Los restos despues del sexo y la necesidad

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¿No saben que los malvados no heredarán el reino de Dios? ¡No se dejen engañar! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos sexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.


1 Corintios 6:9-10



Acostada en una muy desordenada cama, al lado de uno de sus clientes más gentiles o por lo menos así era con ella lo veía, pensaba en que más debería aprender para lograr su objetivo, ya tenía claro que no servía para más nada que no fuera ofrecer su cuerpo y una grata compañía; pero como todo en su vida, si iba hacer algo, lo haría en grande, en ese caso, si se vendía, no seria para cualquier tipo de persona ¡no!, seria para los más importantes.

- ¿En que piensas? -Le pregunta su cliente con la respiración más calmada después del acto sexual.

- En nada particular - Contesta ella mientras se pone de pie y busca su ropa pulcramente doblada en la mesa al lado de la cama.

- Si me separo de mi esposa, me casaría contigo - Murmuró el hombre mirando de reojo; el cuerpo esbelto de piel pálida, de unos 22 años como mucho, cabellos de un azul fantasía, ojos oscuro verdoso, manos delgadas y labios pequeños pero carnosos, no eran grandes rasgos que otras no tuvieran pero en ella se veía encantadoramente provocativo.

- Deja esa inocente idea, tu no harás eso; no te lo tomes a mal, no puedo ser tu esposa... de nadie, como mucho seria media esposa - Se excusa esta amarándose el cabello en una coleta, una vez terminada su cuidadosa pero rápida labor de vestirse.

- Nos veremos en 3 días, hasta pronto... Ruth- Se despide él aun sobre las mullidas sabanas.

Ella solo termina de acomodarse la ropa y sale sin causar algún tipo de ruido.


Con una falda negra por encima de la rodilla, unas medias altas, tacones negros de abrochar, una camisa de manga larga de color azul oscuro. En apariencia su rostro tenia fracciones un tanto infantiles y su cabello color azul acentuaba esos rasgos, era casi como ver un tierno ángel pero al abrir su boca se deformaba esa apariencia, caminaba con paso lento pero firme por las solitarias calles de la capital, por su mente no pasaba la posibilidad de ser robada, con su apariencia daba la información de cual era su ocupación y de que tipo de clientes tenia, para los del bajo mundo de la vida nocturna o vida fácil, era bien sabido que chicas como ella podían meterse en cualquier parte de la ciudad con total tranquilidad, ya que eran las consentidas de los altos mandos de la seguridad (tanto de la legal como la ilegal) además de ser buenas a la hora de avisar si alguien quería cobrar alguna deuda pendiente con alguno de sus patrones nadie debía hacerles tocarlas.

Una regla para estar en ese mundo era no tener un talón de Aquiles, ellas mejor que nadie comprendían lo peligroso que resultaba meterle sentimiento a la transacción del sexo, muchas cometían el error de enamorarse y por consecuencia les costaba la vida, ese era el mejor de los casos, algunos clientes se divertían rompiéndoles la ilusión del amor (también de forma literal les rompían varias cosas) a las inexpertas en el negoció, las que por azares de la vida no se enamoraban de sus clientes pero terminaban con una sorpresa no tan sorpresa nueve meses después nunca podrían aspirar a subir el nivel de clientes por ende quedaban condenadas a no ser más que trabajadoras de carretera o de un burdel de mala muerte. Ruth (como se hacia llamar esa noche) tenia unas cuantas reglas que no rompía desde que aprendió lo suficiente del negocio como para sobrevivir y eso mismo la habían posicionado como una de las trabajadoras sexuales más respetadas de la ciudad y de sus alrededores, eran simples o por lo menos para ella lo eran.

1. No enamorarse.


2. Nunca decir el nombre real.


3. Tratar al cliente con gentileza y ternura pero nunca amor ni lastima.


4. No revelar nada de lo que escuchas, te dicen, lo que haces, ni hacen ellos contigo, y mucho menos con quien lo haces.


5. No revelar nada de tu vida antes de tener este trabajo o sentir curiosidad por la vida de algún cliente.

La historia de su vida no fue extremadamente trágica pero las dificultades que paso en la adolecencia la hicieron irse de su casa cuando tenía solo 17 años, la idea de tener una educación mayor a la básica que pudo obtener al terminar la escuela se veía imposible en su hogar en donde probablemente buscaría un trabajo para que al final todo lo que ganara no se quedara mucho tiempo en sus manos, al no ver un mejor futuro, tomo la decisión de vender su cuerpo para sobrevivir lejos de su casa, los primeros meses paso hambre, abusos y demás penurias que la hicieron cuestionarse si fue buena idea pero ella se había prometido que una vez dejara atrás a su familia y amigos no regresaría sin importar nada, esa promesa la recordaría una noche en donde por inexperiencia tomo una calle equivocada y tres tipos la violaron, dejándola gravemente herida, por fortuna o desgracia una de las trabajadoras de un burdel cercano la encontró y apelando al reflejo de ella cuando comenzó, la ayudo evitando que muriera, la mujer de cabellera rubia, ojos azules, piel blanca, perfecta figura y labios alargados de un grosos que los hacía ver bien, le enseñó todo (o lo que ella había aprendido en la labor) lo que una acompañante debe saber para mantener, satisfacer y tener nueva clientela, su ''vida'' se comenzó a llamar vida desde el incidente y la costumbre de tener diferentes nombres nació de volver a emerger entre la carne y sonidos asquerosos que salían de los cerdos que la violaron, fue una manera de matar aquel suceso, con la que ella fue en ese momento.

Quien no canta por el dolor, no sabrá cantar por la dicha que produce la alegría.



Todo sucedió un dia de repente Stories to obsess over. Discover now