El primer día lunes del otoño, las hojas caían de los árboles y la ligera ventizca era fría, parecía un día como cualquier otro, mi madre era la única levantada a las 4:30 de la mañana, se apresuraba a preparar el desayuno para toda la familia, daban las 6 y la casa ya tenía un agradable aroma a comida recién preparada, sólo esperábamos la señal:
--¡Chicos a desayunar!--gritaba mi madre desde la cocina.
Mis hermanos gemelos salían de la recámara medio vestidos, peleando siempre por el suéter del uniforme, mi hermana mayor bajaba a duras penas peinada, mi padre salía de habitación siempre haciéndose el nudo de la corbata.
--Buenos días, mi amor--saludaba afectuosamente mi padre a mi madre.
--Buenos días corazón--le respondía con dulzura antes de besarlo en los labios.
--¡Biag!--exclamaban los gemelos.
Mamá y papá sonreían y seguían abrazados, mi familia siempre ha vivido en el amor. Yo quería algo así, una historia de amor como la de ellos, que mi pareja me amara tanto como yo a ella, mientras muchos soñaban con acostarse con cualquiera, yo añoraba conocer a alguien con quien compartir el resto de mi vida.
Ese día tan normal marcaba el inicio de una nueva etapa en mi vida, ingresaba a la universidad, de entre miles de carreras que podía elegir, me decidí en última instancia por medicina, mis padres no estuvieron del todo de acuerdo, dudaban en veces de mi vocación de médico, pensaban que sólo era un capricho mío, y aún a pesar de ello, me apoyaron a seguir en ese camino.
--Apresúrate o no vas a llegar--me dijo mi madre.
--Ya voy mamá--dije mientras me tomaba de golpe el vaso de café que me había preparado.
--¿No era necesario que fueras con el uniforme desde hoy?
--No mamá, en la escuela nos darán indicaciones.
Papá terminó de desayunar y se dirigió a la cochera para sacar el auto, lo formó frente a la entrada de la casa, sonó 3 veces el claxon para apresurarme, me despedí de mi madre y ella me dio como siempre su bendición:
--Cuídate mucho mi amor, y échale muchas ganas.
Salí de casa y subí al auto:
--Haces todo un show para salir--dijo mi papá.
--Lo lamento, trataré de que no se repita.
--Sabes que sólo bromeo--dijo mi papá con una sonrisa--, estoy muy feliz de que ya irás a la universidad.
--No veías la manera de deshacerte de mí ¿verdad?--reí.
--En efecto, ya tengo muchas bocas que alimentar--mi papá entre risitas.
--Eres realmente malo--dije.
--De hecho este es un momento demasiado... cómo decirlo--hizo una pausa--, no sé como definirlo, me siento feliz y a la vez melancólico, no puedo creer que el tiempo se me haya ido tan rápido la vida, mis pequeñitos se están volviendo adultos.
--No vayas a empezar a llorar--dije para romper el momento melancólico de mi padre--, no traigo suficientes pañuelos.
Mi papá sonrió:
--Eres igualita a mí--me tomó la mano y la apretó con ternura--, estoy muy orgulloso de ti.
Llegamos a la terminal de autobuses y me despedí de mi padre:
--Nos vemos al rato, pa'.
--Cuídate mucho chaparra--me dio un beso en la mejilla--, ve con todo, como lo has hecho hasta ahora.
Bajé del auto e ingresé a la terminal.
