sentir la garganta seca.

—Oh, così si è svegli, meraviglioso —murmuró en italiano—. Soy Marco Fiore... il tuo capo.

—¿Capo? ¿Qué quieres de nosotras?

—Mi dispiace, non parlo molto bene in spagnolo —se disculpó—. Il tuo jefe e socio di Daniel.

Las palabras jefe y socio de Daniel me hicieron entender por dónde iban los tiros, sin necesidad de comprender el italiano. Mis instintos de alerta se despertaron al sentir el peligro de la situación, Marco iba a vendernos, usar nuestro cuerpo en su beneficio.

—La ragazza ha il ciclo? —preguntó interesado —Quanti anni ha?

Mi mente pensó rápidamente la respuesta, entendía su pregunta al ver cómo Marco señalaba hacia Ana, quería saber si era lo suficientemente mayor para mantener relaciones sexuales, seguro que si decía la verdad la salvaría.

—No, aún no —respondí secamente, luchando por tragar saliva y humedecer la garganta.

—Oh! Va bene, allora è perfetto —contestó sorprendido, parecía contento.

Tras decir esas palabras se giró para marchar, parecía que tenía prisa para hacer algo.

—¡Espera! Ella aún no se ha despertado, quizá está mal, necesita un médico —imploré.

—Un dottore? Questo non è un ospedale, mia cara.

Al cerrar la puerta y recordar su tono alegre me di cuenta de que la había cagado completamente. Por alguna razón eso estaba bien para él, pero jodidamente mal para nosotras, sobre todo para Ana.

Miré de un lado para otro esperando encontrar algo para ver si Ana estaba bien, no quería que viviera esta mierda de situación pero tampoco quería que se muriera, necesitaba que se despertase para intentar descubrir cómo salir de aquí.

Volví a arropar a Ana entre mis brazos en señal de defensa al sentir la puerta abrirse otra vez, aunque se trataba de alguien diferente, un hombre que ya había visto antes.

—Dámela bella, tengo que llevarla a otra sala con más luz, aquí no veo una mierda.

—¿Qué coño haces tú aquí? —gruñí mientras tiraba de Ana con fuerza para que no la cogiera.

—Trabajo aquí, bella —sonrió.

—No pienso dártela.

—Está bien, entonces no miraré a ver cómo está —respondió dándose la vuelta—. Por mí como si se muere.

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