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Te doy tu libertad... [Historia corta]

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LUCÍA

-¡Que linda mañana!- le dije a mi hermosa gatita Luna- ya vengo, voy a visitar a Sergio.

Tomé mi mochila con un par de cosas que capaz me hicieran falta, aún que no creo. Ana, mi suegra, tenía de todo. Salí afuera y pedí un taxi.

Sergio era mi novio, teníamos unos 3 años y medio juntos. Nos conocimos en la secundaria cuando el entró a mitad de segundo año, fuimos amigos por bastante tiempo. Era muy gracioso y a la vez muy serio, para el las cosas eran blancas o negras. De a poco me fui encariñando con el tacto de sus dulces manos sobre las mías, de sus ojos color miel mirando fijamente los míos. Nunca me lo imaginé como algo más que mi amigo. Pero en fin... sucedió. Dos años después de que nos conocimos, estábamos en clase y me pasó un papelito que decia: tengo que contarte algo urgente. Obviamente el se había transformado en mi mejor amigo, y me asusté un poco con el mensaje. A la salida de la escuela, el me acompañó hasta mi casa, como era lo habitual. Cuando llegamos el me miró fijamente a los ojos.

-Te quiero, eso era lo que necesitaba decirte- me confesó. Y a continuación tomó mi cara entre sus manos y me besó.

-Yo también te quiero- le dije cuando nos soltamos. Me había negado a aceptarlo hacía tiempo. Pero cuando se lo dije me sentí ligera, como si nos lo hubiéramos dicho miles de veces.

Y desde allí estamos juntos. No me arrepiento ni un sólo segundo de nuestra relación, hemos sufrido altibajos, peleas, etc. Pero a pesar de la tormenta acá seguimos.

-A la 6ta avenida por favor- le dije al conductor del taxi.

Me dediqué a observar como se habrían paso aquellas calles que un día me vieron crecer, caer, levantarme, sufrir, pero también vieron felicidad, emoción, y sobre todo... AMOR. Y que pronto ya no las vería más, ya me voy a estudiar fuera de la ciudad, Sergio viene conmigo. Aun que él estudiaría algo relacionado con la biología y yo con la literatura, quería que estuviéramos juntos. Me quedaban tres meses en la ciudad ya que me iría seis meses antes de que comenzará la Universidad. Para adaptarme y conseguir un trabajo.

-Señorita, hemos llegado- me anunció el conductor.

-Gracias, ¿Cuánto es?- le pregunté.

-€3.50- me respondió.

Le pasé un billete de €5 -Quedese con el vuelto- le dije y me bajé.

Llamé a puerta y me abrió Ana.

-¡Mari! Que alegría, pasá pasá- me dijo.

-Ana- la miré y le di un abrazo- traje esto para desayunar sé que te gustan igual que a mí.- le dije y le mostré la bolsa de P-S-F, dentro traía unas tarteletas de frambuesa y queso que sólo a ella y a mí nos gustan.

-Sergio aún no se ha despertado, ¿quieres que lo llame?- me preguntó.

-No, está bien. Ha estado estudiando mucho para los parciales que le faltan rendir, debe estar muy cansado- le dije.

-Tienes razón. ¿Entonces desayunamos tu y yo solas?- Me preguntó.

-¡Claro!- le respondí con una sonrisa y fui a calentar el agua.

Veía en aquella mujer todo lo que nunca tuve, y ahora comenzaba a tener. Mi madre me dejó cuando tenía apenas 4 años, se fue y me dejo con Carlos, mi padrastro, aunque no era su hija, el luchó por mi, me dio todo lo que necesitaba, comida, un techo, vestimenta y estudio. Lo apreciaba tanto por eso, a mis 16 años, el murió en un choque. Nunca había sentido un dolor tan grande como en aquel momento. Desde allí supe que tenia que aprender a sobrevivir. Conseguí trabajo de medio tiempo por la tarde, ya que en la mañana iba a la escuela, en una librería, que sinceramente me encantaba, tuve que mentir sobre mi edad pero no me importó.

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