7:Un dia en la playa

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Este capítulo está dedicado a Betyhuerta... Muchísimas gracias por el mensaje, me alegraste el día...

Sus suaves y dulces manos se encuentran sobre mis labios. Lo miro con ojos acusadores y él rápidamente retira su mano como si estuviera arrepentido de.

-Ni se te ocurra decirlo - me susurra.

-Tú eres el que me dijo que lo gritara - le acuso. Hubo unos momentos de silencio hasta que sigo hablando - eres un cobarde.

-No soy un cobarde, sólo no quiero que se entere Tiffany que estoy contigo - me responde seguro de sí mismo. Significa que sólo me utilizó cuando no estaba su noviecita.

Suelto una risa sarcástica para que se de cuenta lo que está diciendo.

-Bueno, entonces te llamaré patán - le digo ahora sería. Él rápidamente pone los ojos en blanco.

-Eso no decías años atrás - me dice con una sonrisa socarrona. Me quedo en shock. No tenía que haber nombrado eso, no tenía porqué hacerlo.

-Eso fue hace años, tú lo dijiste - me cruzo de brazos y miro a otro punto que no sean sus ojos.

Se acerca a mí con sigilo quedando a muy pocos centímetros de que nuestros labios se junten.

-¿Aún no recuerdas todo lo que hacíamos juntos? - me pregunta. Ahora si lo miro a los ojos. Me intimidan con sólo mirarlos un segundo. Sus ojos verde zafiro me debilitan. Siempre lo han hecho. Por más que trato de votarlo no lo logro en ningún momento.

-Alex, estamos en el presente, no es tiempo de hablar del pasado - le respondo en un susurro todavía. Seguimos hablando en susurros a pesar de que nos escuche alguien.

-¿Eso crees? - me pregunta acercándose más a mi hasta que nuestras narices se tocan, se rozan el uno al otro. 'No ahora, no hagas esto ahora' pensé.

-Si, eso creo - digo un hilo de voz más que este susurro.

-No estoy seguro de eso - dice en el mismo lugar todavía. Cierro mis ojos con fuerza para que no como me siento. Cuando éramos pequeños, el con sólo mirarme a los ojos sabía como me sentía. Si triste, feliz o bien enojada.

Respiro profundamente por la nariz para responderle:

-Es mejor que te alejes de mi imbécil, si no quieres que te patee las bolas.

Alex no se mueve en ningún momento. Hasta qué abro los ojos. Se encuentra mirándome fijamente a mis ojos azules que por el momento, no se perciben.

-No lo voy a repetir - le digo.

-No te tengo miedo nena - me dice seductoramente. Lo miro con los ojos entrecerrados. Es un estúpido por decirme nena.

-Ya no soy la niña dulce que dejaste hace tiempo, mejor quítate de una buena vez imbécil - le susurro molesta. Comienza a reírse suavemente. Sin dejar de mirarme. En cambio yo lo hago de una forma matadora. 'Si las miradas mataran, él ya estaría más que enterrado' pienso. Mi conciencia comienza a reírse.

-No lo haré - responde entre risas.

-Te advertí - sin pensármelo dos veces doblo mi rodilla y le doy en su entrepierna. Rápidamente se agacha por instinto y comienza a sobarse en sus bolas.

Corro hacia la puerta y la abro. Tomo a Alex todavía agachado y lo arrastro hasta la puerta quedando en el pasillo.

-Que descanses, y sueña conmigo - le digo antes de cerrar la puerta de mi cuarto dejándolo con la palabra en la boca.

Me recargo en la puerta y me dejo arrastrar en toda la puerta hasta que mi trasero se encuentra en el piso junto con mis piernas. Suspiro indignada. ¿Por qué tenía que decir eso? ¿Por qué?

Te odio por amarte (suspendida)¡Lee esta historia GRATIS!