Capitulo 1

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Capítulo 1

Respiraba con dificultad después de correr durante tanto tiempo. Sinceramente hubiera preferido transformarme o simplemente sacar mis alas y volar pero aquí, en las ciudades de los humanos, no, no era solo aquí, sino en todas partes donde habitaban los humanos, los sobrenaturales no eran bien recibidos a menos qué fueran a gastar dinero. Y dado a que estaba huyendo no era buena idea levantar sospechas porque llamarían a los esquirlas (los guardias más poderosos de los humanos pero no del todo humanos) y aunque podría ganarles de cualquier forma en más de mil maneras diferentes dudaba que en estos momentos pudiera hacerlo con una herida de más de ocho centímetros de profundidad en mi espalda y, dado que fue hecha mientras cambiaba de forma, la herida seria peor en mi otra piel, la verdadera.

Así que bajé más la capucha de mi capa oscura, sucia y robada, me encorve y salí de mi escondite en las sombras que mantenían oculto y camino a través de la calle principal abarrotada de humanos. Necesitaba salir de esa maldita cuidad humana y llegar a mi aldea para contarle todo a mis hermanos. Suspire. Si tan solo mamá estuviera aquí. Hice a un lado ese pensamiento y seguí caminando. Pero sabia que no lo lograría, al menos no con una herida como la que tenia en la espalda. Debía ir con un sanador o curandero o una bruja o un hechicero o, por lo menos, un médico humano pero de cualquier manera no podía hacerlo porque me descubrirían y me mandarían a los calabozos, mi única esperanza en estos momentos era un sanador humano que estaba en la otra punta de la ciudad y como sí el que me tomara todo el día llegar hasta allá no fuera demasiado complicado, debía agregarle el trabajo de encontrarlo pues aunque muchas razas sabían de él afuera aquí él era un traidor a su especie y muchos lo buscaban para darle muerte. Pero para las esquirlas y los humanos más pobres –según lo que había escuchado de él por otros– él era la única persona que los ayudaba si pedir nada a cambio y sin importar lo que eras. Y justo en estos momentos yo no tenia otra opción pues perdí todas mis monedas en la cacería de la que apenas salí con vida y por la que quede atestado aquí. Estaría muerto en poco tiempo si no lo encontraba lo antes posible.

Continúe caminando y robe un poco de fruta a mi paso y la comí tan rápido como podía para luego tomar más. Tenia hambre, ser yo no ayudaba mucho en este momento. Mi raza era voraz en la mayoría de los aspectos y la comida no era la excepción. Y fue justo nuestra voracidad la que hizo que expulsaran a mamá de su manada pero también fue gracias a eso que ella fundo nuestra aldea, nuestro hogar.

Paré en un callejón y me oculte en las sombras para poder acomodar mi improvisada venda. Estaba llena de sangre pero si la llegaba a tirar o le exprimiá la sangre para que estuviera más seca me encontrarían esos cazadores y me darían muerte. No por nada ya quedábamos muy pocos de nosotros; nuestras gruesas pieles eran realmente una mina de oro, al igual que nuestra sangre... Pensándolo bien, todo nuestro cuerpo era más valioso qué un maldito oasis a la mitad del desierto. Y era por eso que casi estábamos al borde de la extinción.

Mi hambre se desvaneció y con gemido de dolor continúe con mi camino. Esquive guardias normales, esquirlas, unos pocos sobrenaturales, cazadores y a los que parecían una amenaza por igual. Llegue a los barrios más pobres al anochecer, ese lugar era deprimente y sucio; apestaba a infinidad de cosas podridas y desechos de todo tipo, había charcos de líquidos sospechosos y también varios rincones que utilizaban de baños, en estos momentos mis desarrollados sentidos estaban en mi contra y solo hacían que me sintiera peor. No entendía como los humanos podían vivir en estas circunstancias, por no hablar de las casas que apenas podían mantenerse en pie.

Ahora entiendo porque no les cobra. Pensé. Realmente eran demasiado pobres si tenían qué vivir aquí. Me entendí al ver a varios niños jugando y riendo. Ellos podrían ayudarme, pero no tenia nada que darles. Rebusque en mis bolsillos pero solo tenia fruta robada y algunos dulces. Busque con la mirada al niño más hambriento que pudiera encontrar y lo suficientemente desesperado como para que me ayudará a cambio de lo poco que traía. Mi tiempo se estaba acabando pero justo cuando necesitaba de alguien, todos parecían retirase a dormir. Mirando el cielo me di cuenta de que ya era tarde, debían de ser pasadas las doce, pronto ya no habría nadie que me pudiera ayudar y el dormir aquí solo me causaría una infección.

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