Capítulo 8

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Abrí los ojos, la furgoneta había parado y no sabía en qué hora vivía, ¿habríamos llegado ya?

El hombre abrió la puerta y me ofreció la mano para bajar. Al salir pude averiguar que estábamos en un garaje lleno de coches, no era tan grande como para tratarse de un centro comercial, así que supuse que se trataba del garaje de un edificio comunitario.

—Si escapas te perseguiré y te volveré a traer hasta aquí —Me advirtió.

Nos metimos en un ascensor y vi como pulsaba el segundo piso, incómoda traté de alejarme un poco, apoyando mi espalda en la pared. Era una escena surrealista, estaba al lado de un hombre que acababa de secuestrarme, sin saber muy bien qué hacer.

—Bueeeno... —dijo el hombre rompiendo el incómodo silencio.

—¿Dónde estamos? ¿Es la casa de Daniel?

—Sí, esta es. Espero que estés cómoda y disfrutes de la estancia.

Suspiré, hablaba como si se tratara de un hotel donde iba a pasar las vacaciones, siendo todo lo contrario, pagaría lo que fuera con tal de volver a mi casa.

Ya en el segundo piso, el hombre picó a la puerta y apareció Daniel para recibirnos.

—¿Cómo has llegado hasta aquí tan rápido? —pregunté sorprendida al verle, como si hubiera estado ahí desde siempre.

—Entrad —contestó mirando de un lado para otro.

Prácticamente, el hombre tuvo que tirar de mí para acabar en la entrada, cerrando Daniel la puerta tras nosotros. Debía de tener miedo de que me escapara porque había puesto el seguro y me miraba con cara de preocupación.

Le seguimos hasta el salón, un lugar bastante amplio para ser un piso, y luminoso, con paredes color cáscara de huevo y unos sofás en forma de L. Curiosamente, la televisión estaba sobre una mesa con estantes, llenos de libros infantiles y juveniles. ¿Infantiles? Enarqué las cejas, me parecía muy extraño en él.

Decidí sentarme en uno de los blancos sofás y me paré a contemplar lentamente a Daniel. Había cambiado, era más corpulento y tenía facciones más masculinas, más de hombre. Me mordí el labio de forma inconsciente, no quería admitirlo pero era muy atractivo, incluso más que hace años.

Daniel conversaba tranquilamente con el chico sobre nuestro viaje y el suyo, me pareció oír la palabra avión pero no estaba prestando mucha atención. Sabía que estaba mal pero no podía evitar comérmelo con la mirada. Sus ojos marrones llamaban la atención porque parecían meterse en tu interior, su ligero y constante pestañeo te podía cautivar completamente. Además, sabía cómo atraer a las mujeres con solo acomodar su pelo castaño con los dedos.

Bajé la mirada hasta su boca, se había dejado algo de barba. No era muy fan de eso pero... joder, qué bien le quedaba. Moví la cabeza inconscientemente, me había quedado en la luna completamente y ni había escuchado la conversación entre ellos, quizás me había perdido información sobre por qué tanta obsesión conmigo.

Justo iba a abrir la boca para hablar cuando una niña corrió a abrazar al hombre que me había traído.

—¡¡Cristofeeeer!!

Al abalanzarse sobre él para saludarle la capucha se le cayó, dejando ver unos mechones rubios y ondulados. Miré hacia Daniel, estaba sonriendo ante la escena y no pude evitar pensar en esa niña, ¿también la habría secuestrado? ¿Ahora se dedicaba a esto? Dispuesta a salir de dudas le pregunté.

—Daniel, ¿a ella también la has...?

Me fulminó con la mirada y me mandó callar, cohibida cerré la boca.

—Ana, vete a tu cuarto, por favor.

La niña miró primero a Daniel y luego a mí, parecía estar analizándome con la mirada pero no le veía atisbos de miedo, parecía feliz.

—¿Quién es ella? —preguntó con curiosidad mirando de nuevo a Daniel.

