La situación por la que me veo obligado a escribir es debido a los [otros] esas criaturas de ficción que en un tiempo nos entretuvieron. Nos hacían pasar las tardes hablando de las posibilidades de sobrevivir a tal apocalipsis, zombies, muertos vivientes, ellos tienen un sin fin de nombres pero decidí decirles los otros, porque al fin y al cabo son humanos que perdieron toda humanidad.
Al leer este diario no sabría anticipar mi futuro, ya que cada dia es un presente, nadie tiene su dia a dia comprado o seguro, pero tarde o temprano te acostumbras a dormir con esa sensación de tener la guillotina apuntando a tu cuello.
Decidí no poner ni fecha, ni lugar, tal vez le quite la importancia a estas palabras pero pase tanto tiempo tratando de seguir estirando cada dia, que perdi la nocion del espacio y tiempo, he caminado, he huido, corrí sin rumbo, tan lejos de mi hogar, de ese lugar donde me sentía a salvo del exterior, pero pido permiso lector para poder plasmar mi historia en estas hojas, contar desde mis humildes palabras lo que fue sucediendo.
Me llamo Alejandro Perez, naci en Argentina, crecí en la periferia de la gran capital en una villa de emergencia donde mi casa sostenía un aire acondicionado y realmente allí me sentía la única persona cuerda que escuchaba música acerca de diferentes sentimientos y el superar aquellas adversidades de la vida pero para englobar un poco el género era Rock, mi madre me veía como el aborto que salió mal, por eso mi infancia está plagada de miseria, hambre y cicatrices de cigarrillos apagados en la joven piel de un infante, para mi abuela era la luz de sus ojos y el joven más apuesto. Crecí con muerte a mi alrededor a los 15 años compañeros míos del primario ya eran padres y laburantes de lo ajeno, muchos murieron por peleas con otros malvivientes o simplemente una bala perdida de la policía.
Mi madre se ganaba la vida siendo tan promiscua, practicamente tenia un padrastro por semana, hasta que su hombre la dejara, aunque recuerdo que mi madre también se me insinuaba, pero todo terminó cuando mi padre se hizo presente después de tantos años en el anonimato, lo conocí, era un militar de las fuerzas navales siendo sus embarcaciones la razón de su ausencia, no dudé cuando me ofreció salir de ese lugar e ir a vivir en la parte mas acomodada de la capital, ahora si vivía en un lugar más civilizado, comencé mis estudios secundarios a los 17 años terminandolos 3 años después, gracias al gobierno que dio la oportunidad de aquellos que no tenía el secundario terminado lo pueda hacer en tan solo 2 o 3 años, luego entre en la facultad de medicina donde me había hecho de amigos con los mismos gustos raros que yo.
Tiempo después me enteré que mi madre se había suicidado y dejando a mi media hermana de 1 año en el desamparo, paso 1 semana completa llorando desconsoladamente mientras el cuerpo colgado de mama colgaba descomponiéndose, el presunto padre apareció llorando en el velatorio y reclamo a mi hermana como si de su propiedad se tratara, en ese tiempo la simple idea de imaginar cómo los gusanos se hacían un festín con el cuerpo de aquella mujer que me había dado la vida y criado. Mi ultimo recuerdo fue que mirando hacia el piso y con rabia le había dicho Te quiero antes de cerrar la puerta sin mirar hacia atrás. No podía pensar realmente bien las cosas, creo que jamas lo había podido hacer.
La verdad es que nací Rubio y con Heterocromia, teniendo un ojo dorado y el otro azul, el maltrato escolar era cosa del día a día, por ser diferente a todos ellos, al menos era el que más resaltaba, aunque era un fracaso con las mujeres, si bien en mi adolescencia era escuálido por la mala alimentación no puedo olvidar que cuando era niño era regordete ya que mi abuela justificaba mi sobrepeso con que tenía los huesos anchos, aunque carecía de extremidades el cuello, las rodillas y el codo era parte de uno, porque los niños deben crecer fuertes, pero con su muerte empezó a faltar los platos en la mesa, porque mi madre creía que si apostaba ganaría diez veces más, o que el alcohol le iba a borrar las penas, guerrera de la vida, me exigia respeto cuando el payaso que vende globos en la plaza sale del baño con la botella de vodka barato mezclado con jugo en polvo, o cuando se acostaba en mi cama ahogada en alcohol y me obligaba a hacerlo con ella porque no solo serian marcas de cigarrillos sino que sería más profundo.
Pero luego volví a la normalidad, al menos donde todo estaba bien, donde el mayor problema era que tipo de hamburguesa iba a elegir para comer, qué ropa me iba a poner para salir o a qué recital de música pesada iba a ir ver en el fin de semana.
Recuerdo que antes de que la infección se convierta en la pandemia, me juntaba a jugar con mis amigos de poca vida social a juegos de rol de diferentes temáticas, o simplemente a embriagarme olvidando el estrés de los parciales o que en unos días tenia que agarrar los resúmenes para preparar el final de Medicina o que tenía que hacer mil estudios para que me renueven el registro de tenencia y uso de armas de fuego que junto a mi padre teníamos para ir al tiro federal.
Los rumores de una posible invasión zombie se había dado en el 2015 aunque siempre fueron casos aislados y los justifican con sales de baño o drogas que supuestamente afectaba a una cierta región del cerebro. Pero nadie estaba preparado, me encontraba en una cadena de café, tratando de decodificar un libro de más de 1000 páginas, recuerdo haberme metido en las redes sociales a la mañana para ver que vídeo vería a la tarde tirado en mi cama, qué opinaba acerca de un juego nuevo que ese mismo día había salido para consola y a que hora se estrenaba el capitulo de Anime que tanto me gustaba, pero aun no era el mediodía que el grito ahogado de una mujer había llenado las calles de Capital Federal, las redes sociales colapsaron en cuestión de segundo, aquel Internet al cual habíamos depositamos nuestras vidas, había fallado a la hora de prevenirnos del peligro, las calles eran de color carmesí pero no era el típico que caminaba lento y solo se guiaba por el sonido, ellos podían verte, sentir tu presencia, correr si era necesario para enterrar sus dientes en tu cuerpo y contaminarte para que dejes de ser lo que eras, decidí reaccionar y huir de aquella pesadilla, aunque sabía que todo era real, las líneas telefónicas habían cedido ante los pedidos de auxilio, el noticiero se digno después de unas horas a informar por primera vez que el mundo estaba totalmente infectado, que se habían comenzado a perder comunicación con ciertos países hermanos, pero que nos quedemos en nuestras casas hasta que todo se calmara, que pronto nos informarán cuando las unidades de ayuda nos ayudarían, corrí hacia la armería que había un par de cuadras antes de mi casa pero ya estaba siendo saqueada, nos estábamos adentrando a la Anarquía, hasta que nuestros mandatarios se pongan de acuerdo el mundo se habría consumido en las cenizas, me uní al saqueo y logre robar algunas cosas de camping, algunas armas de fuego que sabía dónde estaban y munición, pero antes que un disparo al aire se produjera salí de aquella locura de gritos y arrebatos, coloque lo que pude en mi mochila y lo que no lo lleve como pude, realmente la desesperación había tomado mi cuerpo.
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Resistencia en vías de acero
Teen FictionNovela de zombies donde comienza a ser contada desde un cuaderno para conocer como empezó la verdadera historia. Un futuro post apocaliptico donde el día a día sera un regalo si la balanza de la vida esta a su favor
