Hace ya diez años en los que el Lord del norte había decidido dejar a su protegida en aquella aldea de humanos. Llegado el día tan añorado por ambos, en el que Rin volvería a su lado para llevarla a vivir a su palacio.
Ambos se darán cuenta del in...
Esa noche la luna se encontraba en completo esplendor, convirtiéndose en confidente de cierta chiquilla suspirona. La ya no tan pequeña Rin se preparaba mentalmente para el día de mañana y es que, había llegado el día en que el señor Sesshomaru volvería por ella para hacerle la pregunta anhelada; tal y como se lo había prometido años atrás cuando la dejo bajo la custodia de la anciana Kaede.
Ni ella misma encontraba la respuesta de cuando fue el momento en que dejo de ser la pequeña de nueve años para convertirse en toda una señorita de dieciocho años. Si bien extrañaba las aventuras que pasaba al lado del imponente daiyokai de cabellos claros y el gruñón del señor Jaken, jamás les tendría que reprochar abandono, pues en esos nueve años en los que había permanecido en la aldea, siempre iban a visitarla por lo menos una vez cada dos meses, llevando consigo obsequios distinguidos de los cuales destacaban los hermosos kimonos de seda que el Lord del Oeste mandaba confeccionar especialmente para ella.
Tan inmersa estaba en sus propios pensamientos que apenas escucho la vocecilla de su cuidadora, no pudo evitar dar un saltito sobre su lugar.
—Muchacha ¿Qué no piensas dormir? –Hablo la anciana ya recostada sobre el futón.- Si mañana Seshomaru llega y te encuentra con el rostro demacrado por el cansancio no quiero imaginar el gran regaño que me dará.
—¡Perdón! Yo no quiero que la regañen por mi culpa, pero... Me siento nerviosa. –Dijo en un suspiro. - Usted bien sabe cuánto he añorado este momento y no hay nada que quiera más en este mundo que regresar al lado de mi señor. —La mayor tan solo asintió y es que, ella más que nadie sabía del gran cariño que tenía la adolescente por el demonio. –
—Mi niña, si tú mismo corazón ya te está dando la respuesta ¿Por qué dudar? Si tu decisión es irte al lado de Sesshomaru, yo estaré orgullosa y feliz de haberte tenido a mi lado estos diez años, así que no espantes tus sueños y ven a dormir. –Hablo la abuela con aquella ya característica voz de madre que la misma Rin se había ganado en su estancia. -
—¡Si! –Con esa alegre sonrisa que tanto la caracterizaba, de un brinco se puso de pie y se recostó sobre su futón, regalándole una mirada cómplice a su compañera y apagando la farola de aceite que se encontraba en medio de ellas. Tan solo basto hacerse imagen de un familiar y atesorado rostro estoico para caer profundamente dormida. -
En unas horas más nos veremos mi señor y espero que este tan ansioso de verme, así como yo lo estoy, además que le tengo un obsequio, así que por favor espere por mí.
———— o ———
A penas los rayos del sol comenzaban a atravesar el delgado papel de arroz que cubría los recuadros de la shoji (Puerta de la época antigua), una entusiasta muchacha de cabello castaño hasta la cintura, piel blanca, figura delgada y deslumbrante belleza se levantó con exaltación para tomar asiento sobre un acolchonado zabuton (Cojín) y dedicarse a peinar su cabellera mientras tarareaba una armoniosa cancioncilla. Tan pronto termino, se vistió con un kimono en color azul cielo con bordados en tonalidades rosa, este regalo de su amo en una de sus tantas visitas.
En particular esa mañana Rin irradiaba una felicidad diferente a la de otros días y eso no solo lo captaba la anciana Kaede, si no también Inuyasha y Kagome, siendo los dos últimos testigos del sentimiento tan especial que la chiquilla profesaba hacia su protector y es que bastaba ver los ojos de aquella niña para darse cuenta de sus sentimientos hacia el intimidante daiyokai.
—¡Está por llegar! Debo de ir al bosque pronto, no quiero hacer esperar a mi señor. –Pronuncio con regocijo el inquieto rayo que no podía parar de correr de un lado a otro, verificando que todo estuviese listo y claro que también su regalo, el cual ya se encontraba bien custodiado en su palma derecha.-
—Antes de partir debo de agradecer el gran amor que me brindaron, usted anciana Kaede ha sido como mi madre y y no quiero despedirme de usted, porque le prometo que la voy a seguir visitando... -La aludida no pudo hacer más que sonreírle con melancolía, pues sabía a la perfección que ese día llegaría, pero no si estaba lista. - Además, gracias Kagome, has sido como mi hermana mayor, me has dado valiosos consejos que atesoro en mi corazón, sin contar todas las cosas extrañas proveniente de tu mundo que me regalaste. –La mujer respondió con un suave "De nada", mientras mecía entre sus brazos a un inquieto bebé hanyo el cual no dejaba de llorar. - Por último y no menos importante, ¡Señor Inuyasha! Sé que, aunque siempre está de gruñón conmigo me va a extrañar y yo igual a usted, así que prometo convencer a mi amo para que puedan ir a visitarnos y puedan pasar tiempo juntos como HERMANOS. –Haciendo énfasis en la última palabra, aquellas palabras tenían un cierto toque de jugueteo y es que, esa chiquilla adoraba la manera en que el hibrido movía sus orejitas perrunas cada que lo molestaba. Sabía lo que se había ganado, por lo que el citado no dudo en soltar un "Tonterías", haciendo reír a su primogénito, cosa que no le gusto para nada a la pelinegra. -
—¡Inuyasha! ¿Qué te he dicho sobre decir palabrotas enfrente de Jurou? —Echa una fiera aquella mujer reclamaba a su esposo, el cual se mantenía de brazos cruzados y con su mirada de fastidio. -
—Mujer, te harás vieja muy rápido si te sigues enojando, además, se ha callado, ¿Por qué me reclamas? Logre en segundos lo que tú no lograste en horas. –Sonrió victorioso y pensaba que había ganado aquella batalla, pero fue hasta que su esposa dio su ataque final.-
—¡Abajo! –Y con ese estruendoso ruido que provoco la carota del hanyo al estrellarse contra el suelo, Rin entre carcajadas salió del lugar para echarse a correr rumbo al bosque, donde seguro ya la estarían esperando. -
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.