Vida... ¿Qué es la vida...? Llegamos solos y nos vamos solos, sin pena ni gracia en este valle de lágrimas bañados de sangre y dolor. Nos reciben con los brazos abiertos, bajo la atenta y fría mirada de la muerte que nos carcome el alma, esperando abalanzarse sobre su desvalida presa en el final de sus días.
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Infancia, gritos, heridas, reproches. Lo hacemos mal, gritan, "eres diferente" es el nombre del puñado de dagas que arremete contra ti la vida y el resto de penosos seres que nacieron primitivos: el fuerte vive, el débil muere. Se ríen de ti, de tus golpes en las piernas, los arañazos de tus brazos, todo es parte de la comedia de los burros. Entonces te miran con espanto cuando eres tú mismo el que te los provocas, pero luego le sigue una estruendosa carcajada. Todo es comedia, todo es entretenimiento para un puñado de peleles. Los adultos se lavan las manos, incluso tus propios padres. "Eres muy rar@, deberías ser como ellos, hazte su amigo". Y lloras, no te queda más que el consuelo de la cama y el ronroneo de tus arañazos.
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Adolescencia. ¿Qué es esto? Yo te lo diré. Si haces lo contrario a lo que todo el mundo hace, lo contrario a lo que la sociedad quiere, eres escoria. Lo ven como excusa para lacerarte la piel, para intentar cambiarte, para intentar (indirectamente) asesinarte. Tú tienes alas y ellos escopetas, eres una presa más, compinches cazadores de la muerte que intentan por todos los medios derribarte a tiros. Tus padres te gritan más, te reprochan más, "¿Qué hicimos mal contigo?", se defraudan, intentan no pensar en que la culpa es suya por no dedicarte amor y atención, descubren tus heridas, deciden llevarte al psicólogo y... Nada. Absolutamente nada. Ya eres un espectro, un caballero de la triste figura. No estás muerto, pero como si lo estuvieras. Te encierras en tu cuarto a oscuras, con tu rostro iluminado por la luz de un dispositivo electrónico lleno de personas que te aprecian como eres, reflejado en lágrimas de rabia. Esas personas curan tu alma, pero nunca llegarán a estar a tu lado para secarte las lágrimas. Cada vez buscas mayores formas de hacerte daño, controladas, discretas, pero liberadoras. Hallas tu consuelo en poemas de hombres muertos, relatos de Poe, dibujos o, si ya no te importa nada, las drogas. Y así continúas con tu existencia, saboreando la dulce tentativa de la ambrosía que es el suicidio. Algunos lo llegan a hacer para tener unas segundas alas, otros deciden quedarse en la tierra intentando volverse a pegar las plumas. Sea como sea, la vida sigue con o sin nosotros, pero el que decide quedarse lo hace para escupirle en la cara a la vida.
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Adultez joven. Te miran raro, la gente te tacha de inmadura por el simple hecho de odiar relacionarte. Siguen sus juicios, sus comentarios, sus reproches, pero no sus represalias. Intentas sacar algo de lo que el resto llama vida. Miras y miras al cielo, esperando que las estrellas te devuelvan todas aquellas plumas que te han sido arrancadas.
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Y sonríes, sonríes al sol, a la luna y las estrellas, mientras que tu atormentada alma llora por dentro. Pero eso nadie más lo sabe...
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Reflexiones desde el otro lado del suelo
SpiritüelEstas pequeñas reflexiones reflejan los últimos suspiros agónicos de una mente enferma de cordura que no desea más que abrir las alas y volar antes de que el mundo le arranque las alas con sus dientes
