Caroline
Golpe tras golpe sonaba en la puerta principal del apartamento.
Al escuchar los golpes, me revolví dentro de las sabanas de mi cama. Me quede unos largos minutos acostada hasta que los golpes se hacían más intensos.
Me siento al borde de la cama somnolienta y grito
-¡Ya va!- poniendo las pantuflas en mis pies, camine lejos de mi habitación, cruzando la cocina, el comedor, luego en el living estuve a punto de chocar contra el sillón y la mesa de café.
Los golpes habían cesado, y abriendo la puerta se deja ver al cartero.
Un chico joven, de estatura baja y cabello revuelto.
-¡Buen día! ¿Es usted Caroline Mayer?
Asiento con mi cabeza, mi mano derecha quitando las lagañas de mis ojos lo miro seriamente.
-Si... lamento haberla despertado señorita, firme aquí por favor.
Me tiende su mano donde había una planilla, y en la otra me presta una lapicera, la tomo y firmo.
-Aquí tiene su paquete, ¡que tenga un buen día!
Me dedica una sonrisa de niño inocente, le devuelvo una sonrisa sin mostrar mis dientes.
-Gracias, igualmente.
Entro al departamento, tiro el paquete a la mesita de café, y dejo mi cuerpo caer en el sofá grande.
Me dedique a cerrar mis ojitos una vez más, pero esto no duro mucho porque mi celular empezó a sonar desde mi habitación.
La canción de hakuna matata invadió todo mi departamento.
Me levanto exaltada y corro hasta el, al mirar el identificador se me es imposible no curvar una sonrisa.
-¡Hola!
-¿Cómo que un simple "Hola"?- grita mi amiga desde el otro lado.
-Ya no seas dramática, ¿qué pasó cariño?
-Adivina quien tiene una entrevista de modelaje esta semana en New York
Agudiza su voz a medida que habla.
-Pues- no me deja terminar de hablar.
-Si yo mi amor, así que dé mientras lamento tener que informarte que voy a tener que quedarme contigo hasta que consiga un lugar donde vivir.
Kristen era de esas personas con personalidad de "líder", lo que ella decía, se hacía. No me quedaba otra opción que no fuera Si, aunque en realidad nunca me molestaría su presencia dentro de mi espacio.
-Oye oye espera, Queridísima Carol ¿me permites quedarme contigo hasta que consiga un lugar donde vivir?, sabes creo que te falto esa parte- bromeo y las dos reímos.
-Ya pero en serio, ¿puedo ir?
-Pues claro, estamos iguales, yo esta semana estoy llena de entrevistas y necesitare a alguien con quien llorar cuando me rechacen...
Digo caminando por todo el cuarto.
-Vamos cariño, presiento que si conseguirás algo!, sobre mi llegada, estaré mañana a las cuatro de la tarde con mis maletas en tu puerta, ni se te ocurra desaparecerte por ahí, como lo hacías antes!
Me regaña aun estando a km de mí.
-Si si si, chau nos vemos mañana te quiero besito.
No la dejo responder y corte la llamada.
Domingo por la tarde, y yo sigo tirada en mi cama. Todo el apartamento afortunadamente lo había arreglado ayer.
Mi estómago comienza a rugir, eso solo puede significar una cosa, tengo hambre. Me levanto y voy hasta la cocina, aun en pijamas. Abro la heladera, nada. Totalmente vacío, se me olvido hacer las compras ayer, mierda.
Corro hasta mi dormitorio y abro el guardarropa, tomo las primeras prendas para salir a algún lugar de comida rápida.
Ya pronta, paso por el living y agarro las llaves.
El día estaba precioso, había tomado un atajo que casualmente cruzaba un parque lleno de árboles y césped, había niños y parejas sentados en algunas bancas. Las aves cantaban, y la brisa del verano se hacía presente.
Rápidamente llegue a mi lugar de comida favorito, el Sr. Morris.
Cuando me mude hace una semana, recorriendo este fue el primer lugar que me tope cuando tenía mucha hambre, desde que probé su comida no ha sido necesario ir a otros lugares.
Entrando al lugar, no había mucha gente, me acerque al mostrador.
