Prólogo ♛

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Las manitas del pequeño seguían en el rostro de su padre que parecía no despertar tras la pelea. Con su poca fuerza había intentado empujar su cuerpo para que las llamas no les consumieran a ambos, pero no fue hasta que una alguien le ayudó, cuando consiguieron salir de allí.

Desde ese momento, el pequeño de ojos esmeralda no se separó de su padre, como si así pudiera protegerle de los guardias que allí se hallaban, y de un hombre en concreto, cuya espada estaba manchada aun de la sangre de su padre.

– ¡Fuera! N-no... ¡No toquéis a papá! – Gritó con todas sus fuerzas, pero no le escucharon, como si fuera invisible a sus ojos, aquel caballero con armadura más brillante dejó la espada a un lado y cerró los ojos del hombre que yacía en el suelo, como arrepentido de sus actos.

El pequeño no entendía aquello, ¿Por qué el hombre que había hecho a su padre dormir tan profundamente mostraba rasgos de arrepentimiento? No tenía sentido.

–Majestad, ¿Que debemos hacer? La aldea está completamente arrasada

– ¿Ningún superviviente más? -Comentó por primera vez aquel señor desconocido para el ojiverde, que aún estaba arrodillado frente al cuerpo, levantándose encarando al otro caballero con el que hablaba.

– Solo este niño y dos mujeres. Cuando ordene las llevaremos a Lykaness.

El niño pequeño chilló con fuerza haciendo que la conversación finalizara y toda su atención fuera puesta en aquella escena.

Dos de los caballeros que escoltaban al rey tiraban del cuerpo sin vida del padre del pequeño, mientras este chillaba y se abrazaba al pecho de su padre aun suplicando entre lágrimas que despertara.

El rey alzó la mano y los caballeros en seguida le soltaron y dieron algunos pasos hacia atrás.

– Déjenle, merece despedir a su padre, no podemos arrebatarle eso.

Pasaron los minutos y el niño había acabado rendido sobre el cuerpo de su padre, aun sollozando medio dormido, pero con las pocas fuerzas que le quedaban seguía susurrando que debía despertar y que le quería mucho, incluso un 'tengo miedo' pudo llegar a los oídos del monarca.

– ¿Majestad?

– Llévense a las prisioneras a Lykaness, al muchacho subidle a mi carruaje, vendrá con nosotros.

El pequeño dormía con la cabeza apoyada en las piernas de uno de los soldados, mientras se ponían en marcha, pero aún podía escuchar los gritos de su padre para que huyera, el 'te quiero' que se escapó de sus labios junto a su ultimo aliento, y como alguien gritaba su nombre, mientras le cargaban y le alejaban del lugar al que nunca mas podría llamar hogar.
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Hola💋 Bueno aquí esta el prólogo😄 Comentad y votad si os ha gustado, me gustará leer vuestra opinión.
L.

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