Capítulo 1

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El primer día; La frase que más emociones causa en todo el mundo, emoción, paranoia, terror, felicidad. A mi en lo personal me causaba enojo. ¿Y por qué enojo? Simple, yo no quería un primer día. Como a muchos les habrá pasado alguna vez, mis padres decidieron que era buena idea cambiarme en el último año de secundaria. ¿Quién demonios le encontraba el sentido a que en el año más nostálgico y de mas unión de una generación rodearan a una persona con completos desconocidos? ¡Ah, claro! Mis padres...

Como sea, ya estaba aquí. En un colegio en el que ni siquiera había escogido estar, con personas con las cuales no quería pasar la mitad de mi día. De alguna forma tenía que sacarle provecho, tenía que de menos conocer a alguien. Empecé a echar un vistazo para ver si alguien de estas 35 personas valía la pena. Nadie. Llevaba 15 minutos haciendo garabatos en el mesabanco cuando la puerta se abrió.

-Perdón por la hora... ¿puedo pasar?- No me había dado cuenta que me había quedado anonadado hasta que el lápiz se cayó al suelo.

Parpadeé un par de veces y luego me di cuenta que había dos chicas viéndome, sentí como la cara se me ponía roja mientras recogía mi lápiz del suelo. No sé cuánto tiempo me quede viendo a aquel chico, pero era imposible dejar de ver algo que es hermoso. Alto, cabello oscuro, delgado, hermosos ojos castaños y una sonrisa que deslumbra a cualquiera.
¿Cómo no quedarme viendo a alguien como él?
Lo seguí con la mirada mientras caminaba hacia el hombre calvo de enfrente. No logré escuchar de lo que hablaban, y realmente no me interesaba, estaba demasiado entretenido viendo la manera en que acomodaba su cabello una y otra vez, y en como es que un mechón rebelde siempre caía sobre su frente cada una de las veces. Di un pequeño salto cuando vi que su mirada se cruzó con la mía, y me hice el tonto con mi cuaderno y mi lápiz. Después de unos segundos regresé la mirada y sentí decepción al no encontrarlo, pero antes de que pudiera voltear a buscar a ese castaño sentí como alguien tocaba mi hombro. Me quedé pasmado al ver que era él.

-Hola- me dedico una de sus hermosas sonrisas, yo me quedé helado un momento hasta que volvió a hablarme

-Eres nuevo ¿verdad? Yo soy Reynol ¿cómo te llamas?- dijo esperando mi respuesta.

-Fermín, me llamo Fermín- se me quedó viendo unos segundos y sentí como mi cara se volvió a ruborizar, aparte la mirada.
-No eres de aquí ¿cierto? Tu acento es diferente-

-No, soy de Venezuela- le dije mientras me re acomodaba mis lentes. Baje mis manos cerca de mis piernas y empecé a jugar con mis dedos. No se por qué estaba tan nervioso, solo era un chico ¿cierto?

-Y... ¿tienes novia?- Me quedé helado. Las manos me empezaron a sudar tanto que pensé que haría un río con estas.

-Eh... pues no, y... ¿y tu?- El señor calvo empezó a hablar antes de que me pudiera responder.

Las primeras cuatro horas del día pasaron más rápido de lo que pensé, no fueron las más divertidas, pero esperaba que fuera mucho más tedioso. Cuando llegó el receso estaba listo para tomar mi almuerzo e ir a merodear por el colegio, cuando derrepente Reynol (por Dios hasta su nombre es fantástico) se plantó frente a mi, acercó su cara tanto que por un momento pensé que me besaría (patético), sonrió en vez de hacer lo que pensé.

-¿Quieres que te dé un recorrido?-

-¿Qué?- Me sentí tan tonto, creo que fue la primera vez que entendí a esas personas que usan la expresión "trágame tierra".

-Sí, un recorrido por el colegió, enseñarte todo el lugar para que no te pierdas- Me limité a asentir solamente y a mirar a otro lado ya que si le sostenía la mirada, sentía como el calor se subía a mi cara. Cuando volví a levantar la mirada Reynol me veía con la cabeza de lado.

-Eres demasiado tímido- rió -Ven, vamos- Me tomó de la mano y me llevó casi corriendo afuera del salón. Después de que me tomara la mano no logre escuchar nada de lo que dijo, no supe nada de para qué era cada edificio y por qué demonios había tantas cafeterías.

Mirada ProhibidaOnde histórias criam vida. Descubra agora