I

143 13 6
                                        

Su cuerpo se encontraba completamente relajado sobre las blancas sábanas que cubrían su cama, excepto por la molesta presión que su entrepierna ejercía en su pantalón. Louis arrastró sus dedos lentamente desde su pecho hacia su abdomen, hasta escabullirse por sus jeans color oscuro, los cuales contrastaban con su dorada piel. Se deshizo de él cuanto antes, junto con sus boxers, su mano viajó hasta su erección, rodeandola con firmeza, mientras la estimulaba observando el placentero baile que el rizado realizaba sobre una silla, en el centro de la habitación. Justo frente a él. Un jadeo se escapó de sus labios, provocando que cerrara los ojos. Una espesa capa de pestañas, hacían sombra sobre los puntiagudos pómulos del castaño.
Nuevamente se encontraba observando la figura de Harry, como su cuerpo se movía de una manera tan elegante y obscena a la vez, la música resonaba en las cuatro paredes, siendo perfectamente aprovechada por el ojiverde, quien meneaba sus caderas sensualmente, frotandose contra el asiento, dedicándole una mirada atrevida a su expectante. Las pestañas de Harry revoloteaban en cámara lenta, haciendo a Louis admirar lo dilatadas que sus pupilas se encontraban en aquel momento. Quien observaba gimió.
Poco a poco, comenzó a mover su mano sin prisa alguna, imaginando las cosas que podría hacerle al menor en aquel momento. Las cosas que quería hacerle.
Sus dedos contorneaban su glande, y con su mano libre masturbó su hombría, sosteniendo la penetrante mirada del contrario. Los glúteos de Harry, se encontraban apretados contra los apoya brazos de la silla, los cuales hacían resaltar aún más la blanquecina piel del chico en el cuero negro azabache. Sus largos rizos caían sobre sus hombros, haciendo a Louis perder la cuenta de las veces que querría jalar de ellos mientras lo follaba con dureza.
Aún con el instrumental sonando de fondo, Harry tomó lugar en donde hace segundos realizaba el lap dance que había hecho perder la cabeza al mayor, y abrió sus piernas, colocandolas ambas a sus costados. Su espalda chocó con el respaldar de la silla, y sus dedos con su lengua, la cual se encargaba de cumplir el papel de lubricante. Louis lo miraba fijamente, mientras se daba placer a si mismo deleitado con la extraordinaria vista que tenía del joven, ninguno parecía dispuesto a cortar con la conexión que sus orbes se transmitían. El azul luchando con la fuerza del verde, el cual lo arrastraba a un mundo de lujuria y deseo del que el homónimo no podía escapar, ni quería hacerlo. Quería pecar. Quería arder en el infierno si tocarlo estaba mal. Quería más.
Tres dedos se introducieron en la rosada entrada del rizado, haciendo que este soltara un gemido que logró erizar la piel del mayor. Se movían con precisión, jugando con su húmedo contorno. Los separó, sintiendo las estrechas paredes de su interior, causándole una ola de placer inimaginable.
Harry jugaba, pensando en lo bien que sabría sentir a Louis. Lo bien que sabría probarlo. Necesitaba las ásperas manos del contrario recorriendo todo su cuerpo, de una forma delicada y vulgar a la vez. Quería saborear su boca, y recorrerla sin permiso alguno con su hábil y rosada lengua. Deseaba a Louis entre sus piernas, gimiendo su nombre, mientras golpeaba su próstata una, dos, miles de veces, haciéndolo gritar de placer y desvanecerse en sus brazos ensuciando ambos cuerpos de semen y sudor.
Quería que cumpliera todas sus fantasías, que le hiciera el amor, que tuvieran sexo, que lo besara con locura, haciéndolo temblar. Anhelaba ser tocado por él, ser explorado por sus finos labios, hechizado por su dulce voz diciéndole lo bien que sentía estar en su cálido interior. Quería ser suyo y que él también lo fuera. Quería que Louis lo amara y Louis lo deseaba también.
