Primavera.

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Un cálido sol les había sonreído aquella mañana provocando que la nieve comenzase a deshacerse bajo sus cuerpos. Nada más despertarse, ambas empezaron a preparar su macuto. La primavera había llegado y eso significaba que otro largo viaje les esperaba. Esta vez al Norte.

Las provisiones que albergaban no eran demasiadas, pues el invierno nunca fue buen aliado contra el hambre, pero estaban seguras de que hallarían agua y comida durante la marcha. No iban a ningún lugar concreto, solo andarían hacia el norte, más lejano y fresco. Con suerte encontrarían un sitio antes de que el calor las comiese. El verano se había vuelto duro desde el Syskót, pues el panel climático que había protegido el planeta de la dualidad estacional, se había apagado aquel día. Los veranos se habían convertido en fuegos que derretían la piel y los inviernos te congelaban los huesos. Pero existían pequeños periodos de un mes entre ambos -primavera y otoño-, que te permitían viajar a zonas más seguras. Al menos para sobrevivir un año más, puesto que el panel no era lo único que se había apagado.

—¿Te has inyectado la cápsula? —Preguntó una de las chicas mientras intentaba cerrar la mochila con todo lo que había conseguido meter en ella.

—Creo que puedo aguantar un día más —Respondió evitando el contacto visual con Alicia, recogiéndose el cabello en una trenza—. Se están acabando...

—Encontraremos más, no te preocupes, Mévil.

Dicho esto, Alicia se levantó y se acercó a ella mientras se cargaba la mochila en la espalda. Sacó una aguja envuelta en plástico de su bolsillo y una pequeña cápsula azul. Tras desenvolver la aguja, vertió el contenido de la cápsula dentro y lo inyectó con delicadeza en el hombro de Mévil. Esta no se quejó. Su piel, al igual que su pelo, era del color del coco, sin embargo, al contrario que la fruta, era más suave. Un contraste que siempre le había gustado.

—Tú llevas mucho más tiempo que yo sin consumir ninguna cápsula.

—Y ya no me queda pelo ni en las cejas -rió. Lo cierto era que intentaba mostrarse indiferente ante la pérdida de su cabello a pesar de que echara de menos su larga melena rubia.

—¿En serio me crees tan superficial como para ponerte en peligro solo por mantener el pelo?

Alicia sintió el impulso de acariciarle el cabello, deshacerle la trenza y enterrar sus dedos en ella, pero se contuvo. En cambio, le dio un golpecito en el hombro y se levantó.

—Debemos irnos.

La primera semana de viaje fue tranquila. Como otros años durante el invierno, habían decidido buscar el calor en la desierta Ciudad del Sur. Antiguamente estaba habitada por humanos, los edificios estaban diseñados para protegerlos de las grandes ventiscas que se sucedieron al apagón del panel y aunque no pudieron salvarles del calor del verano, ahora servía como una leve protección en los meses de invierno. La Ciudad era un lugar fácil de transitar y las gentes que por allí se movían no solían causar ningún problema. Al menos, no a ellas.

Sin embargo, a pesar de haber prometido lo contrario, Alicia no había conseguido encontrar más cápsulas. En los últimos tiempos se había complicado la búsqueda. La escasez se había vuelto una realidad para ellas.

—Quizás deberíamos desviarnos del camino habitual —apuntó Mévil.

—Eso es demasiado peligroso, acabaríamos adentrándonos en el Bosque Artificial.

El calor primaveral empezaba a alcanzarles. De los fríos suelos color blanco que días atrás habían adornado el paisaje, ya no quedaba nada, ni si quiera una leve humedad. Intentaban caminar al anochecer, cuando las temperaturas bajaban levemente y el sol les daba un descanso, pero aquella noche no había luna y caminar a oscuras solo las ralentizaría. Así que decidieron parar a beber y comer de lo poco que les quedaba.

Cuando el mundo se apagó.Stories to obsess over. Discover now