"Respira hondo, vamos. Todo saldrá bien" Me repetía a mí misma tantas veces que ya hasta perdía el propósito de las palabras, caminaba por un camino de baldosas de terracota que iban en dirección hacia las puertas de la universidad en la que ya había estado anteriormente para inscribirme. El clima era algo cálido para mi gusto, siempre amé usar centenares de suéteres en lugares tan transitados, era mi capricho desde niña. Temo que no podré hacerlo aquí.
Obtuve mi horario, se ve simple, nada fuera de lo común. Al llegar al aula sólo veo pura muchedumbre a mi alrededor, los de siempre: el ''deportista'', la niña de papá, el listillo y los demás.
— Un placer, Nathan Crane.— Tras unos segundos dudé de que me hablaba a mí, fue cuando todas las miradas se dirigían a mi dirección como si yo fuese un mono de feria, ya me quedó claro que se refería a mi. Volteé con las mejores intenciones de no parecer mala gente.
— Celiine Maddison.— Dije a secas.
— Auch, qué dura.— Yo hice como si hablara con la pared, ignorando por completo si él seguía existiendo o no. Definitivamente su presencia me sofocaba.
El chico frunció el ceño en señal de desprecio y se largó después de golpear la mesa con fuerza. Mi reacción fue la misma. ¿Por quién me toma este imbécil? Levanto las mangas de mi remera y me le enfrento. Él me miraba de forma desafiante, todas las miradas se dirigían hacia nosotros, envolviéndonos en una especie de esfera donde cualquier acción causaría una reacción de asombro. Mis hombros se tensaban, quería partirle la boca a ese chico en 3 partes, no sé qué piensa él pero yo debo ser más rápida. Sin pensarlo dos veces subí la mano con fiereza y le di una bofetada lo bastante fuerte como para girar su cabeza a un lado.
— Que sea la primera y última vez que hagas eso cerca de mí. Es más. No te quiero ver ni en pintura, ''chico malo'', si por ser nueva crees que iré de rositas con la gente... Te equivocaste, niñato de mier-- — Mi discurso reconfortante fue interrumpido por el profesor, parece no haberse enterado de nada. No sé si eso sea bueno o malo para mí.
— Profesor, esta niña me ha golpeado.—
Parece que es malo. Decidí callarme y esperar la reacción del mismo. Por alguna extraña razón sabía lo que hacía. Me hierve la sangre.
— Señor Crane, ¿puede por favor tomar asiento?— Sonreí de forma malvada al oír al profesor, volteé a ver al chico como toda una ganadora y me senté en mi lugar como si nada. Él hizo lo mismo pero bastante enojado. Así que sólo me dediqué a la clase durante el resto de la tarde.
No hice ningún amigo, sin embargo noté que varias miradas se dirigían a mí en ocasiones tanto masculinas como femeninas pero yo no le di atención. Sonó el timbre, acabó el día. Tomé mis cosas y cuando estaba a punto de irme, entre la multitud cayó un sobre. Lo tomé y al estar afuera lo tiré a la papelera que estaba en la esquina de la cerca y me fui a mi casa sin voltear hacia atrás.
— No me apetece tener amistades con nadie.— Me dije a mi misma.
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Colores
Teen FictionCada persona tiene su propio secreto que contar u ocultar. Nadie puede negarlo, y si lo niega, miente. Todos tenemos nuestros más profundos secretos a boca cerrada, desde lo más profundo hasta lo más insignificante. Esos momentos, esos pensamientos...