La cabeza del ojiverde se hizo hacia atrás, gimiendo ante la placentera sensación que sus manos le brindaban. Una penetrandolo y la otra masturbando su duro miembro latente entre sus largos dedos. Louis lo observaba con admiración. Esperaba tanto por él. Por poder recorrer sus hermosas curvas, tener sus largas piernas entrelazadas en sus caderas, mientras lo embestía con fuerza. Harry gimiendo con desesperación por recibir más de él. Moría por sentir la suavidad de sus manos acariciando su pecho luego de haber tenido un maravilloso orgasmo y, también, arañando su espalda cuando trataban de llegar a éste.
Extasiados por el calor que había en la habitación, se levantaron ambos de sus respectivos lugares, con sólo haberse dedicado una mirada. Esa mirada. Se analizaron con lentitud y detenimiento, encantados con la belleza de cada uno. El más bajo dio el primer paso, tomando las rosadas mejillas del chico de ojos esmeralda, atacando sus labios cual depredador a su presa. Una extraña sensación se hizo presente en su estómago, haciéndolo soltar un quejido en la boca de Harry, quien rodeó el cuello del castaño, correspondiendo al beso que éste le había dado. Sus labios se movían en sincronía, demostrandose uno a otro cuanto se deseaban. Las palmas de Louis viajaron desde la mandíbula, la espalda y la cintura del joven, apegandolo más a su cuerpo. No quería soltarlo. Ladeó su cabeza para volver el juego entre sus lenguas más intenso y constante, adentrando la suya con curiosidad a la cavidad ajena, disfrutando esta en su totalidad. El rizado gimió.
Y es que Louis necesitaba tanto a Harry, tantas veces soñando con aquel momento, con hacerlo suyo. Que bien se sentía la cálida boca de Harry.
A tropezones, retrocedieron sin separarse apenas un milímetro del otro, hasta chocar con la cama, que estaba algo revuelta debido a lo que el ojiazul se encontraba haciendo en ella minutos atrás. El chico de rulos se quejó al caer de lleno sobre el colchón, dando un leve rebote en este. Louis sonrió con malicia.
Un chico de piel sedosa como los pétalos de una flor, con grandes ojos color verde esmeralda, los cuales lo miraban descaradamente y se cerraban con elegancia al pestañar, largos rizos brillantes, que descansaban sobre sus clavículas y parte de su espalda, mierda, y labios rosados como una fresa que se abrían para soltar roncos y graves sonidos cada vez que apretaba su erecto pene. También tenía tatuajes. Hermosos tatuajes complementarios a los suyos. Tatuajes los cuales quería besar. Louis quería besar y marcar todo su cuerpo, para que no sólo la tinta fuera un recuerdo en su piel. Louis quería vivir en Harry. Su cuerpo era grande, bastante más que el suyo, y eso volvía loco al chico de ojos color mar.
Hundió su rostro en el cuello del menor, inhalando su embriagador aroma, para luego repartir vagos y húmedos besos en aquella zona. Harry ladeó su cabeza y dejó salir un jadeo.
-Joder, me vuelves loco.
Murmuró el castaño, con ambas piernas a costados de las anteriores pertenecientes al ojiverde, creando una lenta fricción, entre su entrepierna y la ajena. No quería detenerse.
-Follame, maldita sea. ¡Louis, follame!
Exigió, elevando su pelvis en busca de más contacto, pudo sentir lo duro que el otro estaba, volviéndose aún más impaciente. Por lo contrario, Louis se tomó su tiempo, y no porque no quisiera cogerse a su amigo en aquel momento, sino porque quería probar y disfrutar cada parte de él.
Deslizó sus labios por las clavículas de éste, y luego repitió la acción, ahora, hasta su hombro, besando éste con simpleza. Uno, dos, cinco, ocho, millones de besos iban siendo dados con delicadeza y sensualidad por todo el brazo de Harry. Hizo lo mismo con el izquierdo. Besó sus brazos, sus manos, sus dedos, todo. Ida y vuelta.
Cuando se encontró en su garganta, fue ascendiendo sin prisa por el pecho contrario, moviendo su boca con clase sobre la erizada piel del menor, el cual balbuceaba en un tono suave, rendido a los pies del color azul una vez más. Se detuvo en sus pezones, succionandolos con firmeza, mientras Harry jalaba de los cabellos que se encontraban sobre la nuca de Louis. Éste continuó el recorrido, dejando aquella muestra de amor en las costillas y abdomen del rizado, el cual debilitó el agarre, dejando caer su mano por la espalda del mayor en una caricia.
