Memorias

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"Descubrir tu pasado puede evitar que tropieces" eso nos decía el maestro de historia en secundaria. Recuerdo que ese día enrollaba nerviosamente una revista sobre películas. Era un maestro reservado y vestía bien. Tal día se enfocó en el tema de la Segunda Guerra Mundial.

Al principio el tema se escuchaba interesante, en algunas pausas el maestro tartamudeaba y perdía el sentido del tiempo. Sostenía en su puño algún tipo de colgante de color plateado, su vista se veía cansada y desorientada. Tenía la mente en otro asunto pero a la vez hacía un esfuerzo para no perderse en el presente.

El ambiente se volvió incómodo, se arrepintió y se sentó en su silla sin decir nada más. Comenzó a leer la revista que había enrollado previamente. Mientras tanto, no lejos de mí, los compañeros comenzaban a llamarlo "holgazán", las chicas no se quedaban atrás y murmuraban cualquier cosa.

Pero lo que no notaban era que el maestro se encontraba en una especie de trance. Egoístamente después de terminar sus quejas y murmullos comenzaron a carcajearse de algún defecto que el maestro se cargaba.

Luego de un momento, el maestro se paró estrepitosamente de su asiento callando a la clase, el silencio reinó por unos cuántos segundos que tardó en apuntar con marcador rojo la actividad en el pizarrón. Luego de guardar sus pertenencias, simplemente se marchó dando altas zancadas. Desde ese día no se supo más de él.

Me sentí indiferente y no hice nada, pero de alguna manera es algo que aún guardo en mi memoria, la manera en la que vi actuar a aquellas personas me pareció insolente, pero al final yo terminaba siendo también parte de ello.

En esa época solo tenía trece años, era joven. Recuerdo que desayunaba cereal con malvaviscos de colores antes de ir al colegio, el cual no era tanto de mi agrado, puesto que cuando me terminaba los malvaviscos lo restante sabía a cartón mojado . De bocadillo en los recreos compraba siempre empaques de galletas de queso con forma de pez.

En algún momento de mi vida cometí muchas equivocaciones y a veces reflexionaba con que el ser humano seguiría cometiendo los mismos errores una y otra, de distintas maneras, en distintas circunstancias, un bucle de errores sinfín. Era una aberración que desde esa edad pensara de manera tan pesimista y sin ningún propósito. Los adultos decían que era debido a la adolescencia, los de mi edad en cambio me decían que no me tomara las cosas en serio, que fuera feliz y sonriera a la vida.

Arrepintiéndome de mi mismo solo pensé en lo próximo que haría para cambiar. Tenía 17 años para ese entonces, había comenzado un nuevo escalón educativo. Me sentía extraño y con una pizca de esperanzas en poder reincorporarme y ser alguien de bien. No podía ir en contra de mis pensamientos, pero tampoco podía inferir en lo que la gente pensaba sobre mí. No sabía en quién me convertía.

Al regresar de la escuela noté una imagen junto a un texto que hablaba sobre un taller de actuación y danza. Lo vi como una oportunidad de construirme personalmente, de encontrar algún pasatiempo. Canalizando la mayoría de opiniones que inundaban mi pensamiento, me decidí a probar ese taller.

Llegando a casa lo comenté con mis padres, ellos solo asintieron diciendo "Sí eso es lo que quieres, eres libre de hacerlo". Al día siguiente me compraron un pastel de zanahoria para festejar a que me decidí a hacer un pequeño "cambio" en mi vida.

Recuerdo que ese día justamente fue el último hace un año en ver a mi maestro de historia. Sumergido en aquellos recuerdos y teniendo la reacción de su cara en mi mente, me tropecé con mi zapato izquierdo lo cual me hizo entrar en la realidad.

Había estado ansioso porque ese mismo día fui al taller de actuación. Al llegar la ambientación captó mi interés. Era una especie de fiesta de bienvenida, con adornos de la noche de brujas, estábamos cerca del 31 de Octubre. Había globos con adornos o estampados de calaveras y calabazas con caras terroríficas, también una mesa de aperitivos.

En el escenario había esqueletos y demás adornos, caras graciosas y espeluznantes, gente con máscaras de distintos monstruos o personajes de películas de terror clásicas. El escenario estaba preparado para una pequeña obra de terror. Lo próximo que recuerdo es que me dijeron que me disfrazara. Así, ensayamos la coreografía, también bailamos y otra parte la actuamos.

Hacia el papel del personaje que fallece debido a que un coche lo había alcanzado en una noche con mucha niebla. En la obra me habían dado vértigos la noche que fui atropellado. La parte secreta es que había sido infectado por un virus que pasaba a las personas cerca mío. Fue algo entretenida, sentí que formé parte de algo y me metí de lleno en mi papel.

Con las luces psicodélicas las personas de la ya terminada obra comenzaron a reír y a bailar, empezaba a ser totalmente una fiesta, la música también sonó. Lo primero que sentí fue que era observado desde lejos, no podía saber de dónde me veían, las luces de colores parpadeaban haciendo que se me complicara ver bien.

Me prohibí a mi mismo que siguiera pensando en que alguien me acosaba, pero muy en el fondo había algún ser o persona que me miraba, lo sentía. Al notar que las luces se encendían la primer cosa que vi fue a una chica recargada en la blanca pared del fondo, portaba un vestido de flores beige, próximo a ella había una pintura de algún icono religioso.

Después me di cuenta que su pelo era largo y café oscuro, tenía la tez pálida. Inevitablemente me venía acercando a pasos torpes y lentos en reacción de querer verla con más precisión. Su mirada estaba clavada en mi, fija pero a la vez distante, como si en realidad estuviera pensando en algo más todo este tiempo.

Con su mano derecha sostenía una cruz de madera pintada con plateado. En cuanto notó que me acercaba hizo un gesto de miedo y dio altas zancadas para salir de ahí. En cuestión de parpadeos la vi alejándose y a dos personas disfrazadas de policías pasando y tapándome la vista del recorrido que ella hizo.

Pose mi atención en los conectores de luz que estaban en medio de la blanca pared, allí, justo allí ella estaba parada delante de ellos. Me acerqué a la pintura y vi que el nombre era justo el de mi maestro de historia, la había pintado él. Justo después la imagen de la cara de la chica, su reacción, sus ojos perdidos, la forma en que huía...

Todo eso me recordó a él. Una onda de tristeza me inundó cuando vi la fecha de muerte del autor de la pintura.

MemoriasWhere stories live. Discover now