No podía dormir, mi hermano y sus amigos hacían mucho escandalo, eran las 2:00a.m. y ellos no me dejaban dormir.
<<con razón no los quieren en sus casas.>>
Fui a la cocina a tomar agua, me recargue en la barra del comedor, a pensar, viendo las estrellas.
- Lindo, ¿verdad? - mire a mi derecha, y ahí estaba el, con esa hermosa sonrisa, que me encanta.
- Ahg...mmm...si - murmure.
- ¿Qué haces aquí? - pregunto algo curioso.
- Pues, no podía dormir, por el escandalo que hay en el cuarto de Jack, ¿Y que hay de ti? Señor Wolfhard.
- No me digas señor, enserio no lo hagas - reí y tome un poco de agua.
- Entonces joven ¿Que haces aquí?.
- Tampoco podía dormir.
- Eh, debí pensarlo.
- Bueno, en realidad estaba pensando.
- Vaya piensas.
Ambos reímos.
- Ha decir verdad pensaba en alguien,- suspira - en una chica, muy linda.
- ¿Millie? - murmure.
- No, ella solo es mi amiga.
- Pues es una chica muy suertuda. - murmure.
- Esta chica, es muy linda, su cabello es castaño oscuro corto y sus ojos de un lindo color miel.
Mire a Finn y el me miro con una sonrisa.
- Es hermana de mi amigo - murmuro - admito que me da envidia cuando habla con otros chicos, cuando se ríe de sus chistes, a mi casi no me habla.
Solté una risita y lo mire.
- Pero, si ella no te habla tanto como esperas, ¿por que no lo haces tu?
Tomo un poco de agua.
- Por que cuando estoy con ella, se me lengua la traba.
- ¿Qué?
- Digo, se me traba la lengua. - no pude evitar reír.
- ¿Y eso?
- E-es t-tan linda q-que me pone nervioso. - murmuro.
Me miro durante unos segundos, los cuales parecían minutos, que se sentían como horas.
- Eres muy hermosa. - murmuro.
- ¿Tanto como la chica por la que no podías dormir? - pregunté viéndolo.
- Tu eres esa chica, la chica en la cual pienso todo el tiempo. - susurro.
- También pienso en ti, todo el tiempo. - susurré.
- Entonces hagamos al tiempo nuestro aliado y estemos juntos todo el tiempo que queramos.
Y sin más, nuestras respiraciones se mezclaron, coloqué mis brazos alrededor su cuello, con una mano me tomaba de la cintura y con otra me tomaba la mejilla. Los pocos centímetros que nos separaban se perdieron en el momento en el que nuestros labios se juntaron.