También se unió su lengua, encargándose de lamer las zonas marcadas luego de succionarlas. Marco su pelvis, y la besó de manera húmeda, soltando un gruñido bajo contra su piel. Continuó el recorrió por los apetecibles muslos del joven de ojos verdes, apretando estos fuerte, mientras los besaba de distinta forma parte a las demás partes. Louis se había vuelto una fiera, Harry podía, no sólo verlo, sino sentirlo. Gimió en un tono algo agudo para su timbre de voz y observó con atención como el mayor mordisqueaba y besaba vulgarmente sus piernas con desesperación. Ya no podía aguantar.
Harry tembló de dolor, debido a los innumerables moratones que había por todo su cuerpo, causados por la jodida boquita de Louis, se levantó sobre sus codos y acercó a este por el cuello, besandolo con necesidad, cambiando así la posición en la que se encontraban. Hizo al ojiazul sentarse, y se hincó entre sus rodillas, comenzando a dar besos inofensivos por la adolorida erección del mayor, que se retorcia bajo las acciones del joven frente a él. Metió sólo la punta en su cavidad bucal, chupando con destreza y tranquilidad, rodeando todo el contorno de ésta con la punta de su lengua. Mierda, se sentía tan bien, la calidez de Harry envolviendo su hombría era como tocar el cielo, ese chico efectivamente era su perdición.
Tomó el miembro de Louis, golpeando sobre su boca con el extremo, el cual se encontraba rojo y excesivamente duro.
-Carajo, bebé.
Gimió el castaño deslizando sus dedos por la sedosa cabellera de Harry, ejerciendo algo de fuerza en este, manteniendolo más cerca de él. El rizado comenzó a introducir más de la erección en su boca, hasta hacerlo del todo, haciendo soltar al contrario constantes maldiciones y obscenidades mientras echaba su cabeza hacia atrás, empujando sus caderas contra la boca ajena.
Elevó sus verdes orbes, que se encontraban algo cristalizadas debido a las constantes arcadas que el glande contrario causaba al estar en su garganta, en dirección al más grande. Louis sintió que estaba en el paraíso y por un momento comenzó a dudar si seguía en su habitación o si se encontraba en un Edén, donde Harry era su Dios. Él no creía en la Iglesia y la religión, pero estaba completamente seguro de que aquel chico que se encontraba mirandolo fijamente a los ojos en ese momento, era algún semejante al Dios Apolo. Su belleza era inigualable, tanta que había robado el corazón del castaño desde que eran simples adolescentes. Empujó más su nuca hacia su pene, empezando a enviar movimientos públicos a su boca. Harry ahueco sus mejillas, logrando sacar un ronco y agudo gemido de los labios carmín de su acompañante, quien follaba su boca con lentitud y profundidad, ignorando las arcadas que estaba provocando en él. La húmeda y tibia boca del chico de rizos, envolvía el miembro del azul, desesperandolo por más. Las paredes de sus mejillas, apretaban las azules venas que sobresaltaban en su falo, mientras lo masturbaba con rapidez, formando impúdicos sonidos con su boca.
Los gruñidos guturales del mayor resonaban en el cuarto, los dedos de este tironeaban rebeldes mechones de cabello, alejandolo con brusquedad de su latente miembro. Devoró sus hinchados labios con necesidad, mientras lo estimulaba con sus suaves manos, ahogando los leves espasmos que intentaba dejar salir en su cavidad.
Las uñas de Louis se arrastraron por sus piernas, hasta llegar a sus glúteos, los cuales apretó con fuerza, levantandolo por estos. Giró sobre si, dejando a Harry debajo suyo nuevamente, para poder agradecerle aquel agasajante momento, de la misma placentera forma. Sin muchos rodeos, se encontraba chupando el miembro de su chico. El más joven acariciaba los pómulos del contrario con dulzura, mientras el otro succionaba su glande, pasando la palma de su mano por sus testículos, masajeando estos con cuidado de no hacerle daño. Los labios de Louis se movían experimentadamente por la extensión del falo de Harry, dando largas lamidas por toda esta, mirando las esmeraldas gemas que tenía como orbes, penetrando su iris con atrevimiento. Harry sabía a vinagre y sal. Metió lo máximo posible en su boca, masturbandolo con esta, y lo que no cabía entre sus labios, lo estimulaba con sus pequeñas pero audaces manos. El rizado se aferraba a las sábanas arrugandolas un poco, soltando suaves y dulces sonidos, que eran música para los oídos del otro joven. Su labio inferior estaba capturado entre sus dientes, y sus ojos cerrados, imaginando quizás las cosas que Louis le haría. Las que quería que le haga.
