Mejores amigos para siempre (Dom)

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   Dom levantaba la novena jarra de sprutz de la noche. Las fuertes palmadas en la espalda que le propinaban sus amigos le derramaron gran cantidad de la bebida sobre la camisa blanca, pero la mancha se camufló rápidamente entre las demás quedando registrada en aquella especie de historial de consumiciones de seda. El mayordomo de la familia solía pedirle que controlase ese tipo de cosas, pero a Dom le habían dicho toda la vida que uno solo hace caso a sus empleados cuando no hacerlo va a afectar al bolsillo.

   Sin preocuparse por respirar empezó a beber largos tragos, y el sprutz caliente se le escurrió por las comisuras de los labios dejando tras él un reguero verde y pegajoso. Sus amigos rieron a su alrededor, igual de borrachos que él, y una nueva y vigorosa palmada le hizo escupir encima de sus botas nuevas. Una prenda menos para llevarse a la universidad.

   Aunque ver a Dom beber con su borboteante séquito era una estampa común en todos los bares del sistema, aquella noche el frenesí era aún mayor del habitual. El local más elitista de la galaxia y la calle a la que daba estaban llenos de jóvenes fumando, bebiendo, bailando y riendo a la salud de su admirado amigo, que abandonaba el planeta para formarse en la estación espacial universitaria. Un surtido grupo de chicas de todos los colores del arcoiris cuchicheaba cerca del homenajeado, haciéndole guiños y soltando risitas cuando captaban su atención.

   Dom se sentía infinito, inolvidable. Sabía que todas las personas ahí presentes le admiraban y le querían, y en su nublada ebriedad se preguntó cómo conseguiría manejar las enormes cantidades de correo que recibiría en el campus. Probablemente convencería a su familia para contratar a alguien que leyese todas las cartas y le enviase solo las más importantes.

      - ¡Otra ronda para mis amigos! - gritó alzando la jarra ya vacía.

      - ¡Viva Dominic Hydekar! - exclamó la masa. A él le encantaba ser aclamado. Cuando saliese de la universidad y se hiciese con la empresa de su padre, pagaría a una pequeña muchedumbre para que gritase su nombre en todo momento.

   La empresa de su padre..." Cuando uno lo piensa en frío es algo condenadamente enorme", se dijo. Aunque su padre por norma general rechazaba a las personas no humanas, recientemente se había visto obligado a contratar a un contable de Zoedia. Su fortuna había sobrepasado los límites abarcables por la mente humana. Por razones obvias, Dom no podía imaginar cómo sería tener tantísimo dinero y verlo crecer exponencialmente cada hora.

      - Te lo vas a pulir en alcohol, coches y casas que no necesitas. - la voz de su mejor amigo le sacó de sus pensamientos. Recibió el comentario con una carcajada.

      - Brrynggle, capullo, no te metas en mi cabeza. - que su padre no aprobase a las personas no humanas significaba que Dom haría todo lo posible para rodearse de trindallianas, vhorienses o en este caso, de esos malditos telépatas de Grindell que tanto escaseaban últimamente.

   Grindell, según sabía Dom, había sido un planeta importante, célebre por la habilidad diplomática de sus habitantes y vecino del anticuado Trindall, conocido por la belleza de su población femenina y sus bárbaras costumbres. Ambos planetas habían hecho un pacto fusionando sus poblaciones y órganos gubernamentales en un sorprendente planeta doble al que llamaron Grindall. La especialidad de Grindall era el turismo, y se les daba muy bien. Los telépatas de mayor poder recibían entrenamiento para proporcionar impresionantes viajes mentales y las chicas del antiguo Trindall eran recluidas en sórdidos burdeles al servicio de los clientes más adinerados.

   No tardaron en aparecer personas que consideraron injusta aquella división del trabajo, y un grupo de rebeldes trindallianos quemó un burdel prendiendo al mismo tiempo la llama de la revolución. Estalló una guerra civil cuyo nombre Dom no recordaba, Grindall se separó y el propio Imperio tomó el bando de Trindall, temeroso de un poder mental que no entendía. Los telépatas fueron perseguidos y exterminados casi en su totalidad. Las últimas colonias de los planetas neutrales habían regresado a Grindell hacía relativamente poco, pero algunos todavía no tenían el valor para hacerlo. Ese era el caso de su mejor amigo.

GrindellHikayelerin yaşadığı yer. Şimdi keşfedin