—Es una amiga, va a quedarse aquí un tiempo —contestó él.

—¿Te gusta Daniel?

—¿Perdón? —pregunté asombrada por su pregunta, tan directa como sin sentido —.¿Por qué lo preguntas?

—Curiosidad.

Tan pronto como dijo eso se fue dando saltos hasta lo que, por lo visto, era su habitación. Me quedé mirando a Daniel fijamente, estaba viviendo una escena surrealista, me pellizqué esperando despertarme de una terrible pesadilla pero solo conseguí hacerme daño y que, tanto el tal Cristofer como Daniel, me sonrieran de forma estúpida.

—No entiendo nada.

Me crucé de brazos y miré a ambos esperando una explicación sobre el sentido de que me encontrara en casa de Daniel sentada en su sofá. Sabía que estaba demasiado tranquila, otra persona en mi lugar estaría aporreando la puerta y chillando sin parar, pero conocía a Daniel y sabía que daría exactamente igual lo que hiciera, era demasiado insistente. Aunque, quién sabe, igual si insistía me dejaba marchar, esto era una completa locura.

—Bien, empezaré por el principio. Nací un frío Noviembre en Barcelona...

—Muy gracioso —contesté con cara de pocos amigos.

—Lo siento, tenía que hacerlo —carraspeó —.Sobre tu pregunta de cómo he llegado tan rápido, existe algo llamado avión.

—Algo he oído —Le paré de forma cortante.

—Por eso te lo aclaro, porque solo oíste algo —contestó riéndose —.Respecto a lo demás, como Ana ha tenido la delicadeza de decir su nombre no me queda más remedio que presentarte a Cristo, tu fiel acompañante.

—Encantado —respondió Cristofer mirándome sonriente. Se quitó las gafas de sol y las usó como sombrero a modo de reverencia.

Ya sin las gafas de sol y la capucha pude observarle mejor, sus ojos azules me miraban con amabilidad.

—¿Y Ana quién es? ¿También la has secuestrado?

Daniel volvió a fulminarme con la mirada, haciendo crujir sus muñecas.

—¿Tiene pinta de estar secuestrada?

—Es su hermana —aclaró Cristofer rápidamente.

Nerviosa, bajé la mirada hasta la alfombra color cáscara de huevo, nunca me había mencionado que tuviera una. Qué raro se me hacía estar en su casa, me resultaba un completo extraño a pesar de haber conversado tanto tiempo con él.

—Y no le vas a decir nada a ella sobre tu verdadero motivo de que estés aquí —dijo Daniel en tono de advertencia, haciéndome levantar la mirada ante la dureza de su voz —.¿Entendido?

—Ni siquiera yo sé por qué estoy aquí.

—Porque quiero demostrarte que he cambiado, Alma, y no me has dejado otra opción más que esta.

Sus ojos oscuros volvieron a mirarme fijamente, nublando mi capacidad de raciocinio. Estaba realmente guapo con esa camisa negra, marcaba su musculatura seguramente trabajada en el gimnasio. «Mierda Alma, tú no eres así, tienes novio».

Miré a Cristofer, no era feo pero no tenía esa capacidad de atracción que Daniel irradiaba por cada poro de su piel, podía centrarme perfectamente y pensar con claridad. Pensé en seguirle el juego a Daniel, seguramente así se cansaba de mí y me dejaba marchar, dicen que solo te obsesionas por algo cuando no lo tienes pero una vez conseguido deja de llamarte la atención, ¿verdad?

Pero no podía hacerle eso a Sergio, seguro que en poco tiempo se alarmaría por mi desaparición y empezaría a remover cielo y tierra para encontrarme, acompañado por Álex.

Volví a mirar a Daniel. Sí, era realmente guapo, pero no iba a dejar que me hiciera caer, al menos no otra vez.

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Espero que os haya gustado el capítulo <3

Alma acaba de meterse en la boca del lobo, esperemos que no la coma ;)

Besos y abrazos

Karlee D.

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