Los dientes del de ojos color cielo, se arrastraban por el largo de la hombría del más alto, con lentitud torturadora, haciéndolo ver las estrellas. Sus dedos viajaron hasta su entrada, presionando esta, con movimientos circulares, los cuales hacían retorcer al verde, soltando placenteros gemidos. Su cabeza se movía en un lento y constante vaivén sobre el miembro de su chico, transmitiendole algunas vibraciones al tararear en este.
Se mantuvieron así por unos minutos más, hasta que Louis decidió avanzar un poco, y giró a su chico por la cintura, dejando su trasero frente a su cara. Dejó algunos chupetones vagos, y apretó uno de sus glúteos con fuerza, dejando una rojiza marca en su piel de porcelana.
-Vamos, Louis, follame de una buena vez.
Exigió Harry elevando sus caderas hasta sentir los húmedos y labios del castaño chocar en sus glúteo derecho. Éste jadeó.
No se demoró mucho en tomar al rizado por la cintura, y frotarse contra su entrada descaradamente. Oh, Santa mierda. El joven se empujó hacia atrás, creando más fricción con el latente miembro del contrario, el cual se posicionó entre las piernas de Harry, pasando la punta de su pene en la entrada del menor, jugando unos segundos al disfrutar la tentadora imagen frente a si.
Dándose por vencido, se introdujo en el interior de Styles, haciéndolo soltar un ronco gemido que provocó un escalofrío en su columna vertebral, mientras repartía suaves besos por su espalda, con los ojos cerrados, esperando alguna señal que le afirmaba el poder comenzar a moverse. El de rizos dio la orden.
Comenzó con leves y lentas embestidas, de vez en cuando se hundía en él con profundidad, dejando salir de ambas bocas, obscenos gemidos y una que otra maldición.
El ojiazul aumentó el ritmo de sus embestidas, creando un constante sonido al sus caderas estrellarse con la piel de Harry. Se sentía jodidamente bien. El interior de ese hombre era maravilloso. Louis no quería sonar cliché, pero se apretaba tan exactamente al rededor de su miembro que no podía creer que fuera real. Nada en ese momento iba más allá de lo que alguna vez había imaginado.

Se aferró al cuerpo contrario, tomando sus hombros, teniendo mejor estabilidad para aumentar y disminuir el ritmo de las estocadas constantemente. Sus labios viajaban por su nuca y espalda, provocando leves cosquilleos en el estómago del menor, quien se encontraba en otro planeta cada vez que Louis entraba en él con fuerza. Las penetraciones que el joven le brindaba eran simplemente adictivas y Harry quería más, quería sentirlo las veces necesarias para sentirse vivo. Él lo hacía sentir así.
El castaño tomó el rostro ajeno, haciéndolo girar hacia él para así depositar pequeños besos en sus carnosos labios, dando leves choques a su próstata. El ojiverde ahogó sus gemidos en la boca contraria y aseguró su agarre a las mantas volviendo sus nudillos a un color blanco debido a la fuerza que ejercían en la tela.
Louis salió del interior de Harry y lo volteó con cuidado dejándolo boca arriba. El rizado se abalanzó sobre él y besó sus labios con necesidad, el mayor le correspondió tomando sus mejillas, mientras con su mano libre llevaba las piernas contrarias sobre sus hombros, adentrándose poco a poco en su entrada. Sus caderas se movían en un tranquilo vaivén, mientras su lengua jugaba a la guerra con la de Harry. Ese chico
era inhumano en todas sus facetas, y estaba llevándolo al borde de la locura.
