Una obra de superación personal hecha a la medida de boludos como vos.
Cuando Catalina tenía 17 años sus padres se habían divorciado hace tiempo. Era la época en que los matrimonios eran felices por siempre, así que su hogar fue una pata mocha de la sociedad, sin embargo eso no la afectó mucho. Era una estudiante promedio, bueno la verdad es que en la adolescencia cada estudiante superior académicamente es un milagro de la naturaleza. Sin embargo Catalina era una niña hermosa, de nalgas redondas y cuenta bancaria adinerada; nótese en el orden de las cosas la prioridad de la existencia.
Vivía con su madre y 2 empleadas domesticas encargadas de cocinar y limpiar la orina de perro ¿hasta qué punto la orina de perro huele a la de humano? La señora de la casa, católica ferviente y de obsesiva con la pulcritud. Su habitación decorada con los títulos académicos que había ganado desde el colegio hasta el postgrado. Su título favorito siempre fue el de la universidad departamental, definitivamente el que más ceros le había costado.
Las empleadas, Marina y Adriana, la gorda y la flaca, la bajita y la alta, la no tan joven y la joven; atendían con cierto grado de pavor cada llamado de la señora jefa, corriendo con las rodillas juntas y diciendo:
-Señora si señora Daniela.
Tenemos muchas uñas delicadas en estos párrafos. Noviembre se acercaba con todas las ofertas navideñas de la calle; los almacenes estaban tapiados con nieve hecha de algodón, es lo mismo que una teta de plástico, no cumple todas las funciones pero da una imagen agradable. Comienzan las dos semanas de vacaciones de Adriana, ella irá muy feliz a ver televisión sobre un sofá café y moscas en la ventana. Es lunes y marina tiene que limpiar la orina de las mascotas, que ya le dio un tono amarillento a la baldosa del patio; también cocinar, planchar, barrer pelos de perro, pelos de jefes y responder '' señora si señora Daniela''.
Ahora hablemos de Cristian Benavides, ex esposo de la '' señora si señora Daniela'' no venía de una familia adinerada, pero con el tiempo, con trabajo moderadamente honesto y astucia logró amontonar algo más que unas monedas; cuando conoció a Daniela tenía 16 años, después de un tiempo, con trabajo, honestidad y astucia logró casarse con ella. Ya tenía 24 años para ese entonces, al poco tiempo nació Catalina. Conozco personas que se casaron solamente para tener sexo con permiso religioso, tal vez la religión también les prohíba demostrar algo de placer.
Era 13 de enero del 2000, el nuevo milenio gritaba el desarrollo tecnológico y el acercamiento inminente del apocalipsis climático. Como era costumbre Cristian salió desde temprano a trabajar, era dueño y fundador de una empresa de transporte. Prefería salir de casa antes que el sol saliera a fisgonearlo, y llegaba a casa ya bien entrada la noche. Llamaba la atención su bigote tamaño Adolf Hitler, durante todo el día se encargaba de verificar las solicitudes de sus conductores, los tiempos de las encomiendas y las rutas escolares a su cargo.
Era 13 de enero del 2000 y Daniela salía estrictamente, como todos los días durante horas a comprar zapatos, ir a misa y ojear revistas en la peluquería más cercana. Estuvo sentada 57 minutos en un sofá de cuero blanco, mientras alguien le pintaba las uñas de sus pies, dibujando un cielo estrellado mientras intentaba simular la calidad de Miguel Ángel, era un servicio bastante costoso, pero por supuesto vital para la supervivencia de la señora de Benavides, lo incomodo del asunto es que a esa hora del día el piso desprende un calor delicioso; las juntas entre los dedos de Daniela comenzaban a sudar y por supuesto la frente de la artista de uñas también.
Era 13 de enero del 2000, a las 7:30 de la mañana y el sol entraba por la ventana de Marina, sin embargo no la despertó la luz o el sonido de los pajaritos. La despertó un dolor de oído de su hijo Martin a la hora que aún no salía el sol. Recuerdo que mi hermano decía que el dolor de oído daba porque el sol entraba por esos huequitos y tostaba las tripas del cerebro.
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Razon De Ser
Short Storysuperacion personal, a la inversa. basado en varias historias de una vida real.