-¡Buenas tardes Carol!
Me sonríe el Sr. Morris, es un hombre avejentado, pasado de peso y de estatura media, es pelón y con una sonrisa amplia. Como vine muy seguido, ya tomamos algo de confianza y nos tratáramos como si nos conociéramos hace mucho.
-Buenas Sr. Morris, quiero algo para almorzar, la especialidad de la casa por favor.
El asiente sonriendo y yo busco un lugar donde sentarme, encuentro una mesa con un ventanal a la izquierda.
Frente al local se encontraba una fuente de agua mediana, estaba llena de pájaros, me perdí observando con cuidado lo que hacían.
-Carol, le traje su pedido.
Dice dejando el plato frente a mí.
-Muchas gracias- respondo sonriente.
Al rato, entran dos personas curiosas a mi vista. Era una mujer ya de edad mayor, pero no era una anciana aun, posiblemente llegara a los 50 años y junto a ella un hombre alto vistiendo elegantemente un traje, y portaba un maletín. Me les quede observando. Ese hombre al parecer era el acompañante de la mujer, los dos hicieron su pedido y emprendieron camino hacia la mesa que quedaba detrás de mí. Cuando caminaron frente a mí, la señora me sonrió dulcemente mientras que el hombre me dedico una mirada fría e inexpresiva.
¡Que antipático!
Mientras terminaba de comer, mi celular comenzó a sonar.
Hakuna matata, una forma de ser, Hakuna matata nada que temer...
Seguía y seguía sonando, no lo encontraba en ninguno de mis bolsillos de mi pantalón, pero al mirar al suelo junto a mi silla, allí estaba.
Debe haberse caído.
Lo tomo y contesto rápido.
-¿Hola?
-Hola prima, ¿cómo estás?
-Josh, bien ¿y tú?
-Bien, ¿Cómo vas con esa ciudad tan urbana?
-Bien, esta semana me toca salir por las calles a sobrevivir-bromeo- escucha, ¿cómo...como esta mama?
-Ella está bien, me pregunto si habías recibido su paquete.
Oh mierda, lo olvide.
-Ammh si si lo recibí esta mañana.
-Bueno, por lo visto aun no lo has abierto-ríe- te dejo, suerte esta semana, estoy seguro de que encontraras algo, ¡beso!
-Gracias, te quiero beso a los dos.
Cuelgo el celular y lo dejo sobre la mesa.
Detrás de mí se siente el murmuro de la voz de la señora, eran los únicos sentados allí.
-Esa canción me hace acordar a cuando tú la cantabas todo el día en la oficina.
-Si madre, pero eso fue hace mucho tiempo.
-Que lastima, te veías tan bien cantándola, ahora pasas con cara de amargura en tu oficina, trabajo y más trabajo.
-No sé porque quisiste venir a este lugar tan baratija, podríamos estar almorzando en lugares más lujosos que esta pocilga.
-Cállate Anthony, a veces las mejores cosas se encuentran en los lugares más sencillos, espero que algún día entiendas lo que es eso mi niño.
Su conversación se oía interesante, pero ya había terminado mi comida e iba pagar.
-Bien Carol, son cuarenta dólares
-Bien aquí tienes-le di sesenta- conserva el cambio Morris.
-Muchas gracias, que disfrute el resto del día señorita.
No le doy una respuesta, solo sonrió mostrando mis blancos dientes.
Al levantarme, miro hacia donde estaban el hombre y su respectiva madre. Y me enconcontre con su mirada, ella no me quitaba los ojos de encima y sonreía. Así que le devolví la sonrisa educadamente y salí del local.
Cuando llegue al apartamento, lo primero que atine a hacer fue a terminar el resto del día mirando televisión.
- Mírame cuando te hablo Carol.-Estaba asustada, sólo quería correr y alejarme de él.
STAI LEGGENDO
Ella es mi ¿secretaria?©
Storie d'AmoreCaroline decide mudarse a New York, convencida de que este acto la ayudara a olvidar su oscuro pasado. Ella sola frente a la gran ciudad, la suerte jugo de su lado permitiendo que consiguiera trabajo en una de las mas importantes empresas de allí, c...