El cuello del menor no tardó mucho tiempo en estar cubierto de moradas marcas producidas por la boca del contrario, quien se movía dentro suyo con delicadeza e intensidad, golpeando su punto una y otra vez. El cuerpo del joven se retorcia bajo el de su amante, debido a las oleadas de placer que este le daba. Harry deslizó la punta de su nariz por el contorno de la oreja de Louis, jadeando y gimiendo contra su oído, mientras cerraba los ojos extasiado por su tibia respiración agitada chocando contra su cuello al estar embistiendolo de forma constante. Los largos dedos del verde recorrieron la fuerte espalda de su hombre, hasta encontrar entre ambos cuerpos, su hinchada hombría, la cual comenzó a estimular débilmente con manos temblorosas. Las extremidades del mayor envolvían el cuerpo del otro, teniendo más contacto piel con piel.
Una leve capa de sudor se hacia presente en Louis y en la frente de Harry, la cual el castaño liberó de los largos cabellos que yacían en esta.
Sus orbes se encontraron, mantuvieron el contacto visual por largos segundos, perdidos en cada color. El azul haciéndose uno con el verde.
Nuevamente cambiaron de posición.
Tomlinson se acomodó en la cama, con sus piernas levemente abiertas, y su chico encima suyo a horcajadas.
Louis comenzó a enviar movimientos pelvicos contra el trasero del contrario, siendo su erección apretada entre ambos glúteos ajenos, hasta que decidió entrar. Alineó su falo en la entrada de Harry, quien fue bajando poco a poco y lo rodeó por la cintura, apretandolo contra su cuerpo en forma de abrazo. Sus caderas comenzaron a moverse lentamente, mientras él se dedicaba a admirar los irresistibles gestos que el menor formaba en su rostro.
Lo embistió con cuidado de no lastimarlo, moviéndose con delicadeza y suavidad, Harry era frágil, y Louis quería, no, necesitaba cuidarlo. Necesitaba sentirlo como nunca antes había podido. Necesitaba demostrarle lo que significaba para él, porque ser Harry no era sólo "ser Harry" a la vista del mayor. "Ser Harry" era ser la razón de sus sonrisas, llantos, insomnios y sueños. "Ser Harry" era la excepción a todo. Louis también quería serlo para él. Quería que dejara de "ser Harry" para "ser su Harry".
El azul, cansado, se encargó de derramar cada pizca de amor en el abdomen con la mariposa, dando pequeños e inofensivos besos sobre toda esta. El verde, se encontraba dando saltos sobre el miembro de su hombre, al cual tomó por las mejillas, buscando sus labios con desesperación y besó. Sus músculos ya no se encontraban tensos, por lo que sus brazos de dirigieron al cuello de Louis, rodeandolo, terminando al fin, con los pocos centímetros que dividían sus cuerpos. Eran una misma pieza.
Por un momento, ambos pensaron que tal vez eran partes de un rompecabezas, por la manera tan extrañamente perfecta en que sus cuerpos encajaban entre si.
Las caderas de Louis empujaban sin muchas fuerzas contra la próstata del rizado tantas veces se le hacían posibles. Sus labios se separaron apenas, jadeando y gimiendo contra el otro, dedicándose alguna que otra mordida.
Las manos del azul, se encontraban cubiertas por el pre semen del más alto. No pasó mucho tiempo más hasta que acabaron. El primero en hacerlo fue Harry, dejando salir tiras de semen sobre el abdomen del mayor. Este salió de su interior y tras dejar un intenso beso en su boca, lo arrodilló frente a él, enredando sus dedos en los rizos del apuesto  joven.
Harry abrió su boca, y dejó salir su rosada lengua en dirección al miembro de Louis, mientras él se estimulaba débilmente, acabando en el rostro del de rulos. Salpicó en sus mejillas, párpados y obviamente, en su boca.
Nunca había tenido un orgasmo como ese, y estaba seguro de que no lo hubiese hecho si se tratara de alguien más. Rodeó los hombros de su amante, acercandolo más a él, acurrucandolo en su cuerpo una vez ambos se dejaron caer en la cama. El menor besó la barbilla del contrario y hundió su rostro en su cuello, quedándose ambos, poco a poco, en un profundo sueño provocado por el mismísimo clímax.
—Te adoro, Harry.

Thinking green.Where stories live. Discover now