Recuerdo esos sueños despiertos que tenía cuando era una niña, ¿tú, los recuerdas? Aquellos en los que yo estaba rodeada por un campo de margaritas silvestres, todas de un blanco tan puro, inmaculado y lleno de gracia; el cielo era un paisaje que deleitaba la visión de cualquier alma que lo viese; la frescura y tranquilidad que invadía mi ser era casi palpable...
La verdad es que extraño todos esos sueños que guardaba con cada fuerza que tenía, ahora, ya no existen, o bueno, existen, pero no de la forma material y significativa que yo deseaba.
Simplemente, las flores pierden ese color ante mis maltrechos ojos, todas se vuelven pálidas y lúgubres y eso ya no puedo detenerlo.
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Mis padres provenían de tierras lejanas, tanto que ya ni siquiera recuerdo el nombre —si alguna vez lo almacene en mi memoria—. Estaba acostumbrada al sonido de las cigarras, a las noches de luna y estrellas, a los días en los graneros y los huertos, pero lo que realmente amaba era pasear por horas en los bellos campos de flores de mi familia.
Recuerdo que en una ocasión salí a caminar, mi madre con sus ojos de color violeta me dio una mirada de advertencia de que no debía salir, pero obviamente, una niña no suele comportarse de acuerdo a lo que se espera, así que corrí directamente a los campos.
Las margaritas daban una apariencia etérea al lugar, me encantaba correr y botar algunos pétalos de sus flores, verlos volar con la brisa o hacer coronas de flores para mi mamá o papá, pero esta vez no pude porque un bulto más grande que yo y con el cabello pelirrojo me bloqueaba la vista.
—¿Te gustan las flores? —no podía verle el rostro, estaba a contraluz.
—Sí, en especial las margaritas, son bonitas.
Tomó mi mano y me llevó más adentro del campo. Nuestros pies pisaban algunas flores accidentalmente, hasta que pude ver su rostro porque nos sentamos un rato. Ojos amarillentos y una sonrisa con dientes y huecos entre ellos.
—¡Yo también!
Desde ese día nos hicimos amigos.
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Eramos un par de adolescentes tontos, yo estaba en mis catorce años y tú en los quince. Mi cara estaba llena de espinillas horrendas, mi cabello corto —en una muestra patética de mi rebelión de las modas de cabellos de "Rapunzel"—, usaba un suéter amarrado a la cintura y calcetas altas, era conocida en la escuela como: Niña margarita. Solían pensar que era rara, pero bueno, todos tenemos esa fase rara en nuestra adolescencia. Foxy pasaba inadvertido, jamás llamaba la atención, pero al pasar mucho tiempo conmigo, lo apodaron: "Niño margarita".
Recuerdo ese día, estaba practicando en el piano de la escuela una melodía que nunca me salía bien. Estaba muy triste, Foxy era novio de Marionette, desde niños yo estaba enamorada de él, pero parece que el sentimiento no era recíproco.
Era una canción llamada "Without you", mi maestra siempre me dijo que está canción jamás me saldría si no conocía la tristeza y bueno, en las teclas caían lágrimas y mis dedos se movían en perfecta sincronía, no fallaba ninguna. Pero mi corazón se estrujó dentro de mí.
Escuché el suave crujir de la puerta de la sala de música al abrirse, no observé al intruso, porque sabía quién era.
El olor del perfume de Foxy me seguía desde hace años, pero era algo tan natural, que me acostumbré a él. Simplemente se sentó a mi lado, no levanté mi triste mirada de las teclas lisas del piano.
KAMU SEDANG MEMBACA
El secreto de las flores ; Foxica
Fiksi PenggemarSiempre había soñado con esos campos de flores. Aquellas que estaban en los recuerdos de mi infancia. Y que nos acompañaban en nuestro amor ¿Quieres verlos conmigo? ⊙Foxica⊙ NO se permiten copias ni adaptaciones. Los personajes de la saga de videoju...
