Jamás imaginé que un café cambiaría mi vida.
Era un sábado cálido por la mañana cuando decidí salir del departamento. Solo quería despejar la mente. Nunca pensé que, al cruzar la puerta de aquella cafetería, terminaría encontrando a la mujer más bella que había visto en mi vida.
-Buenos días, joven. ¿Puedo tomar su orden?
Su voz era tan dulce que, por un instante, olvidé cómo hablar.
Sus ojos tenían un azul imposible de describir, como un pedazo de cielo cuando el sol ya se había escondido y la luna comenzaba a abrazar la noche. Eran tan profundos que parecía haber un océano entero dentro de ellos. Su sonrisa no era la más brillante del mundo, pero sí la más hermosa que había visto en mi vida. Largas pestañas enmarcaban su mirada y sus incontables pecas sobre las mejillas parecían pequeñas chispas de café salpicadas con infinita delicadeza.
-Un café sin leche... y dos de azúcar.
Le regalé una de mis sonrisas más sinceras.
Tomé asiento mientras esperaba mi café. Sobre la mesa había un par de servilletas de papel. Pensé en escribir mi número de teléfono y dárselo, pero la pena siempre terminaba apoderándose de mí en situaciones como esa. Aunque las chicas se acercaban a mí con frecuencia, jamás me acostumbré a esa atención. Mi cabeza siempre se llenaba de preguntas sin respuesta.
Decidí mirar por la ventana. Los autos iban y venían sin detenerse, mientras algunas personas caminaban tranquilamente, disfrutando de la mañana.
Dentro de la cafetería apenas había dos clientes más. Un hombre que tenía el aspecto de no haber dormido en toda la noche... o quizá de llevar una mala vida. Unas mesas más allá, una chica de unos quince años estaba tan concentrada en su celular que seguramente su café ya estaba frío.
Una voz celestial me sacó de mis pensamientos.
-Disculpa...
Movió una mano frente a mis ojos como si quisiera traerme de vuelta a la realidad.
-Espero que haya quedado bien.
Dejó la pequeña taza blanca sobre la mesa y me dedicó una sonrisa tan tierna que, por un momento, le pedí al cielo que dejara de hacerlo. Porque si seguía sonriéndome así, terminaría mudándome a vivir ahí... en su sonrisa.
-Seguro que sí. Gracias.
Le devolví la sonrisa.
-¿Y si no te quedó bien?
Ella cruzó los brazos. Pensé que respondería algo ingenioso, pero solo sonrió antes de girarse y desaparecer tras la puerta que decía "Solo empleados".
Jamás tenía el valor de decir lo que realmente pensaba, y aquel momento fue la prueba perfecta de que, algunas veces, era mejor mantener la boca cerrada.
Terminé mi café humeante. Por cierto, estaba perfecto.
También acababa de perder otro diez por ciento de mi dignidad.
Me acerqué a pagar. Le entregué el dinero exacto con la intención de irme sin decir una sola palabra, pero, antes de salir, su voz volvió a detenerme.
-¿Sí te gustó? Casi nunca preparo café sin leche.
Me giré para verla.
¿Y cómo podía negarle una respuesta con esa sonrisa? Con esa expresión que despertaba en mí unas ganas absurdas de besarla.
-Sí. La cantidad de azúcar y café fue perfecta. Gracias.
Me despedí levantando la mano.
Camino a casa, su rostro era lo único que ocupaba mi mente.
Y, por primera vez en mucho tiempo, eso me bastaba.
La chica del café.
YOU ARE READING
MAS BELLA QUE LA LUNA.
RomanceLas constelaciones se encontraban ahí, justo en sus ojos, ese color azul que en ellos parecía el mismo cielo dentro. Hablemos también de su sonrisa, que me enamoró en un instante, me hizo ver qué por tanto tiempo la buscaba y la encontré. Ella era b...
