En la cordillera

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  Para el hombre que teme, todo cruje. —Sófocles  


El cielo apacible naranja de una tarde a punto de morir en la cordillera de puente quebrado, unas pequeñas casas vislumbran en el horizonte, el radio de alguna de ellas se escucha alegremente y las aves vuelan en dirección a dormir, ya no hay transeúntes en aquellos caminos rurales. Supondrán por que es un pequeño y campirano pueblecito alejado de afanes vanos y el ruido de ciudad , pero aquello distaba de que fuera verdad.

Entre la pasividad del lugar un alma desventurada surca las calles solitarias con pasos apresurados, escondiendo su rostro en aquel deshilachado y opaco rebozo de lineas grises ¿su destino? la tienda del pueblo,  tal vez para abastecerse de algo que no puede esperar o tal vez para vender algo.

-esta cerrado! ,  regresa mañana la noche esta a punto de caer y no debes estar aquí 

espetaba el tendero con un aire desconfiado y temeroso, intentado alejar a la mujer que se dirigía rápidamente a su establecimiento 

sin embargo aquella fémina de tez morena con sandalias en los pies y el rebozo sobre su espalda insiste algo en particular comprar tanto como  si su vida dependiera de ello.

tal vez fue la mirada desesperada y sin esperanza de aquella mujer de mediana edad o  el interés del tendero de hacerla marchar pronto que accedió.

Ya en casa, Soledad , mujer de 40 años de piel cobriza , complexión delgada pero robusta y recia como los cactus que crecían en el cerro de aquel lugar , yacía sobre sus rodillas, frente a un altar creado por ella misma, sacando de sus ropas como si fuera lo mas precioso y alto valor que poseía, una veladora amarillenta  y con sumo cuidado la enciende. 

Pasaron las horas y Soledad entre la penumbra y el silencio rezaba, ante cada vuelta de el rosario parecía una virgen de esas que están sin vida dentro de las iglesias sepulcrales con imágenes y serafines, susurraba y extendía plegarias, pero no estaba sola.

Entre aquel silencio sepulcral algo se escucha afuera,rondando, roces o pasos de algo como si estuviera calculando o soñando y ante eso Soledad se afianza a su rosario y reza un "ave maría " mas.

Tal parece que aquello fue en vano ya que la puerta principal hecha de madera es abierta estrepitosamente por un viento férreo y gélido,  el oscuro infestado se hace presente y un aire nebuloso toma la estelar, entre aquello, soledad abre los ojos pero no voltea, petrificada ante aquel ambiente pútrido, con el sudor frió sobre su espalda y rostro, sigue como si aquello no hubiera sucedido, mientras aquella insistente flama de aquella veladora casi a punto de extinguirse con la cera regada  sobre aquella mesita de madera estuviere esperanzada en no sucumbir ante aquel ciclo mítico.

dentro de la casa se escuchan gruñidos, risas y sollozos con sonidos ininteligibles, aquello había regresado.


El que repta por la nocheStories to obsess over. Discover now