La casualidad hizo que gracias a "El fantasma de Canterville" de Oscar Wilde nos conociéramos. La costumbre de vernos en la secundaria hizo que nos hiciéramos amigos. Y el tiempo y la convivencia hizo que nos convirtiéramos en hermanos, aunque de diferentes padres, decíamos.
Jorge y yo éramos los mejores amigos que los demás hubieran visto. A todos lados íbamos juntos y nos metíamos hasta en los mismos problemas. Compartíamos los mismos gustos: bailar, la música, las caricaturas, los comics, videojuegos, leer, escuchar y contar relatos de terror y, sobre todo, los temas de ocultismo. Ambos éramos del signo de escorpión solo que él era un año 3 días más joven que yo. Y, por lo mismo, llegaban surgían rumores de un noviazgo, aunque no había nada.
Nuestra amistad, como todas tenía altibajos, pero no eran causados por mí, sino por lo impuntualidad de Jorge. Si íbamos a una tardeada y nos quedábamos de ver a las 5:30, él llegaba hasta las 5:45. Muchas veces por esperar a que pasara por mí llegábamos corriendo a la escuela pues ya casi timbraban para entrar a clases. No obstante, con el tiempo me fui acostumbrando a ese casi insignificante defecto.
Una vez, cuando la moda de esa época era hacerse mechones en el cabello, me acompañó a una estética para que me los pudieran hacer. Como yo soy de tez morena, escogí unos mechones rojizos pero que casi no se notaran y que con un peinado se me pudieran esconder. Pues resulta que la encargada le pidió de favor a Jorge, mientras yo me encontraba con el decolorante en el cabello, que le avisara a los quince minutos para que no se maltratara tanto y pues ella estaría en el local de enfrente cobrando un trabajo que hizo hace algunos días y que la señora se le había olvidado pagarle. Eran las 4:15 p.M. y él tendría que ir un poquito antes de las 4:30 para que fuera exactamente el tiempo que decía la estilista. Yo, confiando en su responsabilidad, me puse a leer una revista, de esas que hay en un salón de belleza. Cuando le pregunté la hora...¡resulta que ya eran las 4:55! Jorge salió corriendo a buscar a la muchacha y cuando llegó me pidió mil disculpas excusándose que la señora se había puesto a platicar y no la dejaba venir, pero ni atención le ponía ya que veía horrorizada como mis mechones eran de color rubio. De tanta pena, la chica ni siquiera me cobró. Recuerdo que me puse a llorar por todo el camino, mientras mi amigo no sabía ni como contentarme hasta que me dijo que mañana antes de las 6:30 estaría ahí con un rímel negro para ayudarme a ocultar mis mechones.
Pero nuevamente, se le olvidó y a escondidas y con ayuda de unas amigas pude pasar desapercibida a mi salón. Sin embargo, no faltó la típica chismosa que le dijera a la prefecta acerca de mi cabello, recordándole que estaban prohibidas esas modas.
Mientras me llevaban a la dirección, pude ver que desde el salón de 2°"D" Jorge me miraba con una cara de preocupación. También pude ver que de reojo que cuando me estaban regañando sobre lo que hice mi amigo entró corriendo a la prefectura y salió con algo escondido para dirigirse al baño.
Minutos después, cuando la subdirectora estaba marcando a mi casa para decirle a mi madre que viniera por mí, ya que mientras no trajera mi cabello nuevamente de color negro no me presentaría a la escuela, llegó mi amigo Jorge con la botella de agua oxigenada completamente vacía y su cabello se había vuelto rubio.
¡Si la sacan a ella...me sacan a mi también!-fue lo que dijo casi gritando mi amigo a la maestra, quién como era su consentido por ser un alumno ejemplar, trató de hacerlo desistir de la idea pero no lo consiguió.
Y así salimos los dos a nuestros salones a recoger nuestras cosas para retirarnos según el castigo.
Ese mismo día, una prima nos tiñó el cabello nuevamente de negro y al otro día entramos a la secundaria como si nada hubiera pasado.
En otra ocasión, cuando andaba "en mis días" ocurrió un accidente y manché mi falda, como yo no quería salir para que no me vieran y ya que le había pedido que le dijera a mi mamá que me trajera otro cambió de ropa y a mi amigo "se le olvidó decirle", de la nada llegó con unas pinturas "vinci" que le pidió al maestro de educación artística y manchó su pantalón de muchísimos colores al igual que ni falda. Así pudimos salir como si nada para nuestras casas.
