Prologo

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Prologo

Estaba oscuro, frio, sentía la soledad del viento con solo respirar. Miraba una luz, pensando que estaba por morir, sabiendo que ya era la hora. No. La muerte no fue piadosa como en su pasado de soldado, donde vivió en trincheras, ríos, y calabozos. Debería estar pudriéndose en la tumba, pero eso no paso. Y la luz que veía, eso era un foco de medicina, que era para examinarlo. Luego, estaba atado a una cama de metal, con correas de cuero hasta el cuello. Logro ver que habían entrado tres personas. Uno, era un señor que aparentaba los cincuenta, era doctor, se veía por la bata y la tabla de análisis. Otro, era el que parecía el típico jefe de las películas baratas de la época, ya sabes, la basura que veían tus abuelos de los sesenta. Estaba calvo, con una barba de mosquetero superficial. Y el tercero era el tipo duro, un tipo de entre treinta y cuarenta, con un cuerpo robusto y que te podría transformar en puré. Luego se acercaron, hablando en ruso, y el no entendía un demonio, parecía que pusieras a un inglés con un italiano, simplemente se verá como el italiano está hablando con una estructura similar al español, pero el inglés no entenderá. Entonces, el líder le "ordeno" al doctor que hiciera unas cosas, el doctor se acercó a una máquina, introdujo una serie de códigos, y entonces, la luz paso de ser el único consuelo del hombre a su perdición, cuando esta se apagó y saco tres afiladas garras, que se acercaron a su cara y lo dejaron en la oscuridad, pues cayó en un sueño, donde no despertó.

Para cuando volvió en sí, ya no estaba atado, si no en un tubo, un tubo de líquido azul, donde podía respirar, pero eso ni lo sorprendía, a lo mejor era algo más, algo más que lo mantenía vivo. Luego el líder, se paró enfrente del tubo, con lo que era una foto en la mano, y él lo pego en el vitral del tubo. Era su esposa, la esposa que falleció antes que él, el peor sufrimiento que paso, peor que la guerra, peor que perder un hijo. Luego, con una voz que parecía el de la parca, hablo, y su voz parecía levantar muertos.

―Te hare sufrir de maneras peores, y te condenare al peor castigo de la humanidad, y cuando eso pase, por favor, regresa a mí―Dijo, siendo lo más oscuro y maniaco posible. Después, volvió a caer dormido.

Para cuando volvió a despertar, estaba en un asiento de lo que parecía un avión, pero solo veía y no estaba consciente de la situación, su cuerpo no respondía a ninguna orden suya, solo obedecía a alguien o algo exterior. ¿Estaba por voluntad o lo obligaban a estar por voluntad, lo cual es en contra de su voluntad? Sea cual sea la causa, no podía hacer nada, solo escucho al piloto hablar sobre el pronto aterrizaje y los demás civiles tranquilos. ¿También era una ilusión? ¿Lo querían volver loco? "Hace falta más que meterme en un avión y atarme contra mi voluntad para volverme loco", se dijo a sí mismo. Luego, sus ojos pasaron de ver el respaldo de un asiento, a un desfile, y él estaba sobre un tejado. Sintió que el tiempo era lento, y él era rápido, pero sus ojos definitivamente le fallaron ahí. No sabía por qué estaba en un desfile, ósea, ¿Qué? ¿Querían hacerlo olvidar los malos ratos y lo llevan de desfile a comprar helado y algodón de azúcar?

O tal vez, era porque ese desfile era para celebrar el cumpleaños del presidente John F. Kennedy, que estaba en una limosina saludando a los civiles, con su sonrisa característica al ser el presidente más joven seleccionado en ese tiempo para el país norteamericano Estados Unidos de América. ¿Qué, ahora lo mandaron por una foto? Su mente disipo todas sus dudas cuando vio un maletín negro en el suelo. Su cuerpo se mandó a sí mismo a agarrarlo, y cuando lo abrió, vio un rifle de francotirador allí, una Dragunov. En sus tiempos, él iba con una M1 a todas partes y una Colt 1911, pero nunca uso un rifle de francotirador, al menos no uno ruso. Lo tomo y se puso sobre el borde del edificio, mientras ajustaba la mira apuntando a objetivos desconocidos, hasta que sus manos lo fijaron en uno. El presidente. Puso el dedo en el gatillo y por momentos quería disparar al hombro o a una pierna, iría a la cárcel, pero al menos el hombre no moriría. Fue allí, cuando noto el cambio que lo tenía atado, vio sus manos y supo que era. Se supone que tenía más de setenta años, y le era imposible cargar siquiera la cargar el arma, ¿entonces cómo podía? Su mente era la misma, pero no el cuerpo. Su cuerpo era joven, se sentía joven, con fuerza, con poder.

Todo eso se esfumo, cuando su oreja capto el sonido de él jalando del gatillo, y aunque ningún ser humano es capaz de ver una bala, el no solo la logro ver, la capto, la sintió, vio como salió del cañón como una bola de fuego, y vio como partía el aire, rompiendo la barrera del sonido. La bala estuvo a centímetros de pasar enfrente del presidente, y cuando estuvo alegre de calcular de forma errónea su tiro, le dio en la sien. Un tiro fino y perfecto en la sien, donde se escuchó la bala triturar hueso. Y en menos de un santiamén, el público enloqueció, se volvió loco, la esposa de Kennedy llorando, el público corriendo y los guardias protegiendo, y para cuando vieron de donde venía la bala, solo vieron una cosa, el sonido del aire arrullador, que parecía recitar que en algún momento, el no existía, él era un fantasma. ¿Fantasma? No, más bien el aire mismo era el que era el fantasma, pues simplemente desapareció entre la multitud.

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⏰ Last updated: Apr 02, 2021 ⏰

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Asleep: Dormido entre el tiempoWhere stories live. Discover now