-¿Cuántas veces lo has intentado?
-No muchas. (Inhalo)- quizá dos o tres veces. (Exhalo)
-¿Es la primera vez que se lo cuentas a alguien?
-Sí. (Me inclino hacia atrás en la silla)
-¿Cuándo fue la última vez que lo sentiste?
-Hace dos días. (Me inclino hace adelante, apoyo mis manos en mis rodillas y la miro a los ojos).
-¿Te gustaría contarme que sentiste en ese momento?
-Sentí... un impulso. Me inducía a lanzarme. Vi la franja amarilla, lo cerca que estaba de las vías, que todo el dolor terminaría, no sentiría el golpe, todo se apagaría en un instante.
-¿Por qué no lo hiciste?
-Otra fuerza, opuesta, me empujó hacia atrás. Tan atrás como fuera seguro. (Cierro los ojos, recordando).
-¿Quieres hablar de las otras ocasiones?
-Sí. Sé que son frecuentes, pero ha pasado tanto tiempo que muchas se han esfumado junto a los recuerdos. Recuerdo algunas noches, impulsado por la angustia, que planificaba cada paso y método posible. Tenía plata para una pistola, las pastillas no me convencían, me daba vergüenza despertar y explicarles a todos lo que había hecho. (Abro los ojos y la miro).
-Ahí está de nuevo esa cara, que pones cada vez que reprimes a pena.
