–¡Mis niños! ¿Cómo lo han pasado? –Me abrazó mamá-
–No somos niños –reí- Muy bien, el mejor viaje de todos –sonreí-
–Muchas gracias por esto Señora Bowen –sonrió Justin- Ha sido una linda experiencia que quedará en mi mente
–No tienen de qué –interrumpió papá al subir nuestras maletas al auto- Se lo merecen, además era un regalo por sus cumpleaños –sonrió- ¿Nos vamos? Sus amigos están en casa
–¡Vamos! –sonreí-
No quería llegar, pero a la vez sí. Jamás me cansaré de repetir lo asombroso que fue el viaje y que no quería que los días se acabaran, pero todo en ésta vida tiene un fin.
–Y, ¿Qué hicieron? Cuéntenme sus experiencias –sonrió mamá-
–Fuimos a dar un tour por las ciudades cercanas –sonreí- y en los días restantes Justin me preparó unas lindas sorpresas, que por cierto, me fascinaron –lo besé-
–Qué lindo, más si es en ésa ciudad –susurró- Me alegro mucho que hayan disfrutado cada día, estando juntos y entregándose amor mutuamente… ¿No pelearon verdad? –nos miró-
–No –sonrió Justin-
–Casi, pero no –reí- Cosas pequeñas… –susurré-
–Que te molestó Marianne… –rió papá-
–Cállate –susurré-
–Baja y ve a saludar a tus amigos, ya llegamos –sonrió- Yo bajo tus cosas, Justin me ayudará –lo miró-
–Ya voy –sonrió Justin y me besó-
Me fui corriendo a la casa para saludar a los que siempre han estado últimamente. Me estaban esperando con unos ricos snacks con bebidas y a penas me vieron se pararon a abrazarme.
Me preguntaban como estaba, que tal el viaje, que hicimos, a donde fuimos, entre otras cosas, justo cuando Justin y mi papá entraron con las maletas. Mientras él los saludaba yo buscaba los recuerdos que les trajimos a todos y comencé a repartirlos, eran cosas pequeñas pero de algo valían y eran muy bonitos.
–Marianne, no debiste –habló Cait- quizás cuanto te salió todo esto –me miró-
–Sólo quiero regalonearlos –reí- Ya los compré así que no digan nada –Justin se acercó-
–Yo sigo, están tocando la puerta –susurró en mi oído y besó mi pelo-
Mientras caminaba a la puerta, tomé mi pelo con una liga y me puse un suéter delgado. Antes de abrir noté que había una carta, quizás eso era lo que venían a dejar así que sólo la tomé y la deje en la mesa, sólo quería disfrutar con mis amigos.
–¿Quién era?
–Dejaron una carta, pero la dejé por allá… después veo de que se trata –sonreí- Y, ¿Qué haremos hoy?
–Deberías descansar –dijo Benjamin- Acabas de llegar de un largo viaje
–Pero los extrañe mucho –susurré-
–Y nosotros a ti –sonrió Ryan- pero Benjamín tiene razón, nosotros podemos venir o juntarnos cuando queramos, pero ahora, ve –me ordenó-
–Nos podemos ver cuando quieras –me abrazó Cassie-
–Está bien –susurré- Pero me deben una –reí-
–Que descanses –hablaron al mismo tiempo-
–¡Los quiero mucho! –sonreí-
–Yo voy contigo para asegurarme que estés bien, después me iré a casa –Justin tomó mi mano y subimos-
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La Historia de Marianne Bowen
Teen FictionJoven y soñadora detrás de ése escudo sobreprotector que ha llevado por 2 años. Escudo que ha creado la gente y la ha hecho creer mentiras. Marianne Bowen, 17 años, depresiva. Así es como la linda chica se autodenomina ante la red social Tumblr. No...
