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Entre al pequeño lugar y me senté mirando al gran ventanal. El lugar era muy bonito y estaba algo solo, una que otra persona pasando la mañana del miércoles.

Me quede mirando la cartilla del menú que se encontraba sobre la mesa. No tenía mucho apetito y hoy se me había dado por estar solo... realmente quiero estar solo.

Camine hasta la caja y se encontraba un chico joven con la vista fija en la puerta. Gire mi rostro y note rápidamente que estaba viendo a una chica que parecía de su edad, iba entrando al lugar con un bolso que parecía pesar tanto que iba a quedar sin hombro.

—¿Desea ordenar algo? —gire a ver al chico y este colocó una mirada de sorpresa al reconocerme, supongo.

—Un cappuccino con crema y... un pastel de chocolate —le dije. Parpadeo un par de veces y con su dedo pulso la pantalla.

—¿Algo más? —pregunto. Moví mi cabeza en negación—. Bien. Un cappuccino y un rebanada de pastel de chocolate.

—No —levanto la vista y movió los ojos de un lado a otro—. Quiero el cappuccino grande y un pastel de chocolate, no una rebanada.

—Está bien —volvió a pasar su dedo por la pantalla—. Serían... ¿pagará con tarjeta o en efectivo? —saque la tarjeta y me paso la maquinita—. Puede ir a sentarse, le llevaremos su pedido hasta la mesa.

Me di media vuelta y al caminar a la mesa, me topé con la chica que había entrado hace un rato sentada allí. Ya tenía la mesa llena de hojas, libros y un computador. Se veía cansada y un tanto atareada.

—Esa era mi mesa —le dije cuando estaba cerca—. Pero no te preocupes, la necesitas más que yo —quito sus audífonos y al verme parpadeo varias veces, igual que el chico de el de la caja.

—Oh! Lo siento, es solo que siempre que vengo utilizo esta mesa —señaló todo lo que tenía en ella—. Ya vez.

—Si, no importa —gire mi cabeza y la mesa junto a ella estaba desocupada—. Puedes seguir en lo tuyo —asintió y susurro por lo bajo un "gracias" mientras camino a la otra mesa y me siento.

Saco mi celular y respondo uno que otro mensaje mientras espero mi pedido. Tenía mucha hambre, era como si fuese mental, quiera comer, pero mi estómago estaba completamente cerrado.

El chico del mostrador venía con una bandeja y al parecer con mi pedido. Antes de llegar a mi, colocó un café junto a la chica.

—Deberías deje de estudiar un poco y salir más, ¿por qué no vas al cine? Puedo acompañarte si quieres —el chico estaba coqueteando, definitivamente. Al parecer se conocían, pues claro "siempre que vengo utilizo esta mesa".

—Greg, no vine hasta California a perder en tiempo con tonterías —que cruel—. Estoy aquí para estudiar, lo quiero así. No quiero perder el tiempo que puedo usar para estudiar y ganar los exámenes y mantener mi promedio, pero igual, gracias.

—Bien, bien —camino hasta mi y colocó todo en la mesa—. Lo digo porque estas todo el tiempo en ello, Bear. No quiero que sufras un colapso de información o algo así —le murmuró Greg a... Bear.

—Está bien, lo pensare —rodó los ojos—. Gracias por el café, eres el mejor amigo que no deseaba —río. Justo en la FriendZone.

El chico se fue nuevamente al mostrador y la chica continuo viendo el libro y anotando unas cosas en el computador mientras también escribía algo en un cuaderno.

Comí poco a poco la mitad del pastel y mi cappuccino mirándola de reojo mientras copiaba y borraba una y otra vez. Movió bruscamente el codo haciendo que uno de los libros rodara hasta mis pies.

—Mierda —murmuró poniéndose de pie y limpiado unas gotas de café en su jean. Agarre el libro y vi el título que decía "Psicología Vol. 4" en letras azules.

—Ten —extendí mi brazo con el libro y ella apenada lo tomo—. Deberías relajarte un poco, así vas a olvidar más rápido las cosas.

—Tengo que estudiar esto, debo presentarlo en una hora —señaló en computador—. y hacer la evaluación oral —señaló el cuaderno—. No tengo tanto tiempo así que no puedo relajarme.

—Ven, Siéntate —rode la silla junto a mi—. Come algo de pastel.

—¿No escuchaste nada de lo que te dije? —puso cara de fastidio—. tengo menos de una hora para terminar el...

—Solo vas a comer algo por unos 5 minutos, relajar tu mente y tenerla más abierta para la nueva información, créeme, se de eso —la música me ha abierto la memoria, recuerdo más cosas de las necesarias.

—Ugh, pesado —se sentó y arrastró el pastel hasta su lugar—. ¿Por qué has pedido un pastel entero? Podrías enfermarte y además mucha azúcar puede...

—Solo come —rode los ojos y me recosté en mi asiento.

La vi comer casi nada del pastel, los cinco minutos pasaron volando, estuvo observando por la ventana mientras saboreaba cada bocado. Cuando sintió que era suficiente solo dio las gracias y volvió a lo suyo. Me quedé ahí viéndola hasta que terminó su trabajo y iba sin voltear a ver a nadie más.

-No me mires tanto, me vas a desgastar -dijo de repente antes de irse.

Al parecer ser incomprendidos está de moda, cuánto desearía ser así de invisible, pasar por medio de todos y que nadie piense "oh ahí va, solo como siempre, ¿qué le queda al pobre chico?", nada, no me queda nada.

Volví a la cafetería todos los días a la misma hora, me senté en la misma mesa por dos semanas todas las tardes, no la volví a ver pero algo dentro de mi me hacía sentir que tarde o temprano nuestros caminos se cruzarían.

One lifelong Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora