Constantino era un hombre alto y gordo además de viudo con dos hijas adolescentes, Bruna y Hortencia.
La primera quería ser veterinaria en tanto que la segunda tenía mano para ser costurera.
Constantino reaccionaba con cierto recelo cuando ellas les contaban sobre los hombres que les gustaban.
El padre de ambas trabajaba de zapatero, en su local solía seducir a las clientas ricas con halagos y caricias, las más incautas le pagaban hasta el doble como recompensa.
Al volver a casa charlaba con sus hijas sobre sus actividades.
No obstante el hombre guardaba un terrible secreto, de noche regentaba un burdel clandestino.
Constantino aprovechaba que Bruna y Hortensia dormían para ir hasta su otro empleo.
Una vez allí se reunía con sus amigos y cómplices, Alfonsina quien era la "Madame" del lugar además de ocasional amante. El otro compinche era un hombre llamado Edgardo que era cliente asiduo, su prostituta favorita era una gitana llamada Soraya a quien le pagaba $500 a espaldas de los demás.
Los tres rufianes charlaban sobre capturar nuevas chicas así como eliminar posibles competidores y algún que otro policía.
Constantino tenía debilidad por las niñas menores de edad, en especial las delgadas y con pechos grandes.
Judith era joven judía de 16 años perteneciente a una familia de clase media que vivía con sus padres.
Norman trabajaba como secretario del intendente en tanto que su esposa Máxima era enfermera.
Como solía ocurrir por aquellos años, muchas chicas eran obligadas por sus familias a casarse y Judith no estaba exenta de dicho comportamiento.
Las peleas eran algo que dividía a los integrantes de la casa.
Norman y Máxima le comentaban sobre muchachos felices de acceder a su pedido pero la adolescente prefería estar en la Guerra de Vietnam.
Para evitar más conflictos se dejaba pasar el tema por alto.
Judith deseaba actriz, le encantaban las películas de Rita Hayworth, Gilda era su favorita.
No obstante era una excelente alumna, hablaba inglés con acento británico y amaba la literatura.
Hubo ocasiones en las que Constantino y Alfonsina tenían sexo en el cuarto de la mujer.
A veces sus relaciones rozaban el sadismo lo cual aumentaba la confianza entre ambos.
De todos modos los dos preferían hablar de negocios.
Soraya era prácticamente obligada a ser amante de Edgardo, de echo le producía asco ese hombre.
Ella solía bañarse después del sexo.
Alfonsina se aprovechaba de su fragilidad emocional tratándola peor que al resto, prácticamente era su esclava personal, la chica limpiaba los pisos más que otra cosa.
Cuando un mediodía, Constantino regresó a su casa de la zapatería encontró a Bruna y Hortensia bailando alguna canción clásica de las preferidas por su esposa, eso lo emocionó pues, luego se les unía pasando de estar triste a feliz.
Al mismo tiempo Judith le informaba a sus padres que iría con sus amigas al cine, Norman y Máxima le dieron dinero y ella se subió a un colectivo.
Entretanto Edgardo fue al burdel donde pagó por ver a Soraya, Alfonsina lo increpó originando una pelea entre ambos que terminó cuando el hombre le pagó $300.
Luego de salir del cine, Judith decidió volver caminando para estirar las piernas, en mitad de su trayecto notó a un auto que la seguía por lo aceleró el paso, del vehículo salieron dos hombres que la metieron a la fuerza en el mismo. Ella gritó pataleando.
Por la noche, Alfonsina llamó por teléfono a la casa de Constantino mientras éste cenaba con las chicas para darle la noticia, él la criticó por ser peligroso para ambos y colgó.
Bruna y Hortensia preguntaron quien era, su padre mintió asegurando que era un número equivocado.
Cuando ambas ya estaban dormidas decidió ir hasta donde realizaba sus negocios ilícitos.
Judith estaba en el sótano del burdel llorando cuando entró Soraya con un vaso de agua del cual la recién atrapada bebió, ambas se dijeron sus nombres, la primera pidió ser ayudada para escapar pero la primera no pudo por miedo aunque le sugirió no desobedecer a quienes las mantenían prisioneras.
Justo ahí llegaron Constantino junto a sus dos clásicos secuaces.
Alfonsina ordenó a Soraya atender a Edgardo, los tres dejaron a los otros dos a solas.
Constantino se presentó ordenando a su víctima revelarle el suyo, Judith habló temblando prometiendo que si la liberaba no lo delataría.
El proxeneta la llevó a una habitación donde pretendía ultrajarla pero ella le pegó una cachetada y salió corriendo por una puerta trasera pero él la atrapó y estranguló con un alambre para abusarla post mortem.
Luego subió a la chica asesinada a su camioneta tapándola con una manta.
Enterró el cadáver en un descampado.
Una vez que comprendió lo que hizo, el hombre volvió al lugar donde acabó con la vida de su víctima.
Constantino le contó todo a Alfonsina y Edgardo quienes de inmediato prometieron encubrirlo.
Soraya escuchó todo detrás de una puerta, ella estaba horrorizada.
Más de un mes después, Norman y Máxima seguían sin novedades de su hija por lo que una mañana recibieron la visita de un policía informándoles del hallazgo de una joven muerta idéntica a Judith.
El matrimonio fue hasta la morgue esperando que fuera otra la fallecida, al entrar en la habitación, el forense descubrió el cadáver cuidadosamente.
Norman y Máxima quedaron devastados al ver que esa chica era su hija quien murió asesinada.
A unas cuantas cuadras de allí, Soraya estaba demorada en una comisaría por robar dinero en un bar.
Aprovechando que los policías no la conocían delató a sus captores, incluso reveló el crimen de Judith.
Los oficiales llegaron hasta el burdel donde rescataron a las chicas así como detuvieron a quienes lo administraban, Alfonsina y Edagrdo negaron saber sobre todo.
Constantino se encontraba con sus hijas cuando un patrullero llegó a la casa, los policías le informaron que debían hablarle sobre Judith.
El hombre le dijo a Bruna y Hortensia que volvería rápido.
Constantino dijo ser inocente.
Mantuvo eso hasta su muerte.
Nadie fue preso por el asesinato.
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CRIMINALES #PGP2018
Mystery / ThrillerTodo hombre puede convertirse en asesino de la noche a la mañana, el problema es saber quien será su víctima